viernes, 26 de febrero de 2010

Poemania Nº 234 - Mariana Bernárdez

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 234/2011



“Un poema debe tener el sonido correcto…

no me refiero al sonido como decoración

o elaboración, como ‘magia verbal’, sino

al sonido relacionado con lo que podría

denominarse la musculatura de la propia voz,

la verdadera cadencia con la que se avanza.”



Seamos Heany














Poeta invitada: MARIANA BERNÁRDEZ (*)








Desazonado el corazón

busca transparencia



Tanto tropiezo

deja su huella

templa intensidad

en arcos de piedra



Sendero de brisa



Beso último de la vida



cuando la Nada queda en el cuerpo.











Si el cuerpo pudiera sanar su fondo de arrecife

su revoloteo en mareo

el golpe de insomnio sólo sería cifra

para adivinar el rayo ajeno

de pan en la mesa



Si fuera ofrenda capaz de limpiar el olvido

musgo germinando sombra de orilla

dejaría de encontrar plumaje

entre los jazmines

y se iría andando por la vida.












Huir es adentrarse
cuando el verde inunda los ojos

y los tuyos ahondan en tallo

que no logro vislumbrar



Sonámbula y aterida

con mis sentidos hacia tu cuerpo

lleno la aridez de palabras

y del fulgor queda el sonido

perforando mi memoria diaria



Qué decirte de haber roto el ovillo

o de perder el olfato

o de no haber adivinado la calle

donde estarías



¿Será quizá la cadencia del cuerpo

lo que lleve a bailar a otros ríos

quemarse en cristales

cuyo estupor poco significan

cuando el destino de tu rostro

ilumina las ruinas?





















Que no me toque el aire

cuando el agua acuda en humo

y la noche arrulle el vientre

Que no me toque el fuego

en llanto del espejo oblicuo

cuando se agranden los pechos

Que el mundo sea hoja y filo

amparándonos hacia la luz.

























El cuerpo lumbre del alba





Desde mí

dejarse vencer por el endolerse del cuerpo

sin saberse ya carne, hueso o polvo

ser herida por donde el día es más que altura

y respirar en el primer latido del mundo



más que músculo rasgado o seno desterrado

lo que consuela desde lo íntimo

es saberse no sola entre los vivos y los muertos.









Desde los ojos

tener por certeza lo incierto

dulce el sabor de la luz al derretirse hacia el centro

todavía más miel el bosque que te resguarda

desde su propia mirada

porque sorprenden los colores que le fluyen

aún de guardarse entre sábanas

ahí donde se comienza por animar la tregua:

café de tierra

verdes indecibles

o negros abriendo chispa

todos acortando la distancia entre la respiración

cuando poco hay que entender

o cuando la necesidad de fluir hasta en la gota

es un dilatarse de la pupila en universo

que cobija el entramar de los vivos

que se pierden y se hallan

en cuestión de brevedad

por ejemplo

cuando los dedos se enlazan

o cuando arrullan la mejilla

haciendo sentir la chispa primaria del fuego.













Milagro el reírse

y sentir el aire recorriendo las cavernas del cuerpo

Biendime que sólo es posible salvarse en los demás

Biendíceme en la cadencia del pensamiento

que no necesita hilarse en voz

Bienpronúnciame que demasiado tremar es todo

para quedarse aterido en la estrechez



y nunca es demasiado ni suficiente

cuando se trata de palpitar en la vida



y confieso



poco humilde mantenerse en ella



con anhelo devorador.

















Es en el sopor entre el sueño y el despertar

cuando se tiende un hilo

abismo que pareciera no serlo

salvo en la cuchilla de la razón que separa y ordena

para sostener el alma de tanta quebradura incierta

Así se añoran los días sin angustia o el caer de la tarde

en abrevaderos de nubes

tras el humo

que ya no se canta

Demasiada luz en los ojos

estos ojos tuyos que podrían jurar que bailaron

alrededor del desierto

otras vidas

otros tiempos

tanto ser feliz y tanto serlo

para olvidar su resplandor en la piel.



















A veces el cuerpo recuerda

en un reconocerse hacia lo hondo

cuando se despoja de un pesar

que se acumula insignificante

y quisiera con su soplo recorrer

las almenas de otros ojos

los tuyos quizá de un almendro aún granate

resina de un árbol apenas intuido



¿a dónde van las raíces cuando huyen de la luz?



¿dónde se lava la culpa cuando se sabe

que no hay palabras que la limpien?



¿acaso no son las heridas las que van abriendo

la unidad del latido

y nos hacen cada vez más

fragmento astilla polvo carne hueso y músculo?



¿transparentes demasiado transparentes?



¿quién es lo suficientemente puro para borrar todo trazo?



Y es de noche

irrumpe el ruido infernal de una alarma



En el piso los zapatos dispersos

miro ese par que siempre quiero poner

como si al hacerlo

pudiera andar la vida de forma diferente.













Qué buscamos

cuando se anda en vuelo de verdad

porque la razón ha mucho llora aterida en nube

Tal vez se encuentren imágenes persistentes

llaves que no abren cerrojos

y que en su generosidad entreguen

la negación de respuesta

la certeza del asombro inmenso de respirar

Simple acto

la ventana

que espera un cuerpo

que mire tras de sí

la ciudad extendiéndose.
























Despertar: Alegría

Baile cuyos movimientos festejan cada milímetro de piel

y en la cama la sábana aguarda el suave desprendimiento

cerradura de entonces y para siempre

porque nada es suficiente para colmarse de vida...




























Del espasmo del abdomen

poco a poco recorrer el cuerpo

este músculo es mío

esta costilla

el gluteo y la redondez del vientre

Cuerpo ven

déjame anidarte otra vez

aún hay tanto beso esperándonos



déjame poblarte

que hay aliento en muchas montañas más.



















Extraños los círculos donde aparecen las manos

los dedos se enlazan

pues es en el tacto donde por vez primera

se reconocen quienes antes ya se sabían



Breve movimiento donde se actualiza la posibilidad

cuando los ojos se asombran ante la apertura de la tierra

o se recogen

en el aún más breve

pero intenso

roce de la piel.



















En el tacto pulsa

el ser de uno y del otro









y no querer escribir

por no decir lo tanto que se vive:

el paso del día

lentitud que no engaña

la presencia del derredor.

















Tocas mi cuerpo para regresarlo a lo nuestro

despierta la piel de su somnolencia

atemorizada de sentir dolor

se retrae en el roce de tus dedos

que suaves delinean

los contornos del goce que habita



Reclaman

hasta desbocarnos en ánimos oscuros



Se desganan

en el espasmo de las entrañas

en el llanto que arrecia cual monzón









Cuerpo, cuerpo mío, necesito de ti para estar.







(*) Mariana Bernárdez: nació en México, D.F. (México) en 1964. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad Anáhuac obteniendo el título de licenciatura con la tesis: La comunicación intersubjetiva en Ortega y Gasset, posteriormente realizó la maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana logrando el grado con la tesis: La teoría poética en "Cancionero y Romancero de Ausencias" de Miguel Hernández; y el doctorado con el trabajo de investigación: María Zambrano: acercamiento a una teoría poética de la aurora. Actualmente realiza estudios de postgrado por la misma universidad en filosofía. Algunos de los suplementos y revistas con los que ha colaborado son: El Semanario de Novedades, Macrópolis, Siempre, Blanco Móvil, Literal, Hojas de sal, La Jornada Semanal, Periódico de Poesía, Pasto Verde, Casa del Tiempo, entre otros. Su obra poética publicada: “Tiempo detenido” (edición de autor, 1987); “Desvelos quiméricos” (incluido en el libro colectivo Labrar en la tinta de Latina Imprenta Editorial, UAM y UNAM, 1988); “Rictus” (Colección Cuadernos del Nigromante del CNCA-INBA, UAM y Juan Pablos Editor, 1990); “Nostalgia de vuelo” (en la Colección Correo Menor de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa, 1991); “Luz derramada” (La Máquina Eléctrica Editorial, 1993); “Réquiem de una noche” (plaqueta, Colección La Hoja Murmurante, Editorial La Tinta de Alcatraz, 1993); “El agua del exilio” (Colección El Ala del Tigre, UNAM 1994); “Incunable” (Colección Molinos de Viento, Dirección de Difusión Cultural de la UAM, 1996); “Liturgia de águilas” (Colección José Yurrieta Valdés, Universidad Autónoma del Estado de México y Editorial La Tinta del Alcatraz, 2000); “Sombras del fuego” (Colección Punto Fino, coedición del IPN, Fundación Alejo Peralta y SEESIME, 2000); y “Alba de danza” (Colección la Otra Orilla, coedición de Enkidu Editores y Ediciones del lirio, 2000). Libros de ensayo publicados: María Zambrano: acercamiento a una poética de la aurora, México: Colección Alter Texto: Teoría y Crítica del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, 2004. La espesura del silencio, ganador de la convocatoria abierta en género de ensayo del Instituto Mexiquense de Cultura 2004, colección Cruce de Milenios, crónica de nuestros días. México, 2005. Bailando en el pretil, México: Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, 2007.

