POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 234/2011
“Un poema debe tener el sonido correcto…
no me refiero al sonido como decoración
o elaboración, como ‘magia verbal’, sino
al sonido relacionado con lo que podría
denominarse la musculatura de la propia voz,
la verdadera cadencia con la que se avanza.”
Seamos Heany
Poeta invitada: MARIANA BERNÁRDEZ (*)
Desazonado el corazón
busca transparencia
Tanto tropiezo
deja su huella
templa intensidad
en arcos de piedra
Sendero de brisa
Beso último de la vida
cuando la Nada queda en el cuerpo.
Si el cuerpo pudiera sanar su fondo de arrecife
su revoloteo en mareo
el golpe de insomnio sólo sería cifra
para adivinar el rayo ajeno
de pan en la mesa
Si fuera ofrenda capaz de limpiar el olvido
musgo germinando sombra de orilla
dejaría de encontrar plumaje
entre los jazmines
y se iría andando por la vida.
Huir es adentrarse
cuando el verde inunda los ojos
y los tuyos ahondan en tallo
que no logro vislumbrar
Sonámbula y aterida
con mis sentidos hacia tu cuerpo
lleno la aridez de palabras
y del fulgor queda el sonido
perforando mi memoria diaria
Qué decirte de haber roto el ovillo
o de perder el olfato
o de no haber adivinado la calle
donde estarías
¿Será quizá la cadencia del cuerpo
lo que lleve a bailar a otros ríos
quemarse en cristales
cuyo estupor poco significan
cuando el destino de tu rostro
ilumina las ruinas?
Que no me toque el aire
cuando el agua acuda en humo
y la noche arrulle el vientre
Que no me toque el fuego
en llanto del espejo oblicuo
cuando se agranden los pechos
Que el mundo sea hoja y filo
amparándonos hacia la luz.
El cuerpo lumbre del alba
Desde mí
dejarse vencer por el endolerse del cuerpo
sin saberse ya carne, hueso o polvo
ser herida por donde el día es más que altura
y respirar en el primer latido del mundo
más que músculo rasgado o seno desterrado
lo que consuela desde lo íntimo
es saberse no sola entre los vivos y los muertos.
Desde los ojos
tener por certeza lo incierto
dulce el sabor de la luz al derretirse hacia el centro
todavía más miel el bosque que te resguarda
desde su propia mirada
porque sorprenden los colores que le fluyen
aún de guardarse entre sábanas
ahí donde se comienza por animar la tregua:
café de tierra
verdes indecibles
o negros abriendo chispa
todos acortando la distancia entre la respiración
cuando poco hay que entender
o cuando la necesidad de fluir hasta en la gota
es un dilatarse de la pupila en universo
que cobija el entramar de los vivos
que se pierden y se hallan
en cuestión de brevedad
por ejemplo
cuando los dedos se enlazan
o cuando arrullan la mejilla
haciendo sentir la chispa primaria del fuego.
Milagro el reírse
y sentir el aire recorriendo las cavernas del cuerpo
Biendime que sólo es posible salvarse en los demás
Biendíceme en la cadencia del pensamiento
que no necesita hilarse en voz
Bienpronúnciame que demasiado tremar es todo
para quedarse aterido en la estrechez
y nunca es demasiado ni suficiente
cuando se trata de palpitar en la vida
y confieso
poco humilde mantenerse en ella
con anhelo devorador.
Es en el sopor entre el sueño y el despertar
cuando se tiende un hilo
abismo que pareciera no serlo
salvo en la cuchilla de la razón que separa y ordena
para sostener el alma de tanta quebradura incierta
Así se añoran los días sin angustia o el caer de la tarde
en abrevaderos de nubes
tras el humo
que ya no se canta
Demasiada luz en los ojos
estos ojos tuyos que podrían jurar que bailaron
alrededor del desierto
otras vidas
otros tiempos
tanto ser feliz y tanto serlo
para olvidar su resplandor en la piel.
A veces el cuerpo recuerda
en un reconocerse hacia lo hondo
cuando se despoja de un pesar
que se acumula insignificante
y quisiera con su soplo recorrer
las almenas de otros ojos
los tuyos quizá de un almendro aún granate
resina de un árbol apenas intuido
¿a dónde van las raíces cuando huyen de la luz?
¿dónde se lava la culpa cuando se sabe
que no hay palabras que la limpien?
¿acaso no son las heridas las que van abriendo
la unidad del latido
y nos hacen cada vez más
fragmento astilla polvo carne hueso y músculo?
¿transparentes demasiado transparentes?
¿quién es lo suficientemente puro para borrar todo trazo?
Y es de noche
irrumpe el ruido infernal de una alarma
En el piso los zapatos dispersos
miro ese par que siempre quiero poner
como si al hacerlo
pudiera andar la vida de forma diferente.
Qué buscamos
cuando se anda en vuelo de verdad
porque la razón ha mucho llora aterida en nube
Tal vez se encuentren imágenes persistentes
llaves que no abren cerrojos
y que en su generosidad entreguen
la negación de respuesta
la certeza del asombro inmenso de respirar
Simple acto
la ventana
que espera un cuerpo
que mire tras de sí
la ciudad extendiéndose.
Despertar: Alegría
Baile cuyos movimientos festejan cada milímetro de piel
y en la cama la sábana aguarda el suave desprendimiento
cerradura de entonces y para siempre
porque nada es suficiente para colmarse de vida...
Del espasmo del abdomen
poco a poco recorrer el cuerpo
este músculo es mío
esta costilla
el gluteo y la redondez del vientre
Cuerpo ven
déjame anidarte otra vez
aún hay tanto beso esperándonos
déjame poblarte
que hay aliento en muchas montañas más.
Extraños los círculos donde aparecen las manos
los dedos se enlazan
pues es en el tacto donde por vez primera
se reconocen quienes antes ya se sabían
Breve movimiento donde se actualiza la posibilidad
cuando los ojos se asombran ante la apertura de la tierra
o se recogen
en el aún más breve
pero intenso
roce de la piel.
En el tacto pulsa
el ser de uno y del otro
y no querer escribir
por no decir lo tanto que se vive:
el paso del día
lentitud que no engaña
la presencia del derredor.
Tocas mi cuerpo para regresarlo a lo nuestro
despierta la piel de su somnolencia
atemorizada de sentir dolor
se retrae en el roce de tus dedos
que suaves delinean
los contornos del goce que habita
Reclaman
hasta desbocarnos en ánimos oscuros
Se desganan
en el espasmo de las entrañas
en el llanto que arrecia cual monzón
Cuerpo, cuerpo mío, necesito de ti para estar.
(*) Mariana Bernárdez: nació en México, D.F. (México) en 1964. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad Anáhuac obteniendo el título de licenciatura con la tesis: La comunicación intersubjetiva en Ortega y Gasset, posteriormente realizó la maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana logrando el grado con la tesis: La teoría poética en "Cancionero y Romancero de Ausencias" de Miguel Hernández; y el doctorado con el trabajo de investigación: María Zambrano: acercamiento a una teoría poética de la aurora. Actualmente realiza estudios de postgrado por la misma universidad en filosofía. Algunos de los suplementos y revistas con los que ha colaborado son: El Semanario de Novedades, Macrópolis, Siempre, Blanco Móvil, Literal, Hojas de sal, La Jornada Semanal, Periódico de Poesía, Pasto Verde, Casa del Tiempo, entre otros. Su obra poética publicada: “Tiempo detenido” (edición de autor, 1987); “Desvelos quiméricos” (incluido en el libro colectivo Labrar en la tinta de Latina Imprenta Editorial, UAM y UNAM, 1988); “Rictus” (Colección Cuadernos del Nigromante del CNCA-INBA, UAM y Juan Pablos Editor, 1990); “Nostalgia de vuelo” (en la Colección Correo Menor de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa, 1991); “Luz derramada” (La Máquina Eléctrica Editorial, 1993); “Réquiem de una noche” (plaqueta, Colección La Hoja Murmurante, Editorial La Tinta de Alcatraz, 1993); “El agua del exilio” (Colección El Ala del Tigre, UNAM 1994); “Incunable” (Colección Molinos de Viento, Dirección de Difusión Cultural de la UAM, 1996); “Liturgia de águilas” (Colección José Yurrieta Valdés, Universidad Autónoma del Estado de México y Editorial La Tinta del Alcatraz, 2000); “Sombras del fuego” (Colección Punto Fino, coedición del IPN, Fundación Alejo Peralta y SEESIME, 2000); y “Alba de danza” (Colección la Otra Orilla, coedición de Enkidu Editores y Ediciones del lirio, 2000). Libros de ensayo publicados: María Zambrano: acercamiento a una poética de la aurora, México: Colección Alter Texto: Teoría y Crítica del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, 2004. La espesura del silencio, ganador de la convocatoria abierta en género de ensayo del Instituto Mexiquense de Cultura 2004, colección Cruce de Milenios, crónica de nuestros días. México, 2005. Bailando en el pretil, México: Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, 2007.
viernes, 26 de febrero de 2010
Poemania Nº 233 - Tatiana Olavarría
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 233/2011
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”
Aristóteles
Poeta invitada: TATIANA OLAVARRIA (*)
Del libro “Estaciones del Paraíso”
POESIA
La cárcel de mis huesos
lleva atrapado
un pájaro que sueña.
PARAISO
Árbol frondoso
pleno de primaveras,
trepo ramas olorosas
me alimentan
tus frutos
y gimes
con mi hambre.
ESTRELLAS
El cielo
es el manto
acribillado
de la Tierra.
Por los agujeros
veo la luz
del Universo.
CIELO ADENTRO
Se ha cerrado el círculo
nada cabe
entre tu cuerpo y el mío.
Somos
otro planeta
navegando asombrados
cielo adentro.
PECADO ORIGINAL
Caigo de bruces
sobre tu territorio
crucificado mi cuerpo
a tu madero.
Inmóvil la muerte
lame
corteza de huesos.
ESPEJO
Con la punta de mi seno
dibujo un girasol
en medio de tu pecho, a hurtadillas,
entro por él
temblando.
SEDIENTA BOCA ABIERTA A LA LLOVIZNA
Peces deshojados
resbalan
por el arcoiris del sol
hasta mi lengua.
ALMENDRA JUGOSA
Introduzco
mi lengua en el fruto
su ovaladura
resbala
lenta
por mis manos,
me lleno la boca
de amargo
dulzor.
AHUYENTAMOS LA MUERTE
Un gallo aletea
al noreste anular
de tu sangre estrangulada;
recoges mi corazón
pendiente abajo
y nos vamos gozosos,
impuros,
alborotados
temblando
sollozantes,
sin ritos
ni misterios
ahuyentamos
la muerte.
MUERDO CERROJOS
Desato
las manecillas del reloj,
encierro en su esfera
la rutina.
Dejo escapar mis sueños
por todas las cerraduras
del día.
FLORES EN EL OJO DE LA LLUVIA
a Sola Sierra
Ellas bailan solas
entre sus pechos la ausencia muerde
marchitas flores
que nunca llegan a destino.
Bajo esa mirada triste
el sol desaparecido
esconde lágrimas gastadas.
En el gris murmullo
de la memoria.
Ellas bailan con la sombra
angustia apretujada entre los dientes,
retratos amarillean de domingos
en la plaza cercana
mientras el tiempo con su lluvia
dibuja estrellas ciegas
en los ojos
y las manos.
(*)Tatiana Olavaria Araya: nació en Chile, en 1949. Escritora, profesora normalista, gerontóloga. En sus actividades literarias he recorrido Chile de Norte a Sur, también ha visitado algunos países latinoamericanos invitada a leer sus trabajos de Cuento, Poesía y Dramaturgia. Participó en numerosos Encuentros de Escritores, Ferias del Libro, Mesas de Discusión sobre Cultura y Literatura, Dirección de Talleres Literarios. Organiza y dirige presentaciones de libros, lecturas de Poesía en la Sociedad de Escritores de Chile, Biblioteca Nacional, Institutos Culturales, etc. Ha gestionado la preparación, publicación y presentación de libros. Se le ha encargado la lectura de poesía de otros poetas, en la Sociedad de Escritores de Chile, Radios, Embajadas, Institutos Culturales, Bibliotecas, Colegios y Municipalidades. Participó como jurado en diversos certámenes. Su obra ha sido recogida en diversas antologías y revistas editadas en su país natal como Perú, México, Argentina, Brasil, Alemania.
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 233/2011
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”
Aristóteles
Poeta invitada: TATIANA OLAVARRIA (*)
Del libro “Estaciones del Paraíso”
POESIA
La cárcel de mis huesos
lleva atrapado
un pájaro que sueña.
PARAISO
Árbol frondoso
pleno de primaveras,
trepo ramas olorosas
me alimentan
tus frutos
y gimes
con mi hambre.
ESTRELLAS
El cielo
es el manto
acribillado
de la Tierra.