Poemania Nº 233 - Tatiana Olavarría

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 233/2011



“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”

Aristóteles










Poeta invitada: TATIANA OLAVARRIA (*)






Del libro “Estaciones del Paraíso”







POESIA


La cárcel de mis huesos
lleva atrapado
un pájaro que sueña.





PARAISO


Árbol frondoso
pleno de primaveras,
trepo ramas olorosas
me alimentan
tus frutos
y gimes
con mi hambre.









ESTRELLAS


El cielo
es el manto
acribillado
de la Tierra.
Por los agujeros
veo la luz
del Universo.









CIELO ADENTRO




Se ha cerrado el círculo
nada cabe
entre tu cuerpo y el mío.
Somos
otro planeta
navegando asombrados
cielo adentro.







PECADO ORIGINAL




Caigo de bruces
sobre tu territorio
crucificado mi cuerpo
a tu madero.
Inmóvil la muerte
lame
corteza de huesos.







ESPEJO




Con la punta de mi seno
dibujo un girasol
en medio de tu pecho, a hurtadillas,
entro por él
temblando.









SEDIENTA BOCA ABIERTA A LA LLOVIZNA




Peces deshojados
resbalan
por el arcoiris del sol
hasta mi lengua.











ALMENDRA JUGOSA




Introduzco
mi lengua en el fruto
su ovaladura
resbala
lenta
por mis manos,
me lleno la boca
de amargo
dulzor.







AHUYENTAMOS LA MUERTE

Un gallo aletea
al noreste anular
de tu sangre estrangulada;
recoges mi corazón
pendiente abajo
y nos vamos gozosos,
impuros,
alborotados
temblando
sollozantes,
sin ritos
ni misterios
ahuyentamos
la muerte.





MUERDO CERROJOS
Desato
las manecillas del reloj,
encierro en su esfera
la rutina.
Dejo escapar mis sueños
por todas las cerraduras
del día.






FLORES EN EL OJO DE LA LLUVIA

a Sola Sierra

Ellas bailan solas
entre sus pechos la ausencia muerde
marchitas flores
que nunca llegan a destino.

Bajo esa mirada triste
el sol desaparecido
esconde lágrimas gastadas.

En el gris murmullo
de la memoria.

Ellas bailan con la sombra
angustia apretujada entre los dientes,
retratos amarillean de domingos
en la plaza cercana
mientras el tiempo con su lluvia
dibuja estrellas ciegas
en los ojos
y las manos.







(*)Tatiana Olavaria Araya: nació en Chile, en 1949. Escritora, profesora normalista, gerontóloga. En sus actividades literarias he recorrido Chile de Norte a Sur, también ha visitado algunos países latinoamericanos invitada a leer sus trabajos de Cuento, Poesía y Dramaturgia. Participó en numerosos Encuentros de Escritores, Ferias del Libro, Mesas de Discusión sobre Cultura y Literatura, Dirección de Talleres Literarios. Organiza y dirige presentaciones de libros, lecturas de Poesía en la Sociedad de Escritores de Chile, Biblioteca Nacional, Institutos Culturales, etc. Ha gestionado la preparación, publicación y presentación de libros. Se le ha encargado la lectura de poesía de otros poetas, en la Sociedad de Escritores de Chile, Radios, Embajadas, Institutos Culturales, Bibliotecas, Colegios y Municipalidades. Participó como jurado en diversos certámenes. Su obra ha sido recogida en diversas antologías y revistas editadas en su país natal como Perú, México, Argentina, Brasil, Alemania.

Poemania Nº 232 - Héctor Berenguer

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 232/2011




“La primera tarea del hablado por la poesía ha sido nombrar las cosas, las cosas que no son las cosas sin las palabras. Pienso que el realmente hablado por la poesía es el que sigue y seguirá nombrando las cosas, es decir cambiándolas, transformándolas continuamente. La poesía es renovación, subversión permanente.

Ricardo Zalarayán








Poeta invitado: HÉCTOR BERENGUER (*)






PEQUEÑA PALABRA



La palabra

se inclina al abismo

y genera tierra firme,



después es el lado oculto

del silencio

hasta su alumbramiento.



Vivir es la vergüenza

del intruso

en la casa de un dios desconocido.









DARWINIANA





El hombre

es una ausencia

que sucede

a la par del hombre,

aunque a veces

todos lloramos

las mismas lágrimas.



La vida ocurre

como una eternidad vacía

y ya no hay lugar

para morir de ser humano

ni un hueco

para salir a tiempo

del incendio de la especie,

del ser un yo

cautivo

que lucha por ser otro

y desespera.











LA GAVIOTA



La gaviota cae

veloz de su sueño

en la redonda ola

llegada de tan lejos,

sin dirección ninguna.



Maravilloso movimiento

dentro del océano

de la quietud.











LOS DESTERRADOS





Un día

besaremos largamente

la tierra

después de tanta separación

tomaremos las viejas herramientas

olvidadas

algunas semillas esenciales

y los pocos animales

que hayan quedado.

Sin darnos cuenta

del tiempo transcurrido

de la larga travesía.

Del viejo yo

al nuevo que adviene

saldremos del arca.

Un nuevo hombre en un nuevo día.









MAÑANA DE OCTUBRE





¿Quién levantó mi cuerpo

esta mañana?



Lo sostuvo de la nada

contra la gravedad

como se yergue un árbol

de la tierra.



Alguien sin nombre

anduvo por allí,

por esas calles

tocando el cielo con mis manos,



abrió el abismo

como una puerta compartida,

entonces supe

que estuve cerca

de haberme conocido.









MUTACIONES





El agua quiere ser pez

el pez quiere volar y ser pájaro,

el pájaro quiere caminar y ser hombre,

el hombre quiere volar y ser dios.



Todas las cosas,

todos los seres

en algún momento

mudan su natural condición,

para ser otras.



De esta apasionada impaciencia

surge el mimetismo ancestral de la danza

y el canto ritual de la poesía,

jubilo y desgarramiento.













LLUVIA





La cosecha del agua

son estas palabras

deslumbradas,

mínima semillas

de la fiesta

que traspasan

toda noción de lo que somos

para unir en un instante

de inocencia

el cielo con la tierra.











MIRADA POÉTICA



A Armando Raúl Santillán





Ese mirar constante

al centro del dolor,

ese mirar desde la mortalidad

con ojos de hambre

fijos

en la suprema desnudez.

Nada nos cura de ese mirar

que nos ha herido de otra luz

que ya no conjura la palabra

pero penetra como el mago en la desolación,

y súbitamente hace posible

amar

en medio de la miseria humana.













TRAICION DE LOS ESPEJOS





Nadie es igual

ante un espejo.



Nos mira

fugaz,

la historia plural

de todo hombre.



Uno se inventa

ante sus múltiplos

y no se reconoce.



¿Habrá un lugar

donde construir

la propia ausencia?









ADVENIMIENTO DEL POEMA





Regresas inerme

ante el prodigio,

desaparece

toda noción de poder

sobre el lenguaje.

No hay otro milagro

que esa mónada de vida

que se abre

y que transcribes

disolviéndote

en lo que suceda,

hasta el fin

de las palabras.











(*) Héctor Berenguer: nació en la ciudad de Rosario (Santa Fe, Argentina) en 1948. Poeta y ensayista, ha publicado muchas de sus obras en revistas especializadas y antologías de distintas partes del mundo. Durante la década del ’60 incursionó en distintas revistas y publicaciones: “Grupo Literario 5”, “Runa”, entre otras. En los años ’70 durante la dictadura, compartió una experiencia de vida comunitaria rural dedicada al estudio y al trabajo. De su producción reciente en antologías, podemos citar “Café con letras” (Editorial Municipal de Rosario), “Poetas de Rosario: desde la otra orilla” (Editorial Granada literaria, Ayundamiento de Granada), entre otras. Editó los libros de poemas “Marcas del agua” (Editorial La Cachimba, 2001) y “Entre la nada y el asombro” (Editorial Linguafranca, 2007). Como gestor cultural ha desarrollado una amplia tarea, entre las cuales caben destacar: “Hermanamiento poético Granada/Rosario” (con el poeta granadino Pedro Enríquez); coordina el ciclo “Poesía en El Círculo” en el Teatro El Círculo de la ciudad de Rosario y la llamada “Semana de las letras y la lectura”, encuentro internacional y nacional de poesía. Reside en su ciudad natal.

Poemania Nº 231 - Bibi Albert

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 231/2011





“Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad,

para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales.”



Filippo Marinetti














Poeta invitada: BIBI ALBERT (*)









Confesión

¿Lo que mata… es la humedad?

Me gusta la humedad.
Hay como un sentimiento
palpitante en lo húmedo,
un aliento de vida.

Me gusta la humedad en las miradas,
me gusta la humedad entre los cuerpos
y la sal florecida en las axilas.
Me gusta la que pone
sonrisas en mi pelo.
Y en mi cara, que agradece
el suspiro de las nubes.
Me gusta la humedad en los hocicos.
Y en las cocinas
donde aplaude por horas
la tapa de la olla.
Me conmueven los besos buceadores,
los pies que no borraron su memoria de charcos,
los espejos que revelan corazones dibujados
y hasta la fauna misteriosa que odia al sol.
El olor a tierra. Los zapatos
que recién en la lluvia se convierten en míos.

Amo mi nunca a secas soledad.

Y más que nada amo
la humedad de tu voz.
De tu voz envolvedora, hospitalaria,
secreta, escandalosa,
procaz, desnudadora
por la que mi mano podría deslizarse
hasta encontrar el ancla de tus miedos de hombre.

Me gusta esa humedad.
Lo único que queda de nosotros.








Retrato

Tenías una boca tan frambuesa
que parecía paspada para siempre.
Y una frente orgullosa
harta de inconformismos.
Y unos ojos
en los que el mar cargaba transparencia.
Y unas manos de nido
en que posabas suave tu gesto majestuoso.
Tenías un abrazo inexpugnable.
Tenías un perdón
guardado en el bolsillo de la angustia
con pelusas de espera para siempre.
Y ningún sueño.
Y te dolía el parto de tu risa.

No sabías jugar
al juego de la vida.

Se te notaba el ruego
que nunca pronunciaste
porque no es distinguido
soñar felicidad.
Se te veía el aura
reclamando,
tirándote del pelo.








La cuna

La cuna no descansa.
Inicia su vaivén de barco viejo
cuando no le pesamos más que un gato
y no para jamás.

Se convierte en un tren,
en un caballo,
en sexo manso y loco.
Nos mantiene
en el latido de los días,
en el compás de los relojes y el planeta,
en el vibratto
que no deja al corazón
desafinar su insomnio
ni desmayar la flor de su vigilia.
Nos atropella cuando lo necesitamos,
es aerosilla que nos cruza el precipicio,
carro de vuelta al mundo
si queremos
ver hormiga al gigante de los miedos.

La cuna no descansa.
Y hasta sabe ser brazos
-los brazos de mamá-
cuando creemos
que ya no le cabemos a la cuna
color rosa merengue de la melancolía.

Allí, entre esos brazos de mamá
sin edad, sin preguntas,
que nos mecen y mecen
con ternura infinita y sin apuro,
con el perfecto ritmo del perfecto consuelo,
tenemos aquel mínimo peso del principio
aunque sobren las piernas desmañadas
y se nos caigan de la falda los errores.

Tenemos todavía, en esos brazos,
no importa si palpables o de nube,
permiso de llorar hasta agotarnos
y quedarnos dormidos arrullados
por esa cuna que jamás descansa.






Caos de corazones

Amordacemos a los profetas
no sea cosa que cada día uno de ellos prevenga
una apocalipsis nueva.
Theodosio Andrés Barrios

No sea cosa que el fin del mundo,
no sea cosa que otro planeta,
no sea cosa.
Predicciones de bolsillo se cumplieron:
futurólogos del miedo
que nos saben convencer por dos monedas
y así hacemos lo posible por que ocurra
lo que menos queremos,
masoquistas disfrazados de corderos.

Yo predigo que el amor todo lo puede
y no te cobro nada, ni un abrazo
(aunque mal no vendría).

El amor sí que sabe.
Solamente tenemos que abrir el corazón
para que funde en él,
como un carozo tierno,
la luna del encuentro
en que crezcamos.








Todo bien

Tranquila, vos tranquila.
“Las bendiciones han sido concedidas”.
Hay dos dedos de amor en cada copa.
Está servido el día y canta el viento.

Tranquila, vos tranquila.
El sol ya te encontró
y le gustó tu casa.
Está pintando todo de ternura
aunque cuartee barnices y destiña
los gatos colorados de tus sábanas.

Tus ojos saben todo.
Dejalos escribir en la ventana.








Alfonsina y el dar

Dónde estos dedos rojos de aferrar lo inasible.
Cuándo la voz transida de ángel roto.
Cómo esta memoria sin cintura y sin lunas.
Qué si de amor se trata lo que nada se trata.
Quién regodearse de verdades truncas.
Cuánto el color del manto de abrigar esperanzas,
las que no necesitan
-para dejar de tiritar sudores-
más que a la primavera de sombrero
para siempres y nuncas,
para todos y nadie,
para tanto y tan poco,
para aquí, justo aquí,
en el medio del lejos,
para esto y aquello y tan ajeno
que yo
no estoy
ni para mí,
avisale avisame
que no venga.






Hijos del rigor

Si somos todos hijos del rigor,
¿el rigor de quién es hijo?

Durante nueve años,
cada mañana el grito.
Hasta que decidí ser terrorista
y los dejé
con una bomba de silencio.

Se les ensordeció por siempre la sordera.
Se les descuartizó la prepotencia.
Y, como eran sólo eso,
para reconstruir el hecho
no quedó ni el olvido.

Y fue incondicional mi libertad.








Batelera

Suena afuera, suena adentro,
suena dibujándome,
suena en silencio y a todo lo que da.
Suena cuando sueno,
suena cuando duermo,
suena ahora que quiero
escribir el poema de la música que suena.

Es mi canción olvidada,
recordada siempre,
la primordial, la que me hacía
navegar en el kayak
de los brazos de mi abuela,
la que me columpiaba
dándome una vuelta entera,
la que me invitaba
a girar y girar hasta caerme,
la del tempo punto santa rosa
de las bufandas que nunca terminaba,
la que nunca se apaga,
la que me calla,
la que canto limpiando,
cocinando, caminando, en el espejo,
la que me despierta
despacito, despacito,
sabiendo que no es bueno zamarrearme,
la que nadie conoce,
la que quizás nunca existió,
la que es sueño del cuadro
de la infancia que invento,
la que es mía.






Deriva

Desanclada, sí, amigo.
Es ésa la palabra.
Ando sin hacer pie,
sin detenerme un poco
y afirmarme
para adueñarme del rumbo
y de mis velas, de mi viento.
Como si me hubieran
hachado la mirada.
Maniatado los brazos.
Arrancado las braquias
a babor y estribor.
Desanclada la fe,
que con su ser de tul tiene bastante.
Desanclado el amor
que hace la plancha
desangrándose
entre los tiburones del olvido.
Es que confundo el ancla con la cruz
y pesa tanto
que no sé revolearla
hasta enganchar la nube
que me lleve a esquiar
sobre el espejo
donde verme gigante, en perspectiva.
Y de ojos azules de horizonte.
Y de coral el corazón
custodiando el tesoro
que no encuentro,
del que no tengo mapa,
pero que nadie tocará
hasta que yo ancle en mí,
y gane el juego.






Manipular con cuidado

Durante años y años me llenaron
el pecho de medallas.
Todas decían lo mismo: vos sos fuerte.
Tantas fueron
que se me amalgamaron en escudo
con el que nunca hice la guerra pero sí el amor
y es difícil ir al frente sin batalla
y el amor con escudo sale pero no vuelve.

Sin embargo, ni el ejército del No pudo conmigo.
Nada fue bastante obstáculo. Ni hubo mar que no cruzara
dividiendo las aguas con mis botas de atlante
ni pregunta sin red que me asustara.

Valiente, soy valiente -me decía-, no fuerte.
No soy fuerte, mírenme cómo miro,
cómo gritan mis hombros, cómo anegan mi risa
estos ojos de arroyo saliéndose del cauce
como un potro de sal huyendo del azufre.

Y me tallé en paciencia.
Y me forjé en sentencias y aforismos.
Y fundé propia biblia.
Y oxidé las cadenas del puente levadizo
para no ser princesa cautiva de mí misma.
Y seguí caminando, a través del sadismo
de los vientos que empujan o tacklean.
Y de todo mi cuerpo
me quedé con la intemperie de mis manos,
que saben cargar plumas incendiadas,
ser manantiales tibios
y torcerse en turbantes de atenuar
los golpes incesantes de la pena.

Y fui feliz, pecado imperdonable.
Felicidad chiquita pero mía, mi obra,
mi magia de reconocimientos e inventarios.

Hasta que halló una hendija la venganza
de los light de corazón.
Y mi fragilidad -la que clamaba, la que nadie creyó
porque condecorarme era mucho más fácil que escucharme-,
dejó su rol de enagua y me mostró desnuda,
mis medallas mentidas arrancadas, violadas,
boomerangs afilados degollando la fábula,
desangrando el espejo,
incrustando mis rosas.

Ahora, rota, jadeando,
latiendo el equilibrio en que ando sin bordes,
soy el vértigo y el miedo y el peligro.
Y también el abismo.