Por los agujeros
veo la luz
del Universo.
CIELO ADENTRO
Se ha cerrado el círculo
nada cabe
entre tu cuerpo y el mío.
Somos
otro planeta
navegando asombrados
cielo adentro.
PECADO ORIGINAL
Caigo de bruces
sobre tu territorio
crucificado mi cuerpo
a tu madero.
Inmóvil la muerte
lame
corteza de huesos.
ESPEJO
Con la punta de mi seno
dibujo un girasol
en medio de tu pecho, a hurtadillas,
entro por él
temblando.
SEDIENTA BOCA ABIERTA A LA LLOVIZNA
Peces deshojados
resbalan
por el arcoiris del sol
hasta mi lengua.
ALMENDRA JUGOSA
Introduzco
mi lengua en el fruto
su ovaladura
resbala
lenta
por mis manos,
me lleno la boca
de amargo
dulzor.
AHUYENTAMOS LA MUERTE
Un gallo aletea
al noreste anular
de tu sangre estrangulada;
recoges mi corazón
pendiente abajo
y nos vamos gozosos,
impuros,
alborotados
temblando
sollozantes,
sin ritos
ni misterios
ahuyentamos
la muerte.
MUERDO CERROJOS
Desato
las manecillas del reloj,
encierro en su esfera
la rutina.
Dejo escapar mis sueños
por todas las cerraduras
del día.
FLORES EN EL OJO DE LA LLUVIA
a Sola Sierra
Ellas bailan solas
entre sus pechos la ausencia muerde
marchitas flores
que nunca llegan a destino.
Bajo esa mirada triste
el sol desaparecido
esconde lágrimas gastadas.
En el gris murmullo
de la memoria.
Ellas bailan con la sombra
angustia apretujada entre los dientes,
retratos amarillean de domingos
en la plaza cercana
mientras el tiempo con su lluvia
dibuja estrellas ciegas
en los ojos
y las manos.
(*)Tatiana Olavaria Araya: nació en Chile, en 1949. Escritora, profesora normalista, gerontóloga. En sus actividades literarias he recorrido Chile de Norte a Sur, también ha visitado algunos países latinoamericanos invitada a leer sus trabajos de Cuento, Poesía y Dramaturgia. Participó en numerosos Encuentros de Escritores, Ferias del Libro, Mesas de Discusión sobre Cultura y Literatura, Dirección de Talleres Literarios. Organiza y dirige presentaciones de libros, lecturas de Poesía en la Sociedad de Escritores de Chile, Biblioteca Nacional, Institutos Culturales, etc. Ha gestionado la preparación, publicación y presentación de libros. Se le ha encargado la lectura de poesía de otros poetas, en la Sociedad de Escritores de Chile, Radios, Embajadas, Institutos Culturales, Bibliotecas, Colegios y Municipalidades. Participó como jurado en diversos certámenes. Su obra ha sido recogida en diversas antologías y revistas editadas en su país natal como Perú, México, Argentina, Brasil, Alemania.
Poemania Nº 232 - Héctor Berenguer
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 232/2011
“La primera tarea del hablado por la poesía ha sido nombrar las cosas, las cosas que no son las cosas sin las palabras. Pienso que el realmente hablado por la poesía es el que sigue y seguirá nombrando las cosas, es decir cambiándolas, transformándolas continuamente. La poesía es renovación, subversión permanente.
Ricardo Zalarayán
Poeta invitado: HÉCTOR BERENGUER (*)
PEQUEÑA PALABRA
La palabra
se inclina al abismo
y genera tierra firme,
después es el lado oculto
del silencio
hasta su alumbramiento.
Vivir es la vergüenza
del intruso
en la casa de un dios desconocido.
DARWINIANA
El hombre
es una ausencia
que sucede
a la par del hombre,
aunque a veces
todos lloramos
las mismas lágrimas.
La vida ocurre
como una eternidad vacía
y ya no hay lugar
para morir de ser humano
ni un hueco
para salir a tiempo
del incendio de la especie,
del ser un yo
cautivo
que lucha por ser otro
y desespera.
LA GAVIOTA
La gaviota cae
veloz de su sueño
en la redonda ola
llegada de tan lejos,
sin dirección ninguna.
Maravilloso movimiento
dentro del océano
de la quietud.
LOS DESTERRADOS
Un día
besaremos largamente
la tierra
después de tanta separación
tomaremos las viejas herramientas
olvidadas
algunas semillas esenciales
y los pocos animales
que hayan quedado.
Sin darnos cuenta
del tiempo transcurrido
de la larga travesía.
Del viejo yo
al nuevo que adviene
saldremos del arca.
Un nuevo hombre en un nuevo día.
MAÑANA DE OCTUBRE
¿Quién levantó mi cuerpo
esta mañana?
Lo sostuvo de la nada
contra la gravedad
como se yergue un árbol
de la tierra.
Alguien sin nombre
anduvo por allí,
por esas calles
tocando el cielo con mis manos,
abrió el abismo
como una puerta compartida,
entonces supe
que estuve cerca
de haberme conocido.
MUTACIONES
El agua quiere ser pez
el pez quiere volar y ser pájaro,
el pájaro quiere caminar y ser hombre,
el hombre quiere volar y ser dios.
Todas las cosas,
todos los seres
en algún momento
mudan su natural condición,
para ser otras.
De esta apasionada impaciencia
surge el mimetismo ancestral de la danza
y el canto ritual de la poesía,
jubilo y desgarramiento.
LLUVIA
La cosecha del agua
son estas palabras
deslumbradas,
mínima semillas
de la fiesta
que traspasan
toda noción de lo que somos
para unir en un instante
de inocencia
el cielo con la tierra.
MIRADA POÉTICA
A Armando Raúl Santillán
Ese mirar constante
al centro del dolor,
ese mirar desde la mortalidad
con ojos de hambre
fijos
en la suprema desnudez.
Nada nos cura de ese mirar
que nos ha herido de otra luz
que ya no conjura la palabra
pero penetra como el mago en la desolación,
y súbitamente hace posible
amar
en medio de la miseria humana.
TRAICION DE LOS ESPEJOS
Nadie es igual
ante un espejo.
Nos mira
fugaz,
la historia plural
de todo hombre.
Uno se inventa
ante sus múltiplos
y no se reconoce.
¿Habrá un lugar
donde construir
la propia ausencia?
ADVENIMIENTO DEL POEMA
Regresas inerme
ante el prodigio,
desaparece
toda noción de poder
sobre el lenguaje.
No hay otro milagro
que esa mónada de vida
que se abre
y que transcribes
disolviéndote
en lo que suceda,
hasta el fin
de las palabras.
(*) Héctor Berenguer: nació en la ciudad de Rosario (Santa Fe, Argentina) en 1948. Poeta y ensayista, ha publicado muchas de sus obras en revistas especializadas y antologías de distintas partes del mundo. Durante la década del ’60 incursionó en distintas revistas y publicaciones: “Grupo Literario 5”, “Runa”, entre otras. En los años ’70 durante la dictadura, compartió una experiencia de vida comunitaria rural dedicada al estudio y al trabajo. De su producción reciente en antologías, podemos citar “Café con letras” (Editorial Municipal de Rosario), “Poetas de Rosario: desde la otra orilla” (Editorial Granada literaria, Ayundamiento de Granada), entre otras. Editó los libros de poemas “Marcas del agua” (Editorial La Cachimba, 2001) y “Entre la nada y el asombro” (Editorial Linguafranca, 2007). Como gestor cultural ha desarrollado una amplia tarea, entre las cuales caben destacar: “Hermanamiento poético Granada/Rosario” (con el poeta granadino Pedro Enríquez); coordina el ciclo “Poesía en El Círculo” en el Teatro El Círculo de la ciudad de Rosario y la llamada “Semana de las letras y la lectura”, encuentro internacional y nacional de poesía. Reside en su ciudad natal.
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 232/2011
“La primera tarea del hablado por la poesía ha sido nombrar las cosas, las cosas que no son las cosas sin las palabras. Pienso que el realmente hablado por la poesía es el que sigue y seguirá nombrando las cosas, es decir cambiándolas, transformándolas continuamente. La poesía es renovación, subversión permanente.
Ricardo Zalarayán
Poeta invitado: HÉCTOR BERENGUER (*)
PEQUEÑA PALABRA
La palabra
se inclina al abismo
y genera tierra firme,
después es el lado oculto
del silencio
hasta su alumbramiento.
Vivir es la vergüenza
del intruso
en la casa de un dios desconocido.
DARWINIANA
El hombre
es una ausencia
que sucede
a la par del hombre,
aunque a veces
todos lloramos
las mismas lágrimas.
La vida ocurre
como una eternidad vacía
y ya no hay lugar
para morir de ser humano
ni un hueco
para salir a tiempo
del incendio de la especie,
del ser un yo
cautivo
que lucha por ser otro
y desespera.
LA GAVIOTA
La gaviota cae
veloz de su sueño
en la redonda ola
llegada de tan lejos,
sin dirección ninguna.
Maravilloso movimiento
dentro del océano
de la quietud.
LOS DESTERRADOS
Un día
besaremos largamente
la tierra
después de tanta separación
tomaremos las viejas herramientas
olvidadas
algunas semillas esenciales
y los pocos animales
que hayan quedado.
Sin darnos cuenta
del tiempo transcurrido
de la larga travesía.
Del viejo yo
al nuevo que adviene
saldremos del arca.
Un nuevo hombre en un nuevo día.
MAÑANA DE OCTUBRE
¿Quién levantó mi cuerpo
esta mañana?
Lo sostuvo de la nada
contra la gravedad
como se yergue un árbol
de la tierra.
Alguien sin nombre
anduvo por allí,
por esas calles
tocando el cielo con mis manos,
abrió el abismo
como una puerta compartida,
entonces supe
que estuve cerca
de haberme conocido.
MUTACIONES
El agua quiere ser pez
el pez quiere volar y ser pájaro,
el pájaro quiere caminar y ser hombre,
el hombre quiere volar y ser dios.
Todas las cosas,
todos los seres
en algún momento
mudan su natural condición,
para ser otras.
De esta apasionada impaciencia
surge el mimetismo ancestral de la danza
y el canto ritual de la poesía,
jubilo y desgarramiento.
LLUVIA
La cosecha del agua
son estas palabras
deslumbradas,
mínima semillas
de la fiesta
que traspasan
toda noción de lo que somos
para unir en un instante
de inocencia
el cielo con la tierra.
MIRADA POÉTICA
A Armando Raúl Santillán
Ese mirar constante
al centro del dolor,
ese mirar desde la mortalidad
con ojos de hambre
fijos
en la suprema desnudez.
Nada nos cura de ese mirar
que nos ha herido de otra luz
que ya no conjura la palabra
pero penetra como el mago en la desolación,
y súbitamente hace posible
amar
en medio de la miseria humana.
TRAICION DE LOS ESPEJOS
Nadie es igual
ante un espejo.
Nos mira
fugaz,
la historia plural
de todo hombre.
Uno se inventa
ante sus múltiplos
y no se reconoce.
¿Habrá un lugar
donde construir
la propia ausencia?
ADVENIMIENTO DEL POEMA
Regresas inerme
ante el prodigio,
desaparece
toda noción de poder
sobre el lenguaje.
No hay otro milagro
que esa mónada de vida
que se abre
y que transcribes
disolviéndote
en lo que suceda,
hasta el fin
de las palabras.
(*) Héctor Berenguer: nació en la ciudad de Rosario (Santa Fe, Argentina) en 1948. Poeta y ensayista, ha publicado muchas de sus obras en revistas especializadas y antologías de distintas partes del mundo. Durante la década del ’60 incursionó en distintas revistas y publicaciones: “Grupo Literario 5”, “Runa”, entre otras. En los años ’70 durante la dictadura, compartió una experiencia de vida comunitaria rural dedicada al estudio y al trabajo. De su producción reciente en antologías, podemos citar “Café con letras” (Editorial Municipal de Rosario), “Poetas de Rosario: desde la otra orilla” (Editorial Granada literaria, Ayundamiento de Granada), entre otras. Editó los libros de poemas “Marcas del agua” (Editorial La Cachimba, 2001) y “Entre la nada y el asombro” (Editorial Linguafranca, 2007). Como gestor cultural ha desarrollado una amplia tarea, entre las cuales caben destacar: “Hermanamiento poético Granada/Rosario” (con el poeta granadino Pedro Enríquez); coordina el ciclo “Poesía en El Círculo” en el Teatro El Círculo de la ciudad de Rosario y la llamada “Semana de las letras y la lectura”, encuentro internacional y nacional de poesía. Reside en su ciudad natal.
Poemania Nº 231 - Bibi Albert
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 231/2011
“Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad,
para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales.”
Filippo Marinetti
Poeta invitada: BIBI ALBERT (*)
Confesión
¿Lo que mata… es la humedad?