(*) Bibi Albert: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1944. Autora, escritora y poeta. Licenciada en publicidad agregada de la Facultad de Letras de la Universidad del Salvador, descubrió a través de su profesión su vocación por la literatura. Tuvo grandes maestros en ambas disciplinas: Héctor Viel Temperley y Pocho Lapouble, respectivamente. Forma parte del Grupo Literario Pretextos, y es co-organizadora de su café literario mensual, y del Encuentro Anual Iberoamericano de Poesía “Reunión de Voces”. Editó el libro “Música y Letra” y participó de la antología “Ronda de Pretextos”, publicado en el año 2007. Reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Poemania Nº 230 - Marisa Negri

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 230/2010



“Escoged un material cualquiera, sí, un material cualquiera; no obstante,

un material cualquiera determina la biología del poeta,

la diagnostica; escoged un material cualquiera,

como quien escoge estrellas entre gusanos... "



Pablo de Rokha












Poeta invitada: MARISA NEGRI (*)







De “Caballos de arena” (Nuestra América, 2003)







futhark



una copa de agua para la cabeza de mimir
la vela azul
no lleves nada de metal
no duermas con el viento norte sobre la frente
ahora sí una a una las letras de tu nombre
escucha a tu sombra antes de hablar
nada se puede hacer
si el fuego se consume

dentro de tu corazón asoma el caballo del día
un río de pájaros despierta
alguien hace música en tu cuerpo
el consejo del oráculo es rad
esta vez el viaje no puede compartirse
no apresures la unión de cielo y tierra

el hijo de is viene detrás
su lanza encendida se desangra
no intentes el poder
la batalla es desapego del mundo
saber que somos aliado y enemigo
que siempre es el principio

la batalla es adentro









De “estuario” (Ediciones en Danza, 2008)





su hueserío se desliza por la casa quién seré después de tantas despedidas qué músculo o nave quedará en pie cuando el último rastro de todo lo amado se disgregue en la noche

y ella que no viene se digna a dilatar los crisantemos los lentes negros el nudo va dejando sus hilachas ella arrulla la indolencia hasta dejarnos dormidas







**







ah si tu madre era una reina el aliento del mundo se detenía a su paso y era su boca el cielo y el infierno confundidos la noche del baile tu padre llegó a la madrugada oí entre sueños el runrún de la dkw me despertó agitado conocí una francesita dijo y yo que le leía el peso del alma en la pisada supe que los dioses lo habían elegido la estrella del rockabilly cedía su puesto ahora los mortales tendrían una chance







**



el jugo oscuro de la zarzamora escurriéndose en la boca hablo con la señora del espejo le cuento del ala de mariposa que encontré bajo la piedra y ella ríe con sus labios violáceos su vestido verde la mano hacia atrás se alimenta de polen igual que las abejas o de los frutos rojos del ligustro quiere que vaya más allá del reino al otro lado de la calle una ofrenda de frutos y bolillas del paraíso para permitirme el paso

el jardín delante de la casa el silencio de la siesta en un pueblo de provincias





**



Cómo echar llaves en una casa sin puertas el jardín selva inexpugnable televisión encendida crujido de motores ella ordenaba el caos ella me quería de su lado y no supe no pude lo aprendí más tarde el gesto de la abuela cerrando las persianas delantal cargado de naranjas la jaula vacía los perros el cuarto de planchar no quiero salir no voy a bañarme no debajo de la mesa el mundo es otro mundo la oscuridad huele a alcanfor escribo contra el miedo













De “Las sanadoras” (inédito)







Tengo sed.

-No tenés.

Una verja oxidada entre los yuyos advierte la mano jardinera

el retazo de un género sostiene la ruda en una caña

y sus flores tejen con el rojo del malvón y el rosa de la azalea

se hace invisible la tierra.

Se lava un gato.

Nos toca el número 23.

Dice que tengo la pata de cabra o anemia como el nombre de la flor

La pieza en donde Doña Berta cura está en el fondo, cerca de la parra y del aljibe.

Es sólo para tus ojos lo que aquí ves en birome cuelga bajo la jaula del canario

Veo.

Manojos de yuyo en un fuentón colorado, los ojos de vidrio de la santa parecen verdad.

la huesera trabaja

Tengo sed

No se puede dejar de mirar







**



Padre Nuestro que estás en los cielos y aquí abajo también te pido por Clotilde que si sigue así jamás va a encontrar un marido que le dure y por mi amiga Martita que cayó en desgracia por prestarle plata a ese jornalero que así como vino se fue y aquí estamos cincuenta años y el pescado sin vender.

Diosito santo también te pido por Etelvina que ayer la encontré en la feria con tapado nuevo y un collar de perlas que parecía de la tienda de Lozano y seguro que lo consiguió a cambio de favores porque el viejo le tiene ganas desde hace rato. Y por Berta, mi hermana, que está loca de remate y jura que habla con la Virgen, eso seguro es pecado mortal. La gente dice que cura con agua y eso es más bien cosa del que no se nombra porque quiénes somos nosotros para rechazar los dolores que nos envías. Ella no es mala Señor, y bastante tiene con su hija tontita, y ese rancho en el que vive y deja vivir a tanta haragana que tan lejos está de la virtud.

Por nuestro padre Antonio que en paz descanse y porque pueda irme de una buena vez de este maldito pueblo.

Amén.







**







Los teros se refugiaron bajo la parra. Una gota caía lenta y continua por la pared celeste. Cuando el diluvio amenazaba con seguir a pesar de las salamandras.

Todo era humedad, se estaba mejor en la cocina.



Las ayudantas dormían en un solo jergón de lana limpia y aún se respiraba en el aire el perfume barato de los maquillajes.



¿Quién hereda los dones?



La voz desnuda de Consolación ay mi dulce amor ese mar que ves tan bello.

Espía a su hija tras la cortina de género.



¿Quién hereda los dones?



Repartida en el agua de los seis recipientes sahúma romeros.



¿Hija esta es tu fe?











De “el jardín de las estrelicias” (inédito)







Después de la lluvia oteó el horizonte
mezcló miel y laurel rumió sus palabras santas
la nieta se hamacaba ausente sobre el tronco de un aguaribay
aprenderá pronto se dijo la vieja
(Ningún jardín es perfecto sin su dosis de muerte)







(*) Marisa Negri
: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1971. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín y se especializó en Educación por el Arte. Ha coordinado talleres de escritura para diversas instituciones de todo el país. Participó con una serie de haikus de la muestra Satori en la galería Masottatorres (San Telmo, Buenos Aires). Actualmente cursa el posgrado de Arte Terapia (IUNA) y coordina el proyecto de arte Labrys en la ESB 186 de La Matanza. Publicó los siguientes libros: “Caballos de arena” (Poesía, Nuestra América, Buenos Aires, 2003); “Un camino en la selva, un paso a la libertad” (Antología de Ramón Quichiyao, Futrono, Chile, 2004) y “Al filo del gozo” (Antología de poesía erótica preparada por Marisa y Socorro Trejo Sirvent, Viento al hombro, 2004); “estuario” (Ediciones en Danza, 2008).

Poemania Nº 229 - Juan Cerda Zúñiga

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 229/2010



“Yo diría que el poeta lo es por su

manera de situarse ante el mundo. “

Abelardo Castillo









Poeta invitado: JUAN CERDA ZÚÑIGA (*)






VIENTRE DEL VIENTO

Busco la raíz oculta en tu vientre
el silencio, tu escarcha, el asombro
es extraño volver a la matriz
al costado a sangrar como todos sin llorar
y a dormir y hacerse llovizna
en el vientre del viento







LUNA DESCALZA

Tu idioma abrió los ojos del agua
soy el invierno
sé donde duermen tus cartas.

Eres sombra
juntando discos en un closet
esperando el polvo, las arañas.

Soy el personaje oculto
que ves morir a mediodía
que fuma cigarros sueltos
y busca en los cajones rastros de luz

Y volveré a mi casa a oír la radio
a imaginar que estoy vivo
mientras el té se enfría
esperando que el teléfono
escape con su campanilla
para quemar el vacío
y olvidar este miedo
cuando te vistes de sombra.








INVIERNO DE CALENDARIO



El invierno
es la prolongación del calendario
que va mojando sus zapatos.






A TRAVÉS DE LA TINTA



A Oscar Castro

Tengo la voz lenta
de los trenes a carbón
corro lejos de las líneas que conoces
fui desmantelado
antes de tu llegada
pero aún arrumbado en este patio
puedo escapar a través de la tinta.








ANUNCIO DEL VIENTRE



Déjame volar en estos cristales
soy la memoria de la niebla
abrázame, ya vienen a buscarme
voy a nacer, espérame
adiós a tu vientre.
He empezado a soñar.








BREVE ATARDECER



Este atardecer será breve
porque tú cortaste el ciruelo.






NOCHE DE AGUAS

Dentro de tu cuerpo el otoño cabalga
guardando caricias, sepultando silencios.
Vamos no temas, porque todas las aguas
relatan nuestra pasión
y por fin dormiremos nuestro siglo.






(*) Juan Cerda Zúñiga: nació en Santiago de Chile (Chile) en 1964. Ha participado en diversos talleres de poesía como: “Isla Negra”, dirigido por Edmundo Herrera, el Taller de "Poesía Joven", dirigido por Alicia Salinas y el Taller “Pedro Araucario”, dirigido por Amante Eledin Parraguez. Su obra ha sido publicada en revistas como: Dementes, El Tablón, Caliope, Piedrazo, Derrame y Caballo de fuego y en las antologías: “Pájaros en la Isla”, (Selección de Edmundo Herrera) 1986, “Antología de poetas de Peñalolen”, (selección de Marisol Wexman), 2000 y “Sitio Público”, Mago Editores, 2005. Ha participado en las agrupaciones “El Barracon” y “La Ballena” Como así mismo es miembro de la Sociedad de Escritores de Peñalolen y del grupo cultural “Desbordes”, dirigido por el pintor y poeta Carlos Delgado Paez y desarrolla además una activa participación en Radio “Encuentro” de Peñalolen donde ha conducido y producido los programas: “Desde las alturas” y “Abriendo Horizontes”. En 2003 publica su libro “Luz de Higuera” (prólogos de Edmundo Herrera, Renato Yrárrazaval y Amante Eledin Parraguez).

Poemania Nª 228 - Eduardo Espósito

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 228/2010





“El poeta escribe para un futuro que no va a conocer.”

Roger Wolfe







Poeta invitado: EDUARDO ESPÓSITO (*)







Plumajes

El poeta es el hombre que se
niega a utilizar el lenguaje
J. P. Sartre




La vida no debería ser mas
que esta cosa que respira y sangra
Los dedos bien abiertos
ante las notas de un teclado inexplorado
No es porque te negás a regresar del cementerio
que se me ocurre este dislate
ni porque tu fantasma de algodón de azúcar
acusa los calores del desván
La tarde como un daguerrotipo victoriano
pesando en mi cabeza
La vida tampoco debería ser mas que esto
Sin embargo un poeta desangelado
se asemeja mucho a un hombre
Hay un otoño de alas mustias
parece que pelaran pollos en el cielo
Y esta cosa que respira y sangra
aunque bien mal en escribir insiste



A Ian Watson



Celeridad



Hay cuatro clases de hombres en el mundo
Los lampiños
Los barbudos
Los que se afeitan como Dios manda
Y los tristes pobres hombres
de la afeitadora eléctrica

Pobres niños olvidados por sus madres
a quienes jamás papá pasó pelota
Nunca una curita en el uncido rostro
Nunca una sonrisa de satisfacción padruna
jamás papel higiénico en la herida
o paños tibios a ese amor con la gillette

Pobres desmadrados
que perdieron segundos en su vida apenas
por no ganar un cielo de brochas y afiladas
Pobres hombres de besos jamás lisos
esclavos para siempre de su aceleración



A Rafael A. Lafferty




Clase Turista



Porque no estamos hechos
de carne ni de sangre como pretendemos
aunque alguno que otro traje parezca desmentirlo
Porque la humedad bisiesta de este pueblo
arropa formas innombrables y mezquinas
Y nuestras lenguas de trapo
achican dos talles en invierno
Y porque el sur también existe
en un afiche al menos
Porque soplamos semillas de amargon cada verano
para que alguien se eleve liviano en sus muñones
así enmohezcan los planos inclinados
Porque rezamos desnudos en las playas
y nadamos vestidos en nuestras sofocadas camas
y vacacionamos de oído
y hacemos de la fiesta una fanfarria
y porque sí
y porque el mar
y la montaña
y estas ganas de ser otro
bajo una luna parecida



A Robert F. Young









El amor es un número imaginario





Hacé de cuenta que tengo brackets y besame

Son menos juveniles mis encías

La mano llega a su fin / roba un recuerdo

Algo así como otra gente se desplaza

Y vos sosteniendo el peso de tu lengua

que aligera el desgaste de mis años



No más tormentas en tu cara

ni tragedias gris topo que me muerdan



Habrá un jadeo de luna en tus mejillas

Una liturgia remota

como de botellas friéndose de envidia

Y algún pantano dormido en nuestras bocas

si no te importa besar a un dinosaurio.



A Roger Zelazny









Huevos fatídicos





La panza tiesa de los días

se apoya laxa en las comisuras del mundo

Van pasando las horas como imanes

Este naufragio aspira a ser certeza

Se ha borrado la línea divisoria

entre la espiga y el suelo

Ya no hay mar donde empollar

los fatídicos huevos de la ira

Todo cabe en este caldero de pócimas

austeras

Y los días

combados por el peso de las revelaciones

aguardan a la sombra nuevas nupcias

Inclemencias montadas por la biología.



A Mikhail Bulgakov











Separatidad



De a uno se es náufrago

De a uno cadáver

De a uno y con la amada a cuestas

uno toma el último tren

el bondi postrero

la humedad de las lluvias

Amasa un único pan de a uno

Miente de a uno

Iza la bandera de su soledad

en la ausencia

de las grandes metrópolis

De a uno pone la semillita

Arroja la maceta al sumidero

Festeja su cumpleaños con la puerta

De a uno suspira

De a uno babea

Se entristece de a uno hasta los hígados

Fornica y llora al mismo pulso que una sombra.



A Richard Matheson











Castidad



(Sobre una obra textil de Maryté Arias)



Monedas de carne en la ranura

Centavos de amor como limosna

Reír sobre la leche derramada

Oír el ruido de rotas caderas

Eso es todo

Lo que fue / lamido por los galgos

Cierta postrer migaja repudiada

Y ese hueco sin llave

con su luz de otros días



A Úrsula K. Le Guin







La reina del aire y la oscuridad





Lloro

Es la última vez que tendré sexo

Agosto se me viene encima en pleno octubre

con 31 legiones de minutos

y la implacable extrañeza de o saber

Agüita salada en pecas de ángel

lloran también los niños que me antecedieron

Una tristeza de máuseres

dormidos en formol

a la espera del año de las resurrecciones

Y me voy

capricho en retirada

muelle sombra de ocaso en saco roto

No sufras por favor

No gimas nunca más

La abuela de la nieve está enseñando.



A Poul Anderson









Calidoscopio





Me voy cayendo al sol

Todos parecen darse cuenta

La hierba es fina

Mis manos transpiran soledad

ingravidez

La grave edad desacelera para mí

con su manojo de arrugas

No hay cremas paliativas

para el cansancio de los materiales

Mi cuerpo es un satélite en desuso

Me voy cayendo al sol

como ellos

que encremados de espanto

reparten pancután y botiquines

Ayer fuimos más que Dios

hoy somos pasto

Mis manos queman cromo

La hierba es inasible

y el destino amarillo.



A Ray Bradbury







Platea baja





Los relámpagos queman la noche

La tonsuran

Sentados solos

en la sala de estrenos de Dios Padre

unos ojos palpitan la función



Dios aspira y unos nacen

Dios expira y otros mueren

Dios retiene su aliento

para batir un record guinness

y ocurren la resurrección y los aplausos



Lejos de la divinidad y las butacas

un niño juega al avioncito con su sombra

Le da vueltas al sol

como si el sol todavía existiese



A John Wyndham







(*) Eduardo Espósito: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1956. Ha publicado “El niño que jugaba a ser Rayo” ( El Francotirador, 1992); “Violín en bolsa” (El Francotirador, 1995); “Una novia para King Kong” (Amaru, 2005) y “Quilombario” (Amaru, 2008). Participó en varias antologías, destacándose entre ellas “Poesía en el subte” (Ediciones de la Flor, 1999) e “Italiani d' Altrove” (Milán; Rayuela Edizioni, 2010). Coordina desde 1996 el taller de escritura de la Dirección de Cultura de la ciudad de Moreno, y a partir de 2001, desempeña igual actividad en el taller literario “Elementales Leches” de la ciudad de Gral. Rodríguez, Argentina. Reside en Paso del Rey, Buenos Aires.

Poemania Nª 227 - Adriano Corrales

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 227/2010



“¿Cómo le será permitido al poeta equivocarse, cuando su naturaleza y su destino

han sido colocados en el sitio más destacado del mundo?

Thomas Mann









Poeta invitado: ADRIANO CORRALES (*)





I



Entre el mar y la montaña

la memoria



Entre la montaña y el mar

el olvido



Entre la mar y el monte

este silbido







(Del libro Tranvía Negro, Ediciones Alambique, 1995)









CARTA A LA ESPOSA



hablame como siempre / decí

que me querés / ¿soy en tu vida

remordimiento?



Juan Gelman



Estoy sentadito en un banco de niebla

pensándote conversándote extraviado

conversándome pensándome cautivo

separado de vos por la lluvia

el enjambre de cipreses

la punzada de la tarde



aquí reinventándome la fantasmagoría de las palabras

la magia del trance vértebra tras vértebra

en la piel de la herida perpetua la posibilidad del vuelo

pajarito / machete

que volás con mi muerte alrededor de la mesa

al acorde de las horas



intento un gesto para tu cabello de lentejuelas

rostro de cristal azul

para tu voz adormecida en el teléfono

intento un desabroche del duelo en la cintura de tus ángeles

espuelita de mango en la noche de gangoche

para patrullar mis cementerios



intento pero retrocedo intento en el mangle de tu deseo

litoral encrespado por el temporal de tu vientre

ola que rueda y muere y rueda por todo el universo

espera la luz del encuentro en el fragor de los cuerpos

dentro de tu sexo de astros empapado por la semilla de polvo

la nieve amarilla del tiempo



retrocedo pero intento retrocedo cisne calcinado en los abetos

canto de rosario de reyes destronados estrella del sur palma venus

cascada de más estrellas astros estrellas que persigo

para descubrir nuestro pesebre sin mulas ni bueyes sino musgo hierba seca

ciudad fragmentada de los diciembres



rehuyo entonces pero peleo rehuyo

empapelo las paredes con estos ideogramas

parpadeos gritos contraespalda caballo desbocado

en tu falda salto lanza salto

caigo

viacrucis de luciérnagas vasos botellas velas apagándose

cristus rotos

vírgenes guardadas en anaqueles con azafrán de medianoche

olor a azufre sudor hierbabuena pasos en la otra habitación de arena

golpeo finta golpeo finta

paredes de humo

puertas de avena

golpea bajo golpean arriba golpeamos en el centro

sombras en la caverna me llevan

caigo

caigo

caigo

caído

mi descanso es una camilla sin descanso una camilla de niebla



no descanso los miércoles ni los sábados

tu santo es mi santo grial mirasol en el portal en el oratorio

en el altar de flores papel crepé con su mantelito de gamuza

mirame como rezo en tus rodillas me poso nuevamente en tus pechos

beso tus manos tus ventanas tus pies beso todo tu cuerpo

lo beso en la noche del milagro

paseo por tu jardín de alucinaciones con riesgo me incendio

paseo pero el milagro no sucede

sucedo fuego transparente interno externo

no me digás que sos arrepentimiento



decíme que me querés pero no en tus secretos

en tus viajes de notas muertas en tus cadáveres

no por teléfono decíme que me querés

como en aquél pueblo donde ahora dibujo incinero manoteo

detallo una vez más tus pechos tus volteretas en la almohada del silencio

para no despertar a la niña que llevabas por dentro

dormida a nuestro lado

decímelo suavemente ¿tenés remordimiento?