Me gusta la humedad.
Hay como un sentimiento
palpitante en lo húmedo,
un aliento de vida.
Me gusta la humedad en las miradas,
me gusta la humedad entre los cuerpos
y la sal florecida en las axilas.
Me gusta la que pone
sonrisas en mi pelo.
Y en mi cara, que agradece
el suspiro de las nubes.
Me gusta la humedad en los hocicos.
Y en las cocinas
donde aplaude por horas
la tapa de la olla.
Me conmueven los besos buceadores,
los pies que no borraron su memoria de charcos,
los espejos que revelan corazones dibujados
y hasta la fauna misteriosa que odia al sol.
El olor a tierra. Los zapatos
que recién en la lluvia se convierten en míos.
Amo mi nunca a secas soledad.
Y más que nada amo
la humedad de tu voz.
De tu voz envolvedora, hospitalaria,
secreta, escandalosa,
procaz, desnudadora
por la que mi mano podría deslizarse
hasta encontrar el ancla de tus miedos de hombre.
Me gusta esa humedad.
Lo único que queda de nosotros.
Retrato
Tenías una boca tan frambuesa
que parecía paspada para siempre.
Y una frente orgullosa
harta de inconformismos.
Y unos ojos
en los que el mar cargaba transparencia.
Y unas manos de nido
en que posabas suave tu gesto majestuoso.
Tenías un abrazo inexpugnable.
Tenías un perdón
guardado en el bolsillo de la angustia
con pelusas de espera para siempre.
Y ningún sueño.
Y te dolía el parto de tu risa.
No sabías jugar
al juego de la vida.
Se te notaba el ruego
que nunca pronunciaste
porque no es distinguido
soñar felicidad.
Se te veía el aura
reclamando,
tirándote del pelo.
La cuna
La cuna no descansa.
Inicia su vaivén de barco viejo
cuando no le pesamos más que un gato
y no para jamás.
Se convierte en un tren,
en un caballo,
en sexo manso y loco.
Nos mantiene
en el latido de los días,
en el compás de los relojes y el planeta,
en el vibratto
que no deja al corazón
desafinar su insomnio
ni desmayar la flor de su vigilia.
Nos atropella cuando lo necesitamos,
es aerosilla que nos cruza el precipicio,
carro de vuelta al mundo
si queremos
ver hormiga al gigante de los miedos.
La cuna no descansa.
Y hasta sabe ser brazos
-los brazos de mamá-
cuando creemos
que ya no le cabemos a la cuna
color rosa merengue de la melancolía.
Allí, entre esos brazos de mamá
sin edad, sin preguntas,
que nos mecen y mecen
con ternura infinita y sin apuro,
con el perfecto ritmo del perfecto consuelo,
tenemos aquel mínimo peso del principio
aunque sobren las piernas desmañadas
y se nos caigan de la falda los errores.
Tenemos todavía, en esos brazos,
no importa si palpables o de nube,
permiso de llorar hasta agotarnos
y quedarnos dormidos arrullados
por esa cuna que jamás descansa.
Caos de corazones
Amordacemos a los profetas
no sea cosa que cada día uno de ellos prevenga
una apocalipsis nueva.
Theodosio Andrés Barrios
No sea cosa que el fin del mundo,
no sea cosa que otro planeta,
no sea cosa.
Predicciones de bolsillo se cumplieron:
futurólogos del miedo
que nos saben convencer por dos monedas
y así hacemos lo posible por que ocurra
lo que menos queremos,
masoquistas disfrazados de corderos.
Yo predigo que el amor todo lo puede
y no te cobro nada, ni un abrazo
(aunque mal no vendría).
El amor sí que sabe.
Solamente tenemos que abrir el corazón
para que funde en él,
como un carozo tierno,
la luna del encuentro
en que crezcamos.
Todo bien
Tranquila, vos tranquila.
“Las bendiciones han sido concedidas”.
Hay dos dedos de amor en cada copa.
Está servido el día y canta el viento.
Tranquila, vos tranquila.
El sol ya te encontró
y le gustó tu casa.
Está pintando todo de ternura
aunque cuartee barnices y destiña
los gatos colorados de tus sábanas.
Tus ojos saben todo.
Dejalos escribir en la ventana.
Alfonsina y el dar
Dónde estos dedos rojos de aferrar lo inasible.
Cuándo la voz transida de ángel roto.
Cómo esta memoria sin cintura y sin lunas.
Qué si de amor se trata lo que nada se trata.
Quién regodearse de verdades truncas.
Cuánto el color del manto de abrigar esperanzas,
las que no necesitan
-para dejar de tiritar sudores-
más que a la primavera de sombrero
para siempres y nuncas,
para todos y nadie,
para tanto y tan poco,
para aquí, justo aquí,
en el medio del lejos,
para esto y aquello y tan ajeno
que yo
no estoy
ni para mí,
avisale avisame
que no venga.
Hijos del rigor
Si somos todos hijos del rigor,
¿el rigor de quién es hijo?
Durante nueve años,
cada mañana el grito.
Hasta que decidí ser terrorista
y los dejé
con una bomba de silencio.
Se les ensordeció por siempre la sordera.
Se les descuartizó la prepotencia.
Y, como eran sólo eso,
para reconstruir el hecho
no quedó ni el olvido.
Y fue incondicional mi libertad.
Batelera
Suena afuera, suena adentro,
suena dibujándome,
suena en silencio y a todo lo que da.
Suena cuando sueno,
suena cuando duermo,
suena ahora que quiero
escribir el poema de la música que suena.
Es mi canción olvidada,
recordada siempre,
la primordial, la que me hacía
navegar en el kayak
de los brazos de mi abuela,
la que me columpiaba
dándome una vuelta entera,
la que me invitaba
a girar y girar hasta caerme,
la del tempo punto santa rosa
de las bufandas que nunca terminaba,
la que nunca se apaga,
la que me calla,
la que canto limpiando,
cocinando, caminando, en el espejo,
la que me despierta
despacito, despacito,
sabiendo que no es bueno zamarrearme,
la que nadie conoce,
la que quizás nunca existió,
la que es sueño del cuadro
de la infancia que invento,
la que es mía.
Deriva
Desanclada, sí, amigo.
Es ésa la palabra.
Ando sin hacer pie,
sin detenerme un poco
y afirmarme
para adueñarme del rumbo
y de mis velas, de mi viento.
Como si me hubieran
hachado la mirada.
Maniatado los brazos.
Arrancado las braquias
a babor y estribor.
Desanclada la fe,
que con su ser de tul tiene bastante.
Desanclado el amor
que hace la plancha
desangrándose
entre los tiburones del olvido.
Es que confundo el ancla con la cruz
y pesa tanto
que no sé revolearla
hasta enganchar la nube
que me lleve a esquiar
sobre el espejo
donde verme gigante, en perspectiva.
Y de ojos azules de horizonte.
Y de coral el corazón
custodiando el tesoro
que no encuentro,
del que no tengo mapa,
pero que nadie tocará
hasta que yo ancle en mí,
y gane el juego.
Manipular con cuidado
Durante años y años me llenaron
el pecho de medallas.
Todas decían lo mismo: vos sos fuerte.
Tantas fueron
que se me amalgamaron en escudo
con el que nunca hice la guerra pero sí el amor
y es difícil ir al frente sin batalla
y el amor con escudo sale pero no vuelve.
Sin embargo, ni el ejército del No pudo conmigo.
Nada fue bastante obstáculo. Ni hubo mar que no cruzara
dividiendo las aguas con mis botas de atlante
ni pregunta sin red que me asustara.
Valiente, soy valiente -me decía-, no fuerte.
No soy fuerte, mírenme cómo miro,
cómo gritan mis hombros, cómo anegan mi risa
estos ojos de arroyo saliéndose del cauce
como un potro de sal huyendo del azufre.
Y me tallé en paciencia.
Y me forjé en sentencias y aforismos.
Y fundé propia biblia.
Y oxidé las cadenas del puente levadizo
para no ser princesa cautiva de mí misma.
Y seguí caminando, a través del sadismo
de los vientos que empujan o tacklean.
Y de todo mi cuerpo
me quedé con la intemperie de mis manos,
que saben cargar plumas incendiadas,
ser manantiales tibios
y torcerse en turbantes de atenuar
los golpes incesantes de la pena.
Y fui feliz, pecado imperdonable.
Felicidad chiquita pero mía, mi obra,
mi magia de reconocimientos e inventarios.
Hasta que halló una hendija la venganza
de los light de corazón.
Y mi fragilidad -la que clamaba, la que nadie creyó
porque condecorarme era mucho más fácil que escucharme-,
dejó su rol de enagua y me mostró desnuda,
mis medallas mentidas arrancadas, violadas,
boomerangs afilados degollando la fábula,
desangrando el espejo,
incrustando mis rosas.
Ahora, rota, jadeando,
latiendo el equilibrio en que ando sin bordes,
soy el vértigo y el miedo y el peligro.
Y también el abismo.
(*) Bibi Albert: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1944. Autora, escritora y poeta. Licenciada en publicidad agregada de la Facultad de Letras de la Universidad del Salvador, descubrió a través de su profesión su vocación por la literatura. Tuvo grandes maestros en ambas disciplinas: Héctor Viel Temperley y Pocho Lapouble, respectivamente. Forma parte del Grupo Literario Pretextos, y es co-organizadora de su café literario mensual, y del Encuentro Anual Iberoamericano de Poesía “Reunión de Voces”. Editó el libro “Música y Letra” y participó de la antología “Ronda de Pretextos”, publicado en el año 2007. Reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 231/2011
“Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad,
para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales.”
Filippo Marinetti
Poeta invitada: BIBI ALBERT (*)
Confesión
¿Lo que mata… es la humedad?
Me gusta la humedad.
Hay como un sentimiento
palpitante en lo húmedo,
un aliento de vida.
Me gusta la humedad en las miradas,
me gusta la humedad entre los cuerpos
y la sal florecida en las axilas.
Me gusta la que pone
sonrisas en mi pelo.
Y en mi cara, que agradece
el suspiro de las nubes.
Me gusta la humedad en los hocicos.
Y en las cocinas
donde aplaude por horas
la tapa de la olla.
Me conmueven los besos buceadores,
los pies que no borraron su memoria de charcos,
los espejos que revelan corazones dibujados
y hasta la fauna misteriosa que odia al sol.
El olor a tierra. Los zapatos
que recién en la lluvia se convierten en míos.
Amo mi nunca a secas soledad.
Y más que nada amo
la humedad de tu voz.
De tu voz envolvedora, hospitalaria,
secreta, escandalosa,
procaz, desnudadora
por la que mi mano podría deslizarse
hasta encontrar el ancla de tus miedos de hombre.
Me gusta esa humedad.
Lo único que queda de nosotros.
Retrato
Tenías una boca tan frambuesa
que parecía paspada para siempre.
Y una frente orgullosa
harta de inconformismos.
Y unos ojos
en los que el mar cargaba transparencia.
Y unas manos de nido
en que posabas suave tu gesto majestuoso.
Tenías un abrazo inexpugnable.
Tenías un perdón
guardado en el bolsillo de la angustia
con pelusas de espera para siempre.
Y ningún sueño.
Y te dolía el parto de tu risa.
No sabías jugar
al juego de la vida.
Se te notaba el ruego
que nunca pronunciaste
porque no es distinguido
soñar felicidad.
Se te veía el aura
reclamando,
tirándote del pelo.
La cuna
La cuna no descansa.
Inicia su vaivén de barco viejo
cuando no le pesamos más que un gato
y no para jamás.
Se convierte en un tren,
en un caballo,
en sexo manso y loco.
Nos mantiene
en el latido de los días,
en el compás de los relojes y el planeta,
en el vibratto
que no deja al corazón
desafinar su insomnio
ni desmayar la flor de su vigilia.
Nos atropella cuando lo necesitamos,
es aerosilla que nos cruza el precipicio,
carro de vuelta al mundo
si queremos
ver hormiga al gigante de los miedos.
La cuna no descansa.
Y hasta sabe ser brazos
-los brazos de mamá-
cuando creemos
que ya no le cabemos a la cuna
color rosa merengue de la melancolía.
Allí, entre esos brazos de mamá
sin edad, sin preguntas,
que nos mecen y mecen
con ternura infinita y sin apuro,
con el perfecto ritmo del perfecto consuelo,
tenemos aquel mínimo peso del principio
aunque sobren las piernas desmañadas
y se nos caigan de la falda los errores.
Tenemos todavía, en esos brazos,
no importa si palpables o de nube,
permiso de llorar hasta agotarnos
y quedarnos dormidos arrullados
por esa cuna que jamás descansa.
Caos de corazones
Amordacemos a los profetas
no sea cosa que cada día uno de ellos prevenga
una apocalipsis nueva.
Theodosio Andrés Barrios
No sea cosa que el fin del mundo,
no sea cosa que otro planeta,
no sea cosa.