para ser como soy palabra de mis palabras

aguacero del recuerdo pasadizo de lo venidero

fantasma de tus desvelos ¿no me lo decís?



por construirme un hogar de palo en la selva de mis quimeras

un tálamo de viento en los devaneos del verso

almohadones de chocolate sábanas de menta

con tu nena en el escaparate o en la mesa del domingo

con mi desayuno a cuestas ¿no me lo decís?





no me digás qué somos: ¿remordimiento?

sino qué seremos en esta avenida de ausencias

palomita de mi tristeza más oblicua

aguatera de mis fiestas de ceniza

qué seremos si esto somos: remordido remordimiento





abríme con tus decires para poder contarte mis insomnios

caminatas por la hierba

ronda en la madrugada de tus ecos

abríme con tu abrealmas para contarte más de cerca

cómo me caigo por dentro y peleo intento rehuyo peleo

pellizcando las noches para no recibir más que miradas

soliloquios de mi sangre donde me vierto

cerrame pues para no abrirte mis senderos de incienso

alumbrados apenas por tus ojos tus dedos de lucero

cerrame partera del barro poneme unos barrotes

pero decíme cómo seremos

si no me decís que me querés qué soy en tu vida

¿algo más que remordimiento? ¿algo más?



cerrame pues como la madrugada que gotea golpea

se planta en mi acecho por los pasillos de las serpientes

cerrame / abríme - abríme / cerrame

curame con tus hierbas poné tu imagen sagrada al sol a orar por nosotros

por nuestros pecados nuestras dudas nuestras deudas

abríme / cerrame - cerrame / abríme

para que navegués mis páginas retrocesos en letras negras

perfumes malogrados café que no se asienta

vení a esta hoguera de febrero vení tomá mis manos maestrita

consolame con el desconsuelo que no consuela

saboreá estas lágrimas cuchillos apagados en la distancia

apagame / encendeme / apagame / encendeme

decíme que no me querés que me querés que no

que yo soy otro el otro

alguien que imagina tu vuelo los martes o los jueves

tus figurillas de arcilla en la casa sin paredes

las cariátides del último pabellón que no conoceremos

el piso de candela la escalera en flor el cielo en duermevela

decíme con tus dedos de agua apagame en este incendio oceánico

apagame o encendeme o apagame con tus guerreros del viento

pero decíme si hemos sido somos seremos arrepentimiento

con tus manos tus sueños con tus cantos tus anzuelos

porque me ahogo me esfumo porque me quemo

decíme







(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)







CARTA AL HIJO



Sería difícil escribir esta carta sin evitar las justificaciones

digresiones de caída y vela hinchada hacia el poniente

en el fósforo del Báltico un amanecer de lluvia y lágrimas

con el rostro frente a las paredes blancas de un hospital invernadero



¿Será difícil inventariar las lunas los cruces de esquina

los caballos estivales galopando a ambos lados del transiberiano

las noches de vodka alrededor de la ausencia sin tus pasos?



Será duro el batallar de los acontecimientos

las visas los pasaportes los aeropuertos los desencuentros

las callosidades del alma la inutilidad de los abrazos



Será difícil anotar que he desvivido bebido huido

hacia los agujeros del tiempo en la marcha de las palabras



Más difícil aún revisar imágenes de un país imaginario

las bombas que caen en el Chorrillo sobre San Miguelito la luna

el desfile de gorilas amarillos desatando el istmo con su fuego homicida

sus fauces hediondas alimañas de carnicería

y vos bajo la telaraña de la cama en la habitación del miedo

asustado y sorprendido sin comprender por qué el imperialismo

los capitales la banda neoliberal los lameculos tropicales

la horda de paisanos como perfectos chacales

el paréntesis de este centro planetario atiborrado de compañías

comerciantes del reino usureros serruchadores de tus sueños

mis sueños de una sola patria matria nuestros sueños

los de tu madre con los muñecones del teatrillo callejero

por las selvas del Darién o en el Archipiélago donde las embarcaciones

llevan traen los cuentos de los fundadores elementales

los soles de la palma el brillo soberbio de las pieles

trasiegan el pasado contra el futuro en un eterno presente



Es difícil ocultarse hijo muy difícil

escribir todo esto sin que me tiemblen las manos

y un rumor de cadenas crepitaciones inexpresables

naveguen por dentro como una estampida de bisontes guerrilleros

y la mirada se nos pueble de nubes en el olvido de nuestros nombres



Harto difícil esta tarea de acercarte a mi otro yo

el de los ojos del antifaz con la suerte del andariego

en un tranvía negro que siempre retorna y retorna

con las hilachas nocturnas de los murciélagos

siemprevivo siempreamargo cautiverio de las páginas que se humedecen

como las lapidas con el rocío de los cementerios

o las bestias que huyen perseguidas por el amazónico incendio





Me es muy difícil decirte hijo decírtelo sin faltarle al recuerdo

que yo también me caigo me lluevo me abro me cierro

me ablando me tiemblo me tenso con los látigos los templos

del primer indicio la mediada caricia el último vuelo

para decirte así sencillamente hijo sin literatura

así al puro aire que todos somos viajantes y que por eso

y a pesar de todo lo que transcurre bajo el poema

a pesar de todo lo que muero te escribo y te quiero







(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)











CASI-DA A FEDERICO GARCÍA LORCA



Nuestras ciudades enloquecieron con sus guadañas

el humo asfixia a los maricas los peones las pitonisas

los rascacielos los callejones la caravana de gitanos

en el éxodo de los incendios la Danza de la Muerte

con sus harapos sus cadenas su retorcerse

alrededor de este siglo que también se nos muere

por las horas graves de esta tarde en que subís vos

Federico ángel toreador de las estrellas los enjambres



Siempre vos subís por las cinco sangres de la tarde

con Antoñito el Camborio e Ignacio

con el rey de Harlem y el Viejo de las hierbas del Hudson

con una comparsa de negros en búsqueda de su Habana para verte



Subís y bajás y subís por las cinco sangres de todas las tardes

como un son de la murga en la guitarra más ancha y profunda

pletórico de romances saetas valses con tu luna de plata

tu barca amarrada al alma tu caballo anclado en el Alhambra

el puñal abierto y las cartas lanzadas a las esquinas de los amantes



Tras de vos vienen los fusiladores con sus capas de tinta y cera

y todos los que te han matado y te matan sin matarte

pero también vienen Margarita Antonio Pablo Luis Vicente

y los demás poetas con sus cantos y sus olivares de trashumante



Subís hacha de luz con todas las muertes a cuestas

encendido en el baile de máscaras con las páginas abiertas

como las flores en el instante de la primavera



Subís con nosotros en la hora ciega de los alacranes

con todo tu amor en nuestra rabia y en nuestros pesares

para iluminarnos y limpiar el óxido de los altares

la rancia costura de los maestros los empleados los generales



Subís toro torero por este cementerio de plantas y pañales

con tu fuego perpetuo de lluvia para apagar las academias

los anuncios las lámparas de la fama las camas vacías los pedestales



Subís y subís con tu alta raíz de sombras y jaguares

hasta este nombrarte nombrándome en la apuesta más lúcida

de los guernicas las plazas los bosques los labios más lunares

subís y nos subís por la garganta como una procesión fresca de animales

para regresar a la humedad de los collares en el lomo del tiempo

y arrear la bandera negra de tu Andalucía para izar la nuestra

esta funda de sortilegios en la concavidad de todas todas las sangres



(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)









VIDEO CLIP PARA JORGE LUIS BORGES



Yo no miro el oro de los tigres

sino las palabras / tigres que nos devoran

así como el jardín sin los senderos

nos identifican nos ignoran

no el mundo de Morel al alimón

con Bioy Casares tu otro yo en sus alucinaciones



Tampoco es como piensan tus biógrafos

críticos ramplones sin imaginación creativa

que la mirada interior (- que - la - mira - da - al - interior)

el laberinto de los ojos con su Teseo

el podium de los pinochetes con el laurel y la lira

la biblioteca infinita del ratón que se muerde la cola

y roe todos los folios de lo alarmantemente maravilloso



¡Claro que no!