Predicciones de bolsillo se cumplieron:
futurólogos del miedo
que nos saben convencer por dos monedas
y así hacemos lo posible por que ocurra
lo que menos queremos,
masoquistas disfrazados de corderos.
Yo predigo que el amor todo lo puede
y no te cobro nada, ni un abrazo
(aunque mal no vendría).
El amor sí que sabe.
Solamente tenemos que abrir el corazón
para que funde en él,
como un carozo tierno,
la luna del encuentro
en que crezcamos.
Todo bien
Tranquila, vos tranquila.
“Las bendiciones han sido concedidas”.
Hay dos dedos de amor en cada copa.
Está servido el día y canta el viento.
Tranquila, vos tranquila.
El sol ya te encontró
y le gustó tu casa.
Está pintando todo de ternura
aunque cuartee barnices y destiña
los gatos colorados de tus sábanas.
Tus ojos saben todo.
Dejalos escribir en la ventana.
Alfonsina y el dar
Dónde estos dedos rojos de aferrar lo inasible.
Cuándo la voz transida de ángel roto.
Cómo esta memoria sin cintura y sin lunas.
Qué si de amor se trata lo que nada se trata.
Quién regodearse de verdades truncas.
Cuánto el color del manto de abrigar esperanzas,
las que no necesitan
-para dejar de tiritar sudores-
más que a la primavera de sombrero
para siempres y nuncas,
para todos y nadie,
para tanto y tan poco,
para aquí, justo aquí,
en el medio del lejos,
para esto y aquello y tan ajeno
que yo
no estoy
ni para mí,
avisale avisame
que no venga.
Hijos del rigor
Si somos todos hijos del rigor,
¿el rigor de quién es hijo?
Durante nueve años,
cada mañana el grito.
Hasta que decidí ser terrorista
y los dejé
con una bomba de silencio.
Se les ensordeció por siempre la sordera.
Se les descuartizó la prepotencia.
Y, como eran sólo eso,
para reconstruir el hecho
no quedó ni el olvido.
Y fue incondicional mi libertad.
Batelera
Suena afuera, suena adentro,
suena dibujándome,
suena en silencio y a todo lo que da.
Suena cuando sueno,
suena cuando duermo,
suena ahora que quiero
escribir el poema de la música que suena.
Es mi canción olvidada,
recordada siempre,
la primordial, la que me hacía
navegar en el kayak
de los brazos de mi abuela,
la que me columpiaba
dándome una vuelta entera,
la que me invitaba
a girar y girar hasta caerme,
la del tempo punto santa rosa
de las bufandas que nunca terminaba,
la que nunca se apaga,
la que me calla,
la que canto limpiando,
cocinando, caminando, en el espejo,
la que me despierta
despacito, despacito,
sabiendo que no es bueno zamarrearme,
la que nadie conoce,
la que quizás nunca existió,
la que es sueño del cuadro
de la infancia que invento,
la que es mía.
Deriva
Desanclada, sí, amigo.
Es ésa la palabra.
Ando sin hacer pie,
sin detenerme un poco
y afirmarme
para adueñarme del rumbo
y de mis velas, de mi viento.
Como si me hubieran
hachado la mirada.
Maniatado los brazos.
Arrancado las braquias
a babor y estribor.
Desanclada la fe,
que con su ser de tul tiene bastante.
Desanclado el amor
que hace la plancha
desangrándose
entre los tiburones del olvido.
Es que confundo el ancla con la cruz
y pesa tanto
que no sé revolearla
hasta enganchar la nube
que me lleve a esquiar
sobre el espejo
donde verme gigante, en perspectiva.
Y de ojos azules de horizonte.
Y de coral el corazón
custodiando el tesoro
que no encuentro,
del que no tengo mapa,
pero que nadie tocará
hasta que yo ancle en mí,
y gane el juego.
Manipular con cuidado
Durante años y años me llenaron
el pecho de medallas.
Todas decían lo mismo: vos sos fuerte.
Tantas fueron
que se me amalgamaron en escudo
con el que nunca hice la guerra pero sí el amor
y es difícil ir al frente sin batalla
y el amor con escudo sale pero no vuelve.
Sin embargo, ni el ejército del No pudo conmigo.
Nada fue bastante obstáculo. Ni hubo mar que no cruzara
dividiendo las aguas con mis botas de atlante
ni pregunta sin red que me asustara.
Valiente, soy valiente -me decía-, no fuerte.
No soy fuerte, mírenme cómo miro,
cómo gritan mis hombros, cómo anegan mi risa
estos ojos de arroyo saliéndose del cauce
como un potro de sal huyendo del azufre.
Y me tallé en paciencia.
Y me forjé en sentencias y aforismos.
Y fundé propia biblia.
Y oxidé las cadenas del puente levadizo
para no ser princesa cautiva de mí misma.
Y seguí caminando, a través del sadismo
de los vientos que empujan o tacklean.
Y de todo mi cuerpo
me quedé con la intemperie de mis manos,
que saben cargar plumas incendiadas,
ser manantiales tibios
y torcerse en turbantes de atenuar
los golpes incesantes de la pena.
Y fui feliz, pecado imperdonable.
Felicidad chiquita pero mía, mi obra,
mi magia de reconocimientos e inventarios.
Hasta que halló una hendija la venganza
de los light de corazón.
Y mi fragilidad -la que clamaba, la que nadie creyó
porque condecorarme era mucho más fácil que escucharme-,
dejó su rol de enagua y me mostró desnuda,
mis medallas mentidas arrancadas, violadas,
boomerangs afilados degollando la fábula,
desangrando el espejo,
incrustando mis rosas.
Ahora, rota, jadeando,
latiendo el equilibrio en que ando sin bordes,
soy el vértigo y el miedo y el peligro.
Y también el abismo.
(*) Bibi Albert: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1944. Autora, escritora y poeta. Licenciada en publicidad agregada de la Facultad de Letras de la Universidad del Salvador, descubrió a través de su profesión su vocación por la literatura. Tuvo grandes maestros en ambas disciplinas: Héctor Viel Temperley y Pocho Lapouble, respectivamente. Forma parte del Grupo Literario Pretextos, y es co-organizadora de su café literario mensual, y del Encuentro Anual Iberoamericano de Poesía “Reunión de Voces”. Editó el libro “Música y Letra” y participó de la antología “Ronda de Pretextos”, publicado en el año 2007. Reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Poemania Nº 230 - Marisa Negri
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 230/2010
“Escoged un material cualquiera, sí, un material cualquiera; no obstante,
un material cualquiera determina la biología del poeta,
la diagnostica; escoged un material cualquiera,
como quien escoge estrellas entre gusanos... "
Pablo de Rokha
Poeta invitada: MARISA NEGRI (*)
De “Caballos de arena” (Nuestra América, 2003)
futhark
una copa de agua para la cabeza de mimir
la vela azul
no lleves nada de metal
no duermas con el viento norte sobre la frente
ahora sí una a una las letras de tu nombre
escucha a tu sombra antes de hablar
nada se puede hacer
si el fuego se consume
dentro de tu corazón asoma el caballo del día
un río de pájaros despierta
alguien hace música en tu cuerpo
el consejo del oráculo es rad
esta vez el viaje no puede compartirse
no apresures la unión de cielo y tierra
el hijo de is viene detrás
su lanza encendida se desangra
no intentes el poder
la batalla es desapego del mundo
saber que somos aliado y enemigo
que siempre es el principio
la batalla es adentro
De “estuario” (Ediciones en Danza, 2008)
su hueserío se desliza por la casa quién seré después de tantas despedidas qué músculo o nave quedará en pie cuando el último rastro de todo lo amado se disgregue en la noche
y ella que no viene se digna a dilatar los crisantemos los lentes negros el nudo va dejando sus hilachas ella arrulla la indolencia hasta dejarnos dormidas
**
ah si tu madre era una reina el aliento del mundo se detenía a su paso y era su boca el cielo y el infierno confundidos la noche del baile tu padre llegó a la madrugada oí entre sueños el runrún de la dkw me despertó agitado conocí una francesita dijo y yo que le leía el peso del alma en la pisada supe que los dioses lo habían elegido la estrella del rockabilly cedía su puesto ahora los mortales tendrían una chance
**
el jugo oscuro de la zarzamora escurriéndose en la boca hablo con la señora del espejo le cuento del ala de mariposa que encontré bajo la piedra y ella ríe con sus labios violáceos su vestido verde la mano hacia atrás se alimenta de polen igual que las abejas o de los frutos rojos del ligustro quiere que vaya más allá del reino al otro lado de la calle una ofrenda de frutos y bolillas del paraíso para permitirme el paso
el jardín delante de la casa el silencio de la siesta en un pueblo de provincias
**
Cómo echar llaves en una casa sin puertas el jardín selva inexpugnable televisión encendida crujido de motores ella ordenaba el caos ella me quería de su lado y no supe no pude lo aprendí más tarde el gesto de la abuela cerrando las persianas delantal cargado de naranjas la jaula vacía los perros el cuarto de planchar no quiero salir no voy a bañarme no debajo de la mesa el mundo es otro mundo la oscuridad huele a alcanfor escribo contra el miedo
De “Las sanadoras” (inédito)
Tengo sed.
-No tenés.
Una verja oxidada entre los yuyos advierte la mano jardinera
el retazo de un género sostiene la ruda en una caña
y sus flores tejen con el rojo del malvón y el rosa de la azalea
se hace invisible la tierra.
Se lava un gato.
Nos toca el número 23.
Dice que tengo la pata de cabra o anemia como el nombre de la flor
La pieza en donde Doña Berta cura está en el fondo, cerca de la parra y del aljibe.
Es sólo para tus ojos lo que aquí ves en birome cuelga bajo la jaula del canario
Veo.
Manojos de yuyo en un fuentón colorado, los ojos de vidrio de la santa parecen verdad.
la huesera trabaja
Tengo sed
No se puede dejar de mirar
**
Padre Nuestro que estás en los cielos y aquí abajo también te pido por Clotilde que si sigue así jamás va a encontrar un marido que le dure y por mi amiga Martita que cayó en desgracia por prestarle plata a ese jornalero que así como vino se fue y aquí estamos cincuenta años y el pescado sin vender.
Diosito santo también te pido por Etelvina que ayer la encontré en la feria con tapado nuevo y un collar de perlas que parecía de la tienda de Lozano y seguro que lo consiguió a cambio de favores porque el viejo le tiene ganas desde hace rato. Y por Berta, mi hermana, que está loca de remate y jura que habla con la Virgen, eso seguro es pecado mortal. La gente dice que cura con agua y eso es más bien cosa del que no se nombra porque quiénes somos nosotros para rechazar los dolores que nos envías. Ella no es mala Señor, y bastante tiene con su hija tontita, y ese rancho en el que vive y deja vivir a tanta haragana que tan lejos está de la virtud.
Por nuestro padre Antonio que en paz descanse y porque pueda irme de una buena vez de este maldito pueblo.
Amén.
**
Los teros se refugiaron bajo la parra. Una gota caía lenta y continua por la pared celeste. Cuando el diluvio amenazaba con seguir a pesar de las salamandras.
Todo era humedad, se estaba mejor en la cocina.
Las ayudantas dormían en un solo jergón de lana limpia y aún se respiraba en el aire el perfume barato de los maquillajes.
¿Quién hereda los dones?
La voz desnuda de Consolación ay mi dulce amor ese mar que ves tan bello.
Espía a su hija tras la cortina de género.
¿Quién hereda los dones?
Repartida en el agua de los seis recipientes sahúma romeros.
¿Hija esta es tu fe?
De “el jardín de las estrelicias” (inédito)
Después de la lluvia oteó el horizonte
mezcló miel y laurel rumió sus palabras santas
la nieta se hamacaba ausente sobre el tronco de un aguaribay
aprenderá pronto se dijo la vieja
(Ningún jardín es perfecto sin su dosis de muerte)
(*) Marisa Negri: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1971. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín y se especializó en Educación por el Arte. Ha coordinado talleres de escritura para diversas instituciones de todo el país. Participó con una serie de haikus de la muestra Satori en la galería Masottatorres (San Telmo, Buenos Aires). Actualmente cursa el posgrado de Arte Terapia (IUNA) y coordina el proyecto de arte Labrys en la ESB 186 de La Matanza. Publicó los siguientes libros: “Caballos de arena” (Poesía, Nuestra América, Buenos Aires, 2003); “Un camino en la selva, un paso a la libertad” (Antología de Ramón Quichiyao, Futrono, Chile, 2004) y “Al filo del gozo” (Antología de poesía erótica preparada por Marisa y Socorro Trejo Sirvent, Viento al hombro, 2004); “estuario” (Ediciones en Danza, 2008).