Simplemente este abismo abismándose más

para doblar la esquina y saber lo que hay que saber

que esto no es Buenos Aires ni Ginebra (ni siquiera ron)

sino tigres / palabras que se evaporan y reescribimos infinitamente

como el ciego en una playa antes de la batalla

o el cantor perseguido esquivando la luz

cuando escupe estos pergaminos amarillentos

sin importar el fuego ni las migajas azules del tiempo









(Del libro “Profesión u Oficio”, Ediciones Andrómeda, 2002).













59.



En el fondo de la tarde

con la arboleda frutal de cámara verde

recuerdo a Madre pedaleando

sobre esa magnífica estructura

de metales fundidos y maderas preciosas

en cuyo centro de hierro forjado

podíamos deletrear S-I-N-G-E-R



La aguja trazaba veredas de pájaros

estelas de pececillos escarlatas

cantos de ojales decorados

y cuando se salía de su ruta

Ella sin lentes detenía mi lectura

para que le ayudase a pasar el hilo de tiempo

por el orificio de la nada



Hoy que barajo lentamente esas imágenes

mientras mi esposa en el taller

pinta sus figuras obesas de barro y canto

percibo el ronroneo del pedal bajo el escritorio

y las manos de Madre enhebran las palabras

sobre camisas y blusas de otra tarde

en que versos y esculturas son canciones

de una máquina en el viento









(Del libro “Caza del Poeta”, Ediciones Andrómeda, 2004).















13.

Intento de réplica a Carlos Martínez Rivas



No Poeta, hay que habitarlos y renovarlos, enfrentarlos en su asfixia, en su crecer de bejucos y enredaderas de selva doméstica. Revirarlos y golpearles las nalgas con besos y mordiscos, penetrarlos donde más les duele, por ello lo disfrutan. Intoxicarlos de mayor oscuridad en la flotación noctámbula. No darles tregua, ponerles la paleta en su lugar y al día siguiente ofrendarles su parcela de aire para que nos permitan el vuelo de lo nuestro.

No Poeta, no, el remedio contra los amores no es matarlos. El único remedio sería vivirlos intensamente y ahogarlos en sus propias aguas; vivirlos, revivirlos, rematarlos.







(Del libro Kabanga, Ediciones Arboleda, 2007).













CARTA A UN JOVEN POETA



Al poeta Rafael Esquivel in memoriam



Querido Rafa donde quiera que estés habrá de llegarte el murmullo de las palabras tardías carcomidas por el cansancio y la angustia de saber que son inútiles c

omo toda palabra que no se dijo a tiempo porque he de admitir que te dejamos sólo muy sólo aunque tal vez nos merecíamos esta ausencia pues no supimos encontrarte cuando nos buscaste o también te faltaron palabras que esperamos de algún modo entonces todo fue un vago rumor diálogo de sordos humareda de pitada instantánea pero la mecha no era lo importante vos lo sabías ni lo que nos dividía al contrario muchas veces nos unió sino lo otro lo que iba detrás como la parte oscura de la luna lo que nunca expresaste pero todos comprendimos y callamos eso que ahora cargamos colina arriba como tus restos la cuerda que bamboleante quedó atada al árbol la ceniza de tu fuego extinguido la botella vacía aquello que no se nombra en familia ni en el círculo más íntimo de los amigos o de las chicas tampoco en la conversa de cantina ni se publica en revista alguna siquiera se sugiere cuando dejamos de saludarnos esto que nos carcome y que no podremos jamás externar porque igual nos lo llevaremos a la tumba



(Del libro San José Varia, ediciones Arboleda, 2009)













Patria



Nací en este pequeño país. Pero vengo del sol, del viento, del fuego, del socavón en el agua, del arroyo de la sangre. Del barro rojo, de las arenas calcinantes, del vuelo de las primeras aves. De los cráneos que brillaron en la noche de multitudinaria caza o en las innúmeras batallas contra la espada de nuestros contrincantes.



Vengo del África milenaria y renovada en sus tambores. De las estepas del Asia. De las playas, llanuras y montañas de Abia Yala. Y del rayo que no cesa: la cuchillada de la bárbara Europa.



Llevo a cuestas equipajes, siglos, la custodia cubriendo mis espaldas. Traigo la palma, el papiro y el amatl; la vihuela, el laúd y la guitarra; las monedas de la suerte dibujadas en el golpe místico de los dados de la muerte. Llevo un pan y un pescado, tortillas de maíz y casabe. Y el vino en todos los costados.



Despliego dioses tallados en humo y piedra, en las cuentas largas y cortas de las cosechas, en el estallido de la primavera.



Y una tristeza que no se apaga sino en el encuentro con ella, la belleza del tiempo estampada en sus pechos y caderas.



Sostengo lanzas y fusiles que cumplieron la hazaña, armas de la derrota, piélago de la victoria. Porto el talante de lucha y resistencia porque soy guerrero de cabellera larga y mirada tenaz. Libertario de barricada y trinchera.



Un manantial de placeres en el susurro del vendaval.



Y millones de palabras para defenderme cuando mi cuerpo ya cansado traza el itinerario por mi pequeñina comarca, que es la de todos.



Por eso la defiendo chavalita y amplia como el planeta.



Dibujada en mi mano la extiendo por todas las galaxias.





(Del libro San José Varia, ediciones Arboleda, 2009).















(*) Adriano Corrales Arias: nació en Costa Rica, en 1958. Ha publicado: “Tranvía Negro” (Poesía, Ediciones Alambique, San José, 1995; Ediciones Perro Azul, San José, 1999); “Los ojos del Antifaz” (Novela, Ediciones Perro Azul, San José, 1999; Ediciones Piel de Leopardo, Buenos Aires, Argentina, 2001; EUNED, San José, 2007); “La suerte del Andariego” (Poesía, Ediciones Perro Azul, San José, 1999); “Hacha Encendida” (Ediciones El Pez Soluble, Caracas, Venezuela, 2000); “Profesión u Oficio” (Poesía, Ediciones Andrómeda, San José, 2002); “Caza del Poeta” (Poesía, Ediciones Andrómeda, San José, 2004); “El jabalí de la media luna” (Cuento, Ediciones Arboleda, San José, 2005), “Balalaika en clave de son” (Novela, Editorial Costa Rica, San José, 2006) y “San José varia” (poesía, 2009). Como compilador ha publicado Poesía de fin de siglo. Antología de poesía nicaragüense y costarricense (Ediciones Perro Azul, San José, 2000); y Sostener la palabra. Antología de poesía costarricense contemporánea (Ediciones Arboleda, 2007). Es profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Costa Rica donde dirige la revista FRONTERAS y el Encuentro Internacional de Escritores. Ha sido antologador de poesía y narrativa costarricense y centroamericana y ha participado en múltiples festivales y encuentros de escritores nacionales e internacionales, entre ellos los Festival Internacionales de Poesía de Medellín y Bogotá en Colombia. También escribe teatro y ensayo y colabora con varias publicaciones nacionales y latinoamericanas.

Poemania Nº 226 - Eduardo D'Anna

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 226/2010






“El poeta prolonga la existencia de la lengua,

es una suprema operación lingüística

fuera del lenguaje…”



Joseph Brodsky









Poeta invitado: EDUARDO D’ANNA (*)







EL SABIO



Estaciono en una ciudad

desconocida. Dejo el auto

preocupado. Como si no

supiera que a él, estar solo

por un ratito, no le molesta.



Quedarse descansando así,

sin buscar pruebas

de la existencia del mundo.



Un auto grande ya,

con algunos problemas físicos;

pero que sabe lo que vale

dejarse estar, tranquilo,

en una calle

de la que no se sabe ni el nombre.













PALMERA



¿Qué será de la palmera

que se veía desde

la ventana de la cocina,

antes de que hicieran

el edificio?



¿Estará

bien? ¿Y pensará,

a su vez, en nosotros,

en lo que ha sido

de nosotros?











EL DORMITORIO





Aquí siento los ruidos, es decir,

aquí siento el silencio:

Siento el enarbolarse del aire

para ser viento, cómo aparta

las hojas, cómo le contestan,

cómo me invade, cómo nos invade,

y cómo prepotente nos obliga

a respirar. Aunque querramos

morir. Aunque querramos

irnos con los fantasmas de la noche

que ni siquiera saben respirar

ni lo precisan.















LOS NIETOS



No, ellos tampoco existen.

Los objetos esperan

para ser rotos, usados, para ser

algo por vez primera para alguien,

pero aún deberán

esperar por un tiempo,

por su tiempo.

Cuando

empiecen las imaginarias

repeticiones: las caídas

en el mismo lugar

que los hijos, los sustos

a causa de las mismas

travesuras.

La leyenda,

la cultura privada

en que se afirma toda vida

aquí, hasta las épicas.

Vísperas al pasar

por esas piezas todavía grandes.









ROPA



Como el arpa de Bécquer, las ropas

yacen tiradas en sillas, en la cama

o en ridículos percheros improvisados

en picaportes o respaldares.

Malévolas causantes de disturbios

conyugales, miran, impávidas

vacas bidimensionales, las peleas

a causa de ellas por su ilegal

situación, sólo aparentemente provisoria.

Su secreta ambición de niñas edípicas

es meterse en el lecho matrimonial

a ejercer un menage à trois por la fuerza

de los hechos, por el descuido o la inercia.

Entonces suspiramos y las guardamos

-las encerramos, bah, seamos sinceros-

porque no es así como deben

jugarse las escenas del amor.



