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 230/2010
“Escoged un material cualquiera, sí, un material cualquiera; no obstante,
un material cualquiera determina la biología del poeta,
la diagnostica; escoged un material cualquiera,
como quien escoge estrellas entre gusanos... "
Pablo de Rokha
Poeta invitada: MARISA NEGRI (*)
De “Caballos de arena” (Nuestra América, 2003)
futhark
una copa de agua para la cabeza de mimir
la vela azul
no lleves nada de metal
no duermas con el viento norte sobre la frente
ahora sí una a una las letras de tu nombre
escucha a tu sombra antes de hablar
nada se puede hacer
si el fuego se consume
dentro de tu corazón asoma el caballo del día
un río de pájaros despierta
alguien hace música en tu cuerpo
el consejo del oráculo es rad
esta vez el viaje no puede compartirse
no apresures la unión de cielo y tierra
el hijo de is viene detrás
su lanza encendida se desangra
no intentes el poder
la batalla es desapego del mundo
saber que somos aliado y enemigo
que siempre es el principio
la batalla es adentro
De “estuario” (Ediciones en Danza, 2008)
su hueserío se desliza por la casa quién seré después de tantas despedidas qué músculo o nave quedará en pie cuando el último rastro de todo lo amado se disgregue en la noche
y ella que no viene se digna a dilatar los crisantemos los lentes negros el nudo va dejando sus hilachas ella arrulla la indolencia hasta dejarnos dormidas
**
ah si tu madre era una reina el aliento del mundo se detenía a su paso y era su boca el cielo y el infierno confundidos la noche del baile tu padre llegó a la madrugada oí entre sueños el runrún de la dkw me despertó agitado conocí una francesita dijo y yo que le leía el peso del alma en la pisada supe que los dioses lo habían elegido la estrella del rockabilly cedía su puesto ahora los mortales tendrían una chance
**
el jugo oscuro de la zarzamora escurriéndose en la boca hablo con la señora del espejo le cuento del ala de mariposa que encontré bajo la piedra y ella ríe con sus labios violáceos su vestido verde la mano hacia atrás se alimenta de polen igual que las abejas o de los frutos rojos del ligustro quiere que vaya más allá del reino al otro lado de la calle una ofrenda de frutos y bolillas del paraíso para permitirme el paso
el jardín delante de la casa el silencio de la siesta en un pueblo de provincias
**
Cómo echar llaves en una casa sin puertas el jardín selva inexpugnable televisión encendida crujido de motores ella ordenaba el caos ella me quería de su lado y no supe no pude lo aprendí más tarde el gesto de la abuela cerrando las persianas delantal cargado de naranjas la jaula vacía los perros el cuarto de planchar no quiero salir no voy a bañarme no debajo de la mesa el mundo es otro mundo la oscuridad huele a alcanfor escribo contra el miedo
De “Las sanadoras” (inédito)
Tengo sed.
-No tenés.
Una verja oxidada entre los yuyos advierte la mano jardinera
el retazo de un género sostiene la ruda en una caña
y sus flores tejen con el rojo del malvón y el rosa de la azalea
se hace invisible la tierra.
Se lava un gato.
Nos toca el número 23.
Dice que tengo la pata de cabra o anemia como el nombre de la flor
La pieza en donde Doña Berta cura está en el fondo, cerca de la parra y del aljibe.
Es sólo para tus ojos lo que aquí ves en birome cuelga bajo la jaula del canario
Veo.
Manojos de yuyo en un fuentón colorado, los ojos de vidrio de la santa parecen verdad.
la huesera trabaja
Tengo sed
No se puede dejar de mirar
**
Padre Nuestro que estás en los cielos y aquí abajo también te pido por Clotilde que si sigue así jamás va a encontrar un marido que le dure y por mi amiga Martita que cayó en desgracia por prestarle plata a ese jornalero que así como vino se fue y aquí estamos cincuenta años y el pescado sin vender.
Diosito santo también te pido por Etelvina que ayer la encontré en la feria con tapado nuevo y un collar de perlas que parecía de la tienda de Lozano y seguro que lo consiguió a cambio de favores porque el viejo le tiene ganas desde hace rato. Y por Berta, mi hermana, que está loca de remate y jura que habla con la Virgen, eso seguro es pecado mortal. La gente dice que cura con agua y eso es más bien cosa del que no se nombra porque quiénes somos nosotros para rechazar los dolores que nos envías. Ella no es mala Señor, y bastante tiene con su hija tontita, y ese rancho en el que vive y deja vivir a tanta haragana que tan lejos está de la virtud.
Por nuestro padre Antonio que en paz descanse y porque pueda irme de una buena vez de este maldito pueblo.
Amén.
**
Los teros se refugiaron bajo la parra. Una gota caía lenta y continua por la pared celeste. Cuando el diluvio amenazaba con seguir a pesar de las salamandras.
Todo era humedad, se estaba mejor en la cocina.
Las ayudantas dormían en un solo jergón de lana limpia y aún se respiraba en el aire el perfume barato de los maquillajes.
¿Quién hereda los dones?
La voz desnuda de Consolación ay mi dulce amor ese mar que ves tan bello.
Espía a su hija tras la cortina de género.
¿Quién hereda los dones?
Repartida en el agua de los seis recipientes sahúma romeros.
¿Hija esta es tu fe?
De “el jardín de las estrelicias” (inédito)
Después de la lluvia oteó el horizonte
mezcló miel y laurel rumió sus palabras santas
la nieta se hamacaba ausente sobre el tronco de un aguaribay
aprenderá pronto se dijo la vieja
(Ningún jardín es perfecto sin su dosis de muerte)
(*) Marisa Negri: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1971. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín y se especializó en Educación por el Arte. Ha coordinado talleres de escritura para diversas instituciones de todo el país. Participó con una serie de haikus de la muestra Satori en la galería Masottatorres (San Telmo, Buenos Aires). Actualmente cursa el posgrado de Arte Terapia (IUNA) y coordina el proyecto de arte Labrys en la ESB 186 de La Matanza. Publicó los siguientes libros: “Caballos de arena” (Poesía, Nuestra América, Buenos Aires, 2003); “Un camino en la selva, un paso a la libertad” (Antología de Ramón Quichiyao, Futrono, Chile, 2004) y “Al filo del gozo” (Antología de poesía erótica preparada por Marisa y Socorro Trejo Sirvent, Viento al hombro, 2004); “estuario” (Ediciones en Danza, 2008).
Poemania Nº 229 - Juan Cerda Zúñiga
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 229/2010
“Yo diría que el poeta lo es por su
manera de situarse ante el mundo. “
Abelardo Castillo
Poeta invitado: JUAN CERDA ZÚÑIGA (*)
VIENTRE DEL VIENTO
Busco la raíz oculta en tu vientre
el silencio, tu escarcha, el asombro
es extraño volver a la matriz
al costado a sangrar como todos sin llorar
y a dormir y hacerse llovizna
en el vientre del viento
LUNA DESCALZA
Tu idioma abrió los ojos del agua
soy el invierno
sé donde duermen tus cartas.
Eres sombra
juntando discos en un closet
esperando el polvo, las arañas.
Soy el personaje oculto
que ves morir a mediodía
que fuma cigarros sueltos
y busca en los cajones rastros de luz
Y volveré a mi casa a oír la radio
a imaginar que estoy vivo
mientras el té se enfría
esperando que el teléfono
escape con su campanilla
para quemar el vacío
y olvidar este miedo
cuando te vistes de sombra.
INVIERNO DE CALENDARIO
El invierno
es la prolongación del calendario
que va mojando sus zapatos.
A TRAVÉS DE LA TINTA
A Oscar Castro
Tengo la voz lenta
de los trenes a carbón
corro lejos de las líneas que conoces
fui desmantelado
antes de tu llegada
pero aún arrumbado en este patio
puedo escapar a través de la tinta.
ANUNCIO DEL VIENTRE
Déjame volar en estos cristales
soy la memoria de la niebla
abrázame, ya vienen a buscarme
voy a nacer, espérame
adiós a tu vientre.
He empezado a soñar.
BREVE ATARDECER
Este atardecer será breve
porque tú cortaste el ciruelo.
NOCHE DE AGUAS
Dentro de tu cuerpo el otoño cabalga
guardando caricias, sepultando silencios.
Vamos no temas, porque todas las aguas
relatan nuestra pasión
y por fin dormiremos nuestro siglo.
(*) Juan Cerda Zúñiga: nació en Santiago de Chile (Chile) en 1964. Ha participado en diversos talleres de poesía como: “Isla Negra”, dirigido por Edmundo Herrera, el Taller de "Poesía Joven", dirigido por Alicia Salinas y el Taller “Pedro Araucario”, dirigido por Amante Eledin Parraguez. Su obra ha sido publicada en revistas como: Dementes, El Tablón, Caliope, Piedrazo, Derrame y Caballo de fuego y en las antologías: “Pájaros en la Isla”, (Selección de Edmundo Herrera) 1986, “Antología de poetas de Peñalolen”, (selección de Marisol Wexman), 2000 y “Sitio Público”, Mago Editores, 2005. Ha participado en las agrupaciones “El Barracon” y “La Ballena” Como así mismo es miembro de la Sociedad de Escritores de Peñalolen y del grupo cultural “Desbordes”, dirigido por el pintor y poeta Carlos Delgado Paez y desarrolla además una activa participación en Radio “Encuentro” de Peñalolen donde ha conducido y producido los programas: “Desde las alturas” y “Abriendo Horizontes”. En 2003 publica su libro “Luz de Higuera” (prólogos de Edmundo Herrera, Renato Yrárrazaval y Amante Eledin Parraguez).
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 229/2010
“Yo diría que el poeta lo es por su
manera de situarse ante el mundo. “
Abelardo Castillo
Poeta invitado: JUAN CERDA ZÚÑIGA (*)
VIENTRE DEL VIENTO
Busco la raíz oculta en tu vientre
el silencio, tu escarcha, el asombro
es extraño volver a la matriz
al costado a sangrar como todos sin llorar
y a dormir y hacerse llovizna
en el vientre del viento
LUNA DESCALZA
Tu idioma abrió los ojos del agua
soy el invierno
sé donde duermen tus cartas.
Eres sombra
juntando discos en un closet
esperando el polvo, las arañas.
Soy el personaje oculto
que ves morir a mediodía
que fuma cigarros sueltos
y busca en los cajones rastros de luz
Y volveré a mi casa a oír la radio
a imaginar que estoy vivo
mientras el té se enfría
esperando que el teléfono
escape con su campanilla
para quemar el vacío
y olvidar este miedo
cuando te vistes de sombra.
INVIERNO DE CALENDARIO
El invierno
es la prolongación del calendario
que va mojando sus zapatos.
A TRAVÉS DE LA TINTA
A Oscar Castro
Tengo la voz lenta
de los trenes a carbón
corro lejos de las líneas que conoces
fui desmantelado
antes de tu llegada
pero aún arrumbado en este patio
puedo escapar a través de la tinta.
ANUNCIO DEL VIENTRE
Déjame volar en estos cristales
soy la memoria de la niebla
abrázame, ya vienen a buscarme
voy a nacer, espérame
adiós a tu vientre.
He empezado a soñar.
BREVE ATARDECER
Este atardecer será breve
porque tú cortaste el ciruelo.
NOCHE DE AGUAS
Dentro de tu cuerpo el otoño cabalga
guardando caricias, sepultando silencios.
Vamos no temas, porque todas las aguas
relatan nuestra pasión
y por fin dormiremos nuestro siglo.
(*) Juan Cerda Zúñiga: nació en Santiago de Chile (Chile) en 1964. Ha participado en diversos talleres de poesía como: “Isla Negra”, dirigido por Edmundo Herrera, el Taller de "Poesía Joven", dirigido por Alicia Salinas y el Taller “Pedro Araucario”, dirigido por Amante Eledin Parraguez. Su obra ha sido publicada en revistas como: Dementes, El Tablón, Caliope, Piedrazo, Derrame y Caballo de fuego y en las antologías: “Pájaros en la Isla”, (Selección de Edmundo Herrera) 1986, “Antología de poetas de Peñalolen”, (selección de Marisol Wexman), 2000 y “Sitio Público”, Mago Editores, 2005. Ha participado en las agrupaciones “El Barracon” y “La Ballena” Como así mismo es miembro de la Sociedad de Escritores de Peñalolen y del grupo cultural “Desbordes”, dirigido por el pintor y poeta Carlos Delgado Paez y desarrolla además una activa participación en Radio “Encuentro” de Peñalolen donde ha conducido y producido los programas: “Desde las alturas” y “Abriendo Horizontes”. En 2003 publica su libro “Luz de Higuera” (prólogos de Edmundo Herrera, Renato Yrárrazaval y Amante Eledin Parraguez).
Poemania Nª 228 - Eduardo Espósito
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 228/2010
“El poeta escribe para un futuro que no va a conocer.”
Roger Wolfe
Poeta invitado: EDUARDO ESPÓSITO (*)
Plumajes
El poeta es el hombre que se
niega a utilizar el lenguaje
J. P. Sartre
La vida no debería ser mas
que esta cosa que respira y sangra
Los dedos bien abiertos
ante las notas de un teclado inexplorado
No es porque te negás a regresar del cementerio
que se me ocurre este dislate
ni porque tu fantasma de algodón de azúcar
acusa los calores del desván
La tarde como un daguerrotipo victoriano
pesando en mi cabeza
La vida tampoco debería ser mas que esto
Sin embargo un poeta desangelado
se asemeja mucho a un hombre
Hay un otoño de alas mustias
parece que pelaran pollos en el cielo
Y esta cosa que respira y sangra
aunque bien mal en escribir insiste
A Ian Watson
Celeridad
Hay cuatro clases de hombres en el mundo
Los lampiños
Los barbudos
Los que se afeitan como Dios manda
Y los tristes pobres hombres
de la afeitadora eléctrica
Pobres niños olvidados por sus madres
a quienes jamás papá pasó pelota
Nunca una curita en el uncido rostro
Nunca una sonrisa de satisfacción padruna
jamás papel higiénico en la herida
o paños tibios a ese amor con la gillette
Pobres desmadrados
que perdieron segundos en su vida apenas
por no ganar un cielo de brochas y afiladas
Pobres hombres de besos jamás lisos
esclavos para siempre de su aceleración
A Rafael A. Lafferty
Clase Turista
Porque no estamos hechos
de carne ni de sangre como pretendemos
aunque alguno que otro traje parezca desmentirlo
Porque la humedad bisiesta de este pueblo
arropa formas innombrables y mezquinas
Y nuestras lenguas de trapo
achican dos talles en invierno
Y porque el sur también existe
en un afiche al menos
Porque soplamos semillas de amargon cada verano
para que alguien se eleve liviano en sus muñones
así enmohezcan los planos inclinados
Porque rezamos desnudos en las playas
y nadamos vestidos en nuestras sofocadas camas
y vacacionamos de oído
y hacemos de la fiesta una fanfarria
y porque sí
y porque el mar
y la montaña
y estas ganas de ser otro
bajo una luna parecida
A Robert F. Young
El amor es un número imaginario
Hacé de cuenta que tengo brackets y besame
Son menos juveniles mis encías
La mano llega a su fin / roba un recuerdo
Algo así como otra gente se desplaza
Y vos sosteniendo el peso de tu lengua
que aligera el desgaste de mis años
No más tormentas en tu cara
ni tragedias gris topo que me muerdan
Habrá un jadeo de luna en tus mejillas
Una liturgia remota
como de botellas friéndose de envidia
Y algún pantano dormido en nuestras bocas
si no te importa besar a un dinosaurio.
A Roger Zelazny
Huevos fatídicos
La panza tiesa de los días
se apoya laxa en las comisuras del mundo
Van pasando las horas como imanes
Este naufragio aspira a ser certeza
Se ha borrado la línea divisoria
entre la espiga y el suelo
Ya no hay mar donde empollar
los fatídicos huevos de la ira
Todo cabe en este caldero de pócimas
austeras
Y los días
combados por el peso de las revelaciones
aguardan a la sombra nuevas nupcias
Inclemencias montadas por la biología.
A Mikhail Bulgakov
Separatidad
De a uno se es náufrago
De a uno cadáver
De a uno y con la amada a cuestas
uno toma el último tren
el bondi postrero
la humedad de las lluvias
Amasa un único pan de a uno
Miente de a uno
Iza la bandera de su soledad
en la ausencia
de las grandes metrópolis
De a uno pone la semillita
Arroja la maceta al sumidero
Festeja su cumpleaños con la puerta
De a uno suspira
De a uno babea
Se entristece de a uno hasta los hígados
Fornica y llora al mismo pulso que una sombra.
A Richard Matheson
Castidad
(Sobre una obra textil de Maryté Arias)
Monedas de carne en la ranura
Centavos de amor como limosna
Reír sobre la leche derramada
Oír el ruido de rotas caderas
Eso es todo
Lo que fue / lamido por los galgos
Cierta postrer migaja repudiada
Y ese hueco sin llave
con su luz de otros días
A Úrsula K. Le Guin
La reina del aire y la oscuridad
Lloro
Es la última vez que tendré sexo
Agosto se me viene encima en pleno octubre
con 31 legiones de minutos
y la implacable extrañeza de o saber
Agüita salada en pecas de ángel
lloran también los niños que me antecedieron
Una tristeza de máuseres
dormidos en formol
a la espera del año de las resurrecciones
Y me voy
capricho en retirada
muelle sombra de ocaso en saco roto
No sufras por favor
No gimas nunca más
La abuela de la nieve está enseñando.
A Poul Anderson
Calidoscopio
Me voy cayendo al sol
Todos parecen darse cuenta
La hierba es fina
Mis manos transpiran soledad
ingravidez
La grave edad desacelera para mí
con su manojo de arrugas
No hay cremas paliativas
para el cansancio de los materiales
Mi cuerpo es un satélite en desuso
Me voy cayendo al sol
como ellos
que encremados de espanto
reparten pancután y botiquines
Ayer fuimos más que Dios
hoy somos pasto
Mis manos queman cromo
La hierba es inasible
y el destino amarillo.
A Ray Bradbury
Platea baja
Los relámpagos queman la noche
La tonsuran
Sentados solos
en la sala de estrenos de Dios Padre
unos ojos palpitan la función
Dios aspira y unos nacen
Dios expira y otros mueren
Dios retiene su aliento
para batir un record guinness
y ocurren la resurrección y los aplausos
Lejos de la divinidad y las butacas
un niño juega al avioncito con su sombra
Le da vueltas al sol
como si el sol todavía existiese
A John Wyndham
(*) Eduardo Espósito: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1956. Ha publicado “El niño que jugaba a ser Rayo” ( El Francotirador, 1992); “Violín en bolsa” (El Francotirador, 1995); “Una novia para King Kong” (Amaru, 2005) y “Quilombario” (Amaru, 2008). Participó en varias antologías, destacándose entre ellas “Poesía en el subte” (Ediciones de la Flor, 1999) e “Italiani d' Altrove” (Milán; Rayuela Edizioni, 2010). Coordina desde 1996 el taller de escritura de la Dirección de Cultura de la ciudad de Moreno, y a partir de 2001, desempeña igual actividad en el taller literario “Elementales Leches” de la ciudad de Gral. Rodríguez, Argentina. Reside en Paso del Rey, Buenos Aires.
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 228/2010
“El poeta escribe para un futuro que no va a conocer.”
Roger Wolfe
Poeta invitado: EDUARDO ESPÓSITO (*)
Plumajes
El poeta es el hombre que se
niega a utilizar el lenguaje
J. P. Sartre
La vida no debería ser mas
que esta cosa que respira y sangra
Los dedos bien abiertos
ante las notas de un teclado inexplorado
No es porque te negás a regresar del cementerio
que se me ocurre este dislate
ni porque tu fantasma de algodón de azúcar
acusa los calores del desván
La tarde como un daguerrotipo victoriano
pesando en mi cabeza
La vida tampoco debería ser mas que esto
Sin embargo un poeta desangelado
se asemeja mucho a un hombre
Hay un otoño de alas mustias
parece que pelaran pollos en el cielo
Y esta cosa que respira y sangra
aunque bien mal en escribir insiste
A Ian Watson
Celeridad
Hay cuatro clases de hombres en el mundo
Los lampiños
Los barbudos
Los que se afeitan como Dios manda
Y los tristes pobres hombres
de la afeitadora eléctrica
Pobres niños olvidados por sus madres
a quienes jamás papá pasó pelota
Nunca una curita en el uncido rostro
Nunca una sonrisa de satisfacción padruna
jamás papel higiénico en la herida
o paños tibios a ese amor con la gillette
Pobres desmadrados
que perdieron segundos en su vida apenas
por no ganar un cielo de brochas y afiladas
Pobres hombres de besos jamás lisos
esclavos para siempre de su aceleración
A Rafael A. Lafferty
Clase Turista
Porque no estamos hechos
de carne ni de sangre como pretendemos
aunque alguno que otro traje parezca desmentirlo
Porque la humedad bisiesta de este pueblo
arropa formas innombrables y mezquinas
Y nuestras lenguas de trapo
achican dos talles en invierno
Y porque el sur también existe
en un afiche al menos
Porque soplamos semillas de amargon cada verano
para que alguien se eleve liviano en sus muñones
así enmohezcan los planos inclinados
Porque rezamos desnudos en las playas
y nadamos vestidos en nuestras sofocadas camas
y vacacionamos de oído
y hacemos de la fiesta una fanfarria
y porque sí
y porque el mar
y la montaña
y estas ganas de ser otro
bajo una luna parecida
A Robert F. Young
El amor es un número imaginario
Hacé de cuenta que tengo brackets y besame
Son menos juveniles mis encías
La mano llega a su fin / roba un recuerdo
Algo así como otra gente se desplaza
Y vos sosteniendo el peso de tu lengua
que aligera el desgaste de mis años
No más tormentas en tu cara
ni tragedias gris topo que me muerdan
Habrá un jadeo de luna en tus mejillas
Una liturgia remota
como de botellas friéndose de envidia
Y algún pantano dormido en nuestras bocas
si no te importa besar a un dinosaurio.
A Roger Zelazny
Huevos fatídicos
La panza tiesa de los días
se apoya laxa en las comisuras del mundo
Van pasando las horas como imanes
Este naufragio aspira a ser certeza
Se ha borrado la línea divisoria
entre la espiga y el suelo
Ya no hay mar donde empollar
los fatídicos huevos de la ira
Todo cabe en este caldero de pócimas
austeras
Y los días
combados por el peso de las revelaciones
aguardan a la sombra nuevas nupcias
Inclemencias montadas por la biología.
A Mikhail Bulgakov
Separatidad
De a uno se es náufrago
De a uno cadáver
De a uno y con la amada a cuestas
uno toma el último tren
el bondi postrero
la humedad de las lluvias
Amasa un único pan de a uno
Miente de a uno
Iza la bandera de su soledad
en la ausencia
de las grandes metrópolis
De a uno pone la semillita
Arroja la maceta al sumidero
Festeja su cumpleaños con la puerta
De a uno suspira
De a uno babea
Se entristece de a uno hasta los hígados
Fornica y llora al mismo pulso que una sombra.
A Richard Matheson
Castidad
(Sobre una obra textil de Maryté Arias)
Monedas de carne en la ranura
Centavos de amor como limosna
Reír sobre la leche derramada
Oír el ruido de rotas caderas
Eso es todo
Lo que fue / lamido por los galgos
Cierta postrer migaja repudiada
Y ese hueco sin llave
con su luz de otros días
A Úrsula K. Le Guin
La reina del aire y la oscuridad
Lloro
Es la última vez que tendré sexo
Agosto se me viene encima en pleno octubre
con 31 legiones de minutos
y la implacable extrañeza de o saber
Agüita salada en pecas de ángel
lloran también los niños que me antecedieron
Una tristeza de máuseres
dormidos en formol
a la espera del año de las resurrecciones
Y me voy
capricho en retirada
muelle sombra de ocaso en saco roto
No sufras por favor
No gimas nunca más
La abuela de la nieve está enseñando.
A Poul Anderson
Calidoscopio
Me voy cayendo al sol
Todos parecen darse cuenta
La hierba es fina
Mis manos transpiran soledad
ingravidez
La grave edad desacelera para mí
con su manojo de arrugas
No hay cremas paliativas
para el cansancio de los materiales
Mi cuerpo es un satélite en desuso
Me voy cayendo al sol
como ellos
que encremados de espanto
reparten pancután y botiquines
Ayer fuimos más que Dios
hoy somos pasto
Mis manos queman cromo
La hierba es inasible
y el destino amarillo.
A Ray Bradbury
Platea baja
Los relámpagos queman la noche
La tonsuran
Sentados solos
en la sala de estrenos de Dios Padre
unos ojos palpitan la función
Dios aspira y unos nacen
Dios expira y otros mueren
Dios retiene su aliento
para batir un record guinness
y ocurren la resurrección y los aplausos
Lejos de la divinidad y las butacas
un niño juega al avioncito con su sombra
Le da vueltas al sol
como si el sol todavía existiese
A John Wyndham
(*) Eduardo Espósito: nació en Buenos Aires (Argentina) en 1956. Ha publicado “El niño que jugaba a ser Rayo” ( El Francotirador, 1992); “Violín en bolsa” (El Francotirador, 1995); “Una novia para King Kong” (Amaru, 2005) y “Quilombario” (Amaru, 2008). Participó en varias antologías, destacándose entre ellas “Poesía en el subte” (Ediciones de la Flor, 1999) e “Italiani d' Altrove” (Milán; Rayuela Edizioni, 2010). Coordina desde 1996 el taller de escritura de la Dirección de Cultura de la ciudad de Moreno, y a partir de 2001, desempeña igual actividad en el taller literario “Elementales Leches” de la ciudad de Gral. Rodríguez, Argentina. Reside en Paso del Rey, Buenos Aires.