REGRESO DE VACACIONES





En unos pocos días, nada más,

todo se ha derrumbado:

cucarachas muertas a causa

de previsores insecticidas,

plantas exangües. Olor

a cadáveres lapidarios.

Los héroes de novela

protestan su abandono

desde los anaqueles.

El gato Juan, reintegrado,

pasa en una neblina

de desprecio.



















LA VECINA





Luisa sale al balcón

enfrente de mi casa.

Tiene 81 años, y mira

algo en el árbol

que le queda debajo;

tal vez una torcaza,

o unas hojas, o un plástico

enredado en las ramas:



eso no lo sé, pero

si veo -claramente-

que con la lengua, por

debajo de los labios

se remueve los restos

del desayuno

que en la dentadura

postiza, molestan.

















BAÑO



Aquí nacen las reflexiones más profundas,

y se revela el ser: uno, sentado,

ve transcurrir el orbe hacia

su caducidad sin apelaciones:

él brilla, cósmico, reflejado

en los viejos azulejos, que se vuelven

translúcidos en el portento

de igualársele. Pero, ¡cómo, nunca!,

al universo no se le pasa

un trapo, eso está claro. Así,

el lugar es también de lo falso,

lo alucinado, lo que pierde

al hombre tras la gloria y el poder;

pero, no obstante, el baño

es humilde y recibe los dones

que le querramos dar.













(*) Eduardo D’Anna: nació en Rosario (Santa Fe, Argentina) en 1948. Abogado, poeta, ensayista, traductor, narrador y dramaturgo. Dirigió una revista literaria («Parábolas») entre 1965 y 1966 y en 1967 publicó su primer libro de poemas: "Muy muy que digamos" (Ensayo Cultural, Bs. As.). En 1968, junto a Elvio y Francisco Gandolfo y Sammy Wolpin, comenzaron a publicar la famosa revista «El lagrimal trifurca», que duraría hasta 1976 y que agruparía también a Hugo Diz y Sergio Kern. Con el sello de esta revista, fueron apareciendo sus poemarios "Aventuras con usted" (1975), "Carne de la flaca" (1978) y "A la intemperie" (1982), mientras practicaba la abogacía tras recibirse en 1971. Desde 1972 hasta 1980 fue docente teatral en una experiencia inédita para los colegios secundarios de la época, en la escuela Superior de Comercio. En 1985, la Municipalidad de Rosario publicó "Calendas Argentinas", descubriendo luego que su carta orgánica no le permitía comercializar la edición, la que se repartió en bibliotecas e instituciones culturales del país. «El lagrimal» volvió a editarle en 1986, tras estrenarse en 1984 su pieza teatral "Morante, un espejo para la Revolución".En 1992, se publicó "La máquina del tiempo" (Libros del Hibiscus, Rosario). "La Montañita" (Libros del Empedrado, 1994) recoge poemas escritos entre 1985 y 1991. Integró también "Los mejores poemas de la poesía argentina" de J. C. Martini Real (Corregidor, Bs. As., 1974), "Antología de la poesía argentina" de R. G. Aguirre (Fausto, Bs. As., 1979), "El amor en la poesía argentina" de E. Romano (Andrómeda, Bs. As., 1976), y otras. Poemas suyos han sido traducidos al alemán y al griego (moderno).Es asimismo traductor, habiéndose dedicado a la obra de W. B. Yeats y Manuel Bandeira. Como crítico, se ha especializado en la literatura de su ciudad, preparando la hasta ahora única historia literaria de la misma ("La literatura de Rosario", Fundación Ross, Rosario, 3 tomos, 1990-91). Fue colaborador de la revista «Poesía de Rosario» y columnista del suplemento literario del diario «La Capital». En 1999, publicó "Obra siguiente" (Libros del Hibiscus). En el año 2001 se editó la novela "La jueza muerta" (Ediciones de la Flor), con una crítica muy elogiosa del escritor y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa. Es profesor de Derecho. En 2010, editó su poemario “2491” (al cual pertenecen esta selección de poemas) por ediciones Recovecos y asumió la dirección de la Revista “Facundo”.

Poemania Nº 225 - Gabriela Delgado

POEMANÍA



la manía del poema…

Hoja literaria de aparición virtual

Nº 225/2010





“Es preciso no estar en sus cabales para que un hombre aspire ser poeta;

pero, en fin es sencilla la receta.

Forme usted líneas de medida iguales, y luego en fila las

coloca juntas poniendo consonantes en las puntas.

¿Y en el medio? ¿En el medio? ¡Ese es el cuento!

Hay que poner talento.



Ricardo Palma Soriano



















Poeta invitada: GABRIELA DELGADO (*)








ADOLESCENTE



En mi adolescencia

los ojos más tristes eran imanes.

Redentora de heridas mal ganadas.



Barro tu camino, apartando las piedras

sin darme cuenta de que mis pies

sangran en retaguardia.



El huracán me lleva

soplando fuerzas

hasta el límite de mis manos.







PROFECÍA





Puede predecir la noche

en el vuelo de los pájaros

a contramano de la brisa.

Un augurio de sombras

en el dintel de la puerta

ensayando llaves.

Jadea la marea su presagio

de errantes arenas.

Siente el desenlace

en la mirada vidriada

de su espejo.

Conoce la profecía

tallada en la loza del sepulcro.

Mientras la ignore

no será cierta.











NOSOTRAS



Las Hembras ponemos la palabra y el cuerpo,

el coraje, la paciencia, la caricia, el pan, las manos

y no hacemos del amor un juego.

Nos reconstruimos cada día, aun desde las ruinas.

Desangradas, cicatrizamos en jazmines.
Las Hembras sabemos de cobardes retiradas.

Las hemos visto muchas veces en miradas esquivas,

en silencios agazapados, en estocadas gratuitas.

Las Hembras caminamos de frente, embestimos la vida.

A veces, la magia hecha esquirla nos hiere de muerte.

Es allí donde todo lo que sentimos

no vuelve a traspasar la piel ni la frontera.

(No siempre creer vale la pena.)



Las Hembras ponemos la palabra y el corazón,

aunque no se vea.

Y sin explicarnos por qué, o por dónde,

siempre llegamos.

Siempre.









TRUENO



La palabra me traga en su mentira.

Llueve silencio.

Empantanadas las letras

gritan su idioma dislocado.

Imprecisas garabatean

lícitas palabras.

No hay indulto

para el grito rebelde

que ensordece.

Trueno del infierno.









OSARIOS



Aquí sólo un osario.

Tierra arrasada.

El aire huele a blanca bandera

Manchada con sangre.

La razón, montada

Sobre el instinto de los chacales.

Los huesos de una mano

Apuntan al cielo.

¿Por qué nosotros?



Al otro lado un osario.

Tierra arrasada.

El aire silba una sinfonía de duelo.

Tanto odio tejiéndose

En la hebra de los siglos.

Erupción de volcán casi premeditada.

Una cañavera llora el destino sobre la greda.

¡Por qué nosotros?



En otro continente

Un niño pregunta:

¿Por qué?

Escribe su inocente canta de paz

Sobre una pajarita de papel.



















VAN GOGH



Una flor blanca

enraíza esa porción de tierra

que ha sido removida.

Cada día con más fuerza

extiende sus brazos

tapizando de verde el entorno

justo hasta le cordón dibujado con piedra.

Siembra botones, reflejos de cielo,

aromas.

No hay más ojos allí

que lo de las aves

aseverando el milagro.

Semilla es el corazón de un hombre.

En el centro de un pecho mudo

las raíces han hecho su nido.

La muerte no se atreve,

ha dado vida.

















DESHABITADA





Imagino que la casa ya no será la misma.

Este verano los damascos sembrarán

el patio sin una mano que los cobije

y la parra, sin su poda de otoño,

entregará vides vacías.

Los cristales empañados de grises

ya no reflejan verdes en al cocina.

El fogón aromado de pan recién hecho

sólo esparce cenizas.

El reloj marca un tiempo sin pasos.

En el desván, olvidada, una caja de fotos

se abraza a un pasado de rieles.

El espejo ha de haber perdido la sonrisa

frente a la sombra.

Una húmeda fatiga se niega

a ser exorcizada con sándalo.

La casa está vacía.

Dos manos y un vaso de vino

deshojan el eco de la risa.

La casa está sola.

Quien la habita ha elegido el destierro.







(*) Gabriela Delgado: nació en Buenos Aires (Argentina). Pertenece al Grupo de poesía “PRETEXTOS”. Codirige el Café Literario “Buenos Aires Poesía” (desde 2006). Codirige el Encuentro Latinoamericano de Poesía “Reunión de Voces” (desde 2006). Publicó las siguientes plaquetas: Collage interior, Azul eclipse, Milagros y melancolías, Treguas cotidianas, Ventana al olvido y Entre nosotros; además posee un libro de foto-poemas: Perfiles del alma. En coautoría: Pasajeros del penúltimo tren (2007) y Ronda de Pretextos (2007). Tiene editados tres poemarios: “AguaLuna” (2002); “Destinatario” (2005) y “La vida es otra cosa” (2008). Ha obtenido numerosos premios por su labor poética e integra varias Antologías en Argentina y España.