Poemania Nª 227 - Adriano Corrales
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 227/2010
“¿Cómo le será permitido al poeta equivocarse, cuando su naturaleza y su destino
han sido colocados en el sitio más destacado del mundo?
Thomas Mann
Poeta invitado: ADRIANO CORRALES (*)
I
Entre el mar y la montaña
la memoria
Entre la montaña y el mar
el olvido
Entre la mar y el monte
este silbido
(Del libro Tranvía Negro, Ediciones Alambique, 1995)
CARTA A LA ESPOSA
hablame como siempre / decí
que me querés / ¿soy en tu vida
remordimiento?
Juan Gelman
Estoy sentadito en un banco de niebla
pensándote conversándote extraviado
conversándome pensándome cautivo
separado de vos por la lluvia
el enjambre de cipreses
la punzada de la tarde
aquí reinventándome la fantasmagoría de las palabras
la magia del trance vértebra tras vértebra
en la piel de la herida perpetua la posibilidad del vuelo
pajarito / machete
que volás con mi muerte alrededor de la mesa
al acorde de las horas
intento un gesto para tu cabello de lentejuelas
rostro de cristal azul
para tu voz adormecida en el teléfono
intento un desabroche del duelo en la cintura de tus ángeles
espuelita de mango en la noche de gangoche
para patrullar mis cementerios
intento pero retrocedo intento en el mangle de tu deseo
litoral encrespado por el temporal de tu vientre
ola que rueda y muere y rueda por todo el universo
espera la luz del encuentro en el fragor de los cuerpos
dentro de tu sexo de astros empapado por la semilla de polvo
la nieve amarilla del tiempo
retrocedo pero intento retrocedo cisne calcinado en los abetos
canto de rosario de reyes destronados estrella del sur palma venus
cascada de más estrellas astros estrellas que persigo
para descubrir nuestro pesebre sin mulas ni bueyes sino musgo hierba seca
ciudad fragmentada de los diciembres
rehuyo entonces pero peleo rehuyo
empapelo las paredes con estos ideogramas
parpadeos gritos contraespalda caballo desbocado
en tu falda salto lanza salto
caigo
viacrucis de luciérnagas vasos botellas velas apagándose
cristus rotos
vírgenes guardadas en anaqueles con azafrán de medianoche
olor a azufre sudor hierbabuena pasos en la otra habitación de arena
golpeo finta golpeo finta
paredes de humo
puertas de avena
golpea bajo golpean arriba golpeamos en el centro
sombras en la caverna me llevan
caigo
caigo
caigo
caído
mi descanso es una camilla sin descanso una camilla de niebla
no descanso los miércoles ni los sábados
tu santo es mi santo grial mirasol en el portal en el oratorio
en el altar de flores papel crepé con su mantelito de gamuza
mirame como rezo en tus rodillas me poso nuevamente en tus pechos
beso tus manos tus ventanas tus pies beso todo tu cuerpo
lo beso en la noche del milagro
paseo por tu jardín de alucinaciones con riesgo me incendio
paseo pero el milagro no sucede
sucedo fuego transparente interno externo
no me digás que sos arrepentimiento
decíme que me querés pero no en tus secretos
en tus viajes de notas muertas en tus cadáveres
no por teléfono decíme que me querés
como en aquél pueblo donde ahora dibujo incinero manoteo
detallo una vez más tus pechos tus volteretas en la almohada del silencio
para no despertar a la niña que llevabas por dentro
dormida a nuestro lado
decímelo suavemente ¿tenés remordimiento?
para ser como soy palabra de mis palabras
aguacero del recuerdo pasadizo de lo venidero
fantasma de tus desvelos ¿no me lo decís?
por construirme un hogar de palo en la selva de mis quimeras
un tálamo de viento en los devaneos del verso
almohadones de chocolate sábanas de menta
con tu nena en el escaparate o en la mesa del domingo
con mi desayuno a cuestas ¿no me lo decís?
no me digás qué somos: ¿remordimiento?
sino qué seremos en esta avenida de ausencias
palomita de mi tristeza más oblicua
aguatera de mis fiestas de ceniza
qué seremos si esto somos: remordido remordimiento
abríme con tus decires para poder contarte mis insomnios
caminatas por la hierba
ronda en la madrugada de tus ecos
abríme con tu abrealmas para contarte más de cerca
cómo me caigo por dentro y peleo intento rehuyo peleo
pellizcando las noches para no recibir más que miradas
soliloquios de mi sangre donde me vierto
cerrame pues para no abrirte mis senderos de incienso
alumbrados apenas por tus ojos tus dedos de lucero
cerrame partera del barro poneme unos barrotes
pero decíme cómo seremos
si no me decís que me querés qué soy en tu vida
¿algo más que remordimiento? ¿algo más?
cerrame pues como la madrugada que gotea golpea
se planta en mi acecho por los pasillos de las serpientes
cerrame / abríme - abríme / cerrame
curame con tus hierbas poné tu imagen sagrada al sol a orar por nosotros
por nuestros pecados nuestras dudas nuestras deudas
abríme / cerrame - cerrame / abríme
para que navegués mis páginas retrocesos en letras negras
perfumes malogrados café que no se asienta
vení a esta hoguera de febrero vení tomá mis manos maestrita
consolame con el desconsuelo que no consuela
saboreá estas lágrimas cuchillos apagados en la distancia
apagame / encendeme / apagame / encendeme
decíme que no me querés que me querés que no
que yo soy otro el otro
alguien que imagina tu vuelo los martes o los jueves
tus figurillas de arcilla en la casa sin paredes
las cariátides del último pabellón que no conoceremos
el piso de candela la escalera en flor el cielo en duermevela
decíme con tus dedos de agua apagame en este incendio oceánico
apagame o encendeme o apagame con tus guerreros del viento
pero decíme si hemos sido somos seremos arrepentimiento
con tus manos tus sueños con tus cantos tus anzuelos
porque me ahogo me esfumo porque me quemo
decíme
(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)
CARTA AL HIJO
Sería difícil escribir esta carta sin evitar las justificaciones
digresiones de caída y vela hinchada hacia el poniente
en el fósforo del Báltico un amanecer de lluvia y lágrimas
con el rostro frente a las paredes blancas de un hospital invernadero
¿Será difícil inventariar las lunas los cruces de esquina
los caballos estivales galopando a ambos lados del transiberiano
las noches de vodka alrededor de la ausencia sin tus pasos?
Será duro el batallar de los acontecimientos
las visas los pasaportes los aeropuertos los desencuentros
las callosidades del alma la inutilidad de los abrazos
Será difícil anotar que he desvivido bebido huido
hacia los agujeros del tiempo en la marcha de las palabras
Más difícil aún revisar imágenes de un país imaginario
las bombas que caen en el Chorrillo sobre San Miguelito la luna
el desfile de gorilas amarillos desatando el istmo con su fuego homicida
sus fauces hediondas alimañas de carnicería
y vos bajo la telaraña de la cama en la habitación del miedo
asustado y sorprendido sin comprender por qué el imperialismo
los capitales la banda neoliberal los lameculos tropicales
la horda de paisanos como perfectos chacales
el paréntesis de este centro planetario atiborrado de compañías
comerciantes del reino usureros serruchadores de tus sueños
mis sueños de una sola patria matria nuestros sueños
los de tu madre con los muñecones del teatrillo callejero
por las selvas del Darién o en el Archipiélago donde las embarcaciones
llevan traen los cuentos de los fundadores elementales
los soles de la palma el brillo soberbio de las pieles
trasiegan el pasado contra el futuro en un eterno presente
Es difícil ocultarse hijo muy difícil
escribir todo esto sin que me tiemblen las manos
y un rumor de cadenas crepitaciones inexpresables
naveguen por dentro como una estampida de bisontes guerrilleros
y la mirada se nos pueble de nubes en el olvido de nuestros nombres
Harto difícil esta tarea de acercarte a mi otro yo
el de los ojos del antifaz con la suerte del andariego
en un tranvía negro que siempre retorna y retorna
con las hilachas nocturnas de los murciélagos
siemprevivo siempreamargo cautiverio de las páginas que se humedecen
como las lapidas con el rocío de los cementerios
o las bestias que huyen perseguidas por el amazónico incendio
Me es muy difícil decirte hijo decírtelo sin faltarle al recuerdo
que yo también me caigo me lluevo me abro me cierro
me ablando me tiemblo me tenso con los látigos los templos
del primer indicio la mediada caricia el último vuelo
para decirte así sencillamente hijo sin literatura
así al puro aire que todos somos viajantes y que por eso
y a pesar de todo lo que transcurre bajo el poema
a pesar de todo lo que muero te escribo y te quiero
(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)
CASI-DA A FEDERICO GARCÍA LORCA
Nuestras ciudades enloquecieron con sus guadañas
el humo asfixia a los maricas los peones las pitonisas
los rascacielos los callejones la caravana de gitanos
en el éxodo de los incendios la Danza de la Muerte
con sus harapos sus cadenas su retorcerse
alrededor de este siglo que también se nos muere
por las horas graves de esta tarde en que subís vos
Federico ángel toreador de las estrellas los enjambres
Siempre vos subís por las cinco sangres de la tarde
con Antoñito el Camborio e Ignacio
con el rey de Harlem y el Viejo de las hierbas del Hudson
con una comparsa de negros en búsqueda de su Habana para verte
Subís y bajás y subís por las cinco sangres de todas las tardes
como un son de la murga en la guitarra más ancha y profunda
pletórico de romances saetas valses con tu luna de plata
tu barca amarrada al alma tu caballo anclado en el Alhambra
el puñal abierto y las cartas lanzadas a las esquinas de los amantes
Tras de vos vienen los fusiladores con sus capas de tinta y cera
y todos los que te han matado y te matan sin matarte
pero también vienen Margarita Antonio Pablo Luis Vicente
y los demás poetas con sus cantos y sus olivares de trashumante
Subís hacha de luz con todas las muertes a cuestas
encendido en el baile de máscaras con las páginas abiertas
como las flores en el instante de la primavera
Subís con nosotros en la hora ciega de los alacranes
con todo tu amor en nuestra rabia y en nuestros pesares
para iluminarnos y limpiar el óxido de los altares
la rancia costura de los maestros los empleados los generales
Subís toro torero por este cementerio de plantas y pañales
con tu fuego perpetuo de lluvia para apagar las academias
los anuncios las lámparas de la fama las camas vacías los pedestales
Subís y subís con tu alta raíz de sombras y jaguares
hasta este nombrarte nombrándome en la apuesta más lúcida
de los guernicas las plazas los bosques los labios más lunares
subís y nos subís por la garganta como una procesión fresca de animales
para regresar a la humedad de los collares en el lomo del tiempo
y arrear la bandera negra de tu Andalucía para izar la nuestra
esta funda de sortilegios en la concavidad de todas todas las sangres
(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)
VIDEO CLIP PARA JORGE LUIS BORGES
Yo no miro el oro de los tigres
sino las palabras / tigres que nos devoran
así como el jardín sin los senderos
nos identifican nos ignoran
no el mundo de Morel al alimón
con Bioy Casares tu otro yo en sus alucinaciones
Tampoco es como piensan tus biógrafos
críticos ramplones sin imaginación creativa
que la mirada interior (- que - la - mira - da - al - interior)
el laberinto de los ojos con su Teseo
el podium de los pinochetes con el laurel y la lira
la biblioteca infinita del ratón que se muerde la cola
y roe todos los folios de lo alarmantemente maravilloso
¡Claro que no!
Simplemente este abismo abismándose más
para doblar la esquina y saber lo que hay que saber
que esto no es Buenos Aires ni Ginebra (ni siquiera ron)
sino tigres / palabras que se evaporan y reescribimos infinitamente
como el ciego en una playa antes de la batalla
o el cantor perseguido esquivando la luz
cuando escupe estos pergaminos amarillentos
sin importar el fuego ni las migajas azules del tiempo
(Del libro “Profesión u Oficio”, Ediciones Andrómeda, 2002).
59.
En el fondo de la tarde
con la arboleda frutal de cámara verde
recuerdo a Madre pedaleando
sobre esa magnífica estructura
de metales fundidos y maderas preciosas
en cuyo centro de hierro forjado
podíamos deletrear S-I-N-G-E-R
La aguja trazaba veredas de pájaros
estelas de pececillos escarlatas
cantos de ojales decorados
y cuando se salía de su ruta
Ella sin lentes detenía mi lectura
para que le ayudase a pasar el hilo de tiempo
por el orificio de la nada
Hoy que barajo lentamente esas imágenes
mientras mi esposa en el taller
pinta sus figuras obesas de barro y canto
percibo el ronroneo del pedal bajo el escritorio
y las manos de Madre enhebran las palabras
sobre camisas y blusas de otra tarde
en que versos y esculturas son canciones
de una máquina en el viento
(Del libro “Caza del Poeta”, Ediciones Andrómeda, 2004).
13.
Intento de réplica a Carlos Martínez Rivas
No Poeta, hay que habitarlos y renovarlos, enfrentarlos en su asfixia, en su crecer de bejucos y enredaderas de selva doméstica. Revirarlos y golpearles las nalgas con besos y mordiscos, penetrarlos donde más les duele, por ello lo disfrutan. Intoxicarlos de mayor oscuridad en la flotación noctámbula. No darles tregua, ponerles la paleta en su lugar y al día siguiente ofrendarles su parcela de aire para que nos permitan el vuelo de lo nuestro.
No Poeta, no, el remedio contra los amores no es matarlos. El único remedio sería vivirlos intensamente y ahogarlos en sus propias aguas; vivirlos, revivirlos, rematarlos.
(Del libro Kabanga, Ediciones Arboleda, 2007).
CARTA A UN JOVEN POETA
Al poeta Rafael Esquivel in memoriam
Querido Rafa donde quiera que estés habrá de llegarte el murmullo de las palabras tardías carcomidas por el cansancio y la angustia de saber que son inútiles c
omo toda palabra que no se dijo a tiempo porque he de admitir que te dejamos sólo muy sólo aunque tal vez nos merecíamos esta ausencia pues no supimos encontrarte cuando nos buscaste o también te faltaron palabras que esperamos de algún modo entonces todo fue un vago rumor diálogo de sordos humareda de pitada instantánea pero la mecha no era lo importante vos lo sabías ni lo que nos dividía al contrario muchas veces nos unió sino lo otro lo que iba detrás como la parte oscura de la luna lo que nunca expresaste pero todos comprendimos y callamos eso que ahora cargamos colina arriba como tus restos la cuerda que bamboleante quedó atada al árbol la ceniza de tu fuego extinguido la botella vacía aquello que no se nombra en familia ni en el círculo más íntimo de los amigos o de las chicas tampoco en la conversa de cantina ni se publica en revista alguna siquiera se sugiere cuando dejamos de saludarnos esto que nos carcome y que no podremos jamás externar porque igual nos lo llevaremos a la tumba
(Del libro San José Varia, ediciones Arboleda, 2009)
Patria
Nací en este pequeño país. Pero vengo del sol, del viento, del fuego, del socavón en el agua, del arroyo de la sangre. Del barro rojo, de las arenas calcinantes, del vuelo de las primeras aves. De los cráneos que brillaron en la noche de multitudinaria caza o en las innúmeras batallas contra la espada de nuestros contrincantes.
Vengo del África milenaria y renovada en sus tambores. De las estepas del Asia. De las playas, llanuras y montañas de Abia Yala. Y del rayo que no cesa: la cuchillada de la bárbara Europa.
Llevo a cuestas equipajes, siglos, la custodia cubriendo mis espaldas. Traigo la palma, el papiro y el amatl; la vihuela, el laúd y la guitarra; las monedas de la suerte dibujadas en el golpe místico de los dados de la muerte. Llevo un pan y un pescado, tortillas de maíz y casabe. Y el vino en todos los costados.
Despliego dioses tallados en humo y piedra, en las cuentas largas y cortas de las cosechas, en el estallido de la primavera.
Y una tristeza que no se apaga sino en el encuentro con ella, la belleza del tiempo estampada en sus pechos y caderas.
Sostengo lanzas y fusiles que cumplieron la hazaña, armas de la derrota, piélago de la victoria. Porto el talante de lucha y resistencia porque soy guerrero de cabellera larga y mirada tenaz. Libertario de barricada y trinchera.
Un manantial de placeres en el susurro del vendaval.
Y millones de palabras para defenderme cuando mi cuerpo ya cansado traza el itinerario por mi pequeñina comarca, que es la de todos.
Por eso la defiendo chavalita y amplia como el planeta.
Dibujada en mi mano la extiendo por todas las galaxias.
(Del libro San José Varia, ediciones Arboleda, 2009).
(*) Adriano Corrales Arias: nació en Costa Rica, en 1958. Ha publicado: “Tranvía Negro” (Poesía, Ediciones Alambique, San José, 1995; Ediciones Perro Azul, San José, 1999); “Los ojos del Antifaz” (Novela, Ediciones Perro Azul, San José, 1999; Ediciones Piel de Leopardo, Buenos Aires, Argentina, 2001; EUNED, San José, 2007); “La suerte del Andariego” (Poesía, Ediciones Perro Azul, San José, 1999); “Hacha Encendida” (Ediciones El Pez Soluble, Caracas, Venezuela, 2000); “Profesión u Oficio” (Poesía, Ediciones Andrómeda, San José, 2002); “Caza del Poeta” (Poesía, Ediciones Andrómeda, San José, 2004); “El jabalí de la media luna” (Cuento, Ediciones Arboleda, San José, 2005), “Balalaika en clave de son” (Novela, Editorial Costa Rica, San José, 2006) y “San José varia” (poesía, 2009). Como compilador ha publicado Poesía de fin de siglo. Antología de poesía nicaragüense y costarricense (Ediciones Perro Azul, San José, 2000); y Sostener la palabra. Antología de poesía costarricense contemporánea (Ediciones Arboleda, 2007). Es profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Costa Rica donde dirige la revista FRONTERAS y el Encuentro Internacional de Escritores. Ha sido antologador de poesía y narrativa costarricense y centroamericana y ha participado en múltiples festivales y encuentros de escritores nacionales e internacionales, entre ellos los Festival Internacionales de Poesía de Medellín y Bogotá en Colombia. También escribe teatro y ensayo y colabora con varias publicaciones nacionales y latinoamericanas.
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 227/2010
“¿Cómo le será permitido al poeta equivocarse, cuando su naturaleza y su destino
han sido colocados en el sitio más destacado del mundo?
Thomas Mann
Poeta invitado: ADRIANO CORRALES (*)
I
Entre el mar y la montaña
la memoria
Entre la montaña y el mar
el olvido
Entre la mar y el monte
este silbido
(Del libro Tranvía Negro, Ediciones Alambique, 1995)
CARTA A LA ESPOSA
hablame como siempre / decí
que me querés / ¿soy en tu vida
remordimiento?
Juan Gelman
Estoy sentadito en un banco de niebla
pensándote conversándote extraviado
conversándome pensándome cautivo
separado de vos por la lluvia
el enjambre de cipreses
la punzada de la tarde
aquí reinventándome la fantasmagoría de las palabras
la magia del trance vértebra tras vértebra
en la piel de la herida perpetua la posibilidad del vuelo
pajarito / machete
que volás con mi muerte alrededor de la mesa
al acorde de las horas
intento un gesto para tu cabello de lentejuelas
rostro de cristal azul
para tu voz adormecida en el teléfono
intento un desabroche del duelo en la cintura de tus ángeles
espuelita de mango en la noche de gangoche
para patrullar mis cementerios
intento pero retrocedo intento en el mangle de tu deseo
litoral encrespado por el temporal de tu vientre
ola que rueda y muere y rueda por todo el universo
espera la luz del encuentro en el fragor de los cuerpos
dentro de tu sexo de astros empapado por la semilla de polvo
la nieve amarilla del tiempo
retrocedo pero intento retrocedo cisne calcinado en los abetos
canto de rosario de reyes destronados estrella del sur palma venus
cascada de más estrellas astros estrellas que persigo
para descubrir nuestro pesebre sin mulas ni bueyes sino musgo hierba seca
ciudad fragmentada de los diciembres
rehuyo entonces pero peleo rehuyo
empapelo las paredes con estos ideogramas
parpadeos gritos contraespalda caballo desbocado
en tu falda salto lanza salto
caigo
viacrucis de luciérnagas vasos botellas velas apagándose
cristus rotos
vírgenes guardadas en anaqueles con azafrán de medianoche
olor a azufre sudor hierbabuena pasos en la otra habitación de arena
golpeo finta golpeo finta
paredes de humo
puertas de avena
golpea bajo golpean arriba golpeamos en el centro
sombras en la caverna me llevan
caigo
caigo
caigo
caído
mi descanso es una camilla sin descanso una camilla de niebla
no descanso los miércoles ni los sábados
tu santo es mi santo grial mirasol en el portal en el oratorio
en el altar de flores papel crepé con su mantelito de gamuza
mirame como rezo en tus rodillas me poso nuevamente en tus pechos
beso tus manos tus ventanas tus pies beso todo tu cuerpo
lo beso en la noche del milagro
paseo por tu jardín de alucinaciones con riesgo me incendio
paseo pero el milagro no sucede
sucedo fuego transparente interno externo
no me digás que sos arrepentimiento
decíme que me querés pero no en tus secretos
en tus viajes de notas muertas en tus cadáveres
no por teléfono decíme que me querés
como en aquél pueblo donde ahora dibujo incinero manoteo
detallo una vez más tus pechos tus volteretas en la almohada del silencio
para no despertar a la niña que llevabas por dentro
dormida a nuestro lado
decímelo suavemente ¿tenés remordimiento?
para ser como soy palabra de mis palabras
aguacero del recuerdo pasadizo de lo venidero
fantasma de tus desvelos ¿no me lo decís?
por construirme un hogar de palo en la selva de mis quimeras
un tálamo de viento en los devaneos del verso
almohadones de chocolate sábanas de menta
con tu nena en el escaparate o en la mesa del domingo
con mi desayuno a cuestas ¿no me lo decís?
no me digás qué somos: ¿remordimiento?
sino qué seremos en esta avenida de ausencias
palomita de mi tristeza más oblicua
aguatera de mis fiestas de ceniza
qué seremos si esto somos: remordido remordimiento
abríme con tus decires para poder contarte mis insomnios
caminatas por la hierba
ronda en la madrugada de tus ecos
abríme con tu abrealmas para contarte más de cerca
cómo me caigo por dentro y peleo intento rehuyo peleo
pellizcando las noches para no recibir más que miradas
soliloquios de mi sangre donde me vierto
cerrame pues para no abrirte mis senderos de incienso
alumbrados apenas por tus ojos tus dedos de lucero
cerrame partera del barro poneme unos barrotes
pero decíme cómo seremos
si no me decís que me querés qué soy en tu vida
¿algo más que remordimiento? ¿algo más?
cerrame pues como la madrugada que gotea golpea
se planta en mi acecho por los pasillos de las serpientes
cerrame / abríme - abríme / cerrame
curame con tus hierbas poné tu imagen sagrada al sol a orar por nosotros
por nuestros pecados nuestras dudas nuestras deudas
abríme / cerrame - cerrame / abríme
para que navegués mis páginas retrocesos en letras negras
perfumes malogrados café que no se asienta
vení a esta hoguera de febrero vení tomá mis manos maestrita
consolame con el desconsuelo que no consuela
saboreá estas lágrimas cuchillos apagados en la distancia
apagame / encendeme / apagame / encendeme
decíme que no me querés que me querés que no
que yo soy otro el otro
alguien que imagina tu vuelo los martes o los jueves
tus figurillas de arcilla en la casa sin paredes
las cariátides del último pabellón que no conoceremos
el piso de candela la escalera en flor el cielo en duermevela
decíme con tus dedos de agua apagame en este incendio oceánico
apagame o encendeme o apagame con tus guerreros del viento
pero decíme si hemos sido somos seremos arrepentimiento
con tus manos tus sueños con tus cantos tus anzuelos
porque me ahogo me esfumo porque me quemo
decíme
(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)
CARTA AL HIJO
Sería difícil escribir esta carta sin evitar las justificaciones
digresiones de caída y vela hinchada hacia el poniente
en el fósforo del Báltico un amanecer de lluvia y lágrimas
con el rostro frente a las paredes blancas de un hospital invernadero
¿Será difícil inventariar las lunas los cruces de esquina
los caballos estivales galopando a ambos lados del transiberiano
las noches de vodka alrededor de la ausencia sin tus pasos?
Será duro el batallar de los acontecimientos
las visas los pasaportes los aeropuertos los desencuentros
las callosidades del alma la inutilidad de los abrazos
Será difícil anotar que he desvivido bebido huido
hacia los agujeros del tiempo en la marcha de las palabras
Más difícil aún revisar imágenes de un país imaginario
las bombas que caen en el Chorrillo sobre San Miguelito la luna
el desfile de gorilas amarillos desatando el istmo con su fuego homicida
sus fauces hediondas alimañas de carnicería
y vos bajo la telaraña de la cama en la habitación del miedo
asustado y sorprendido sin comprender por qué el imperialismo
los capitales la banda neoliberal los lameculos tropicales
la horda de paisanos como perfectos chacales
el paréntesis de este centro planetario atiborrado de compañías
comerciantes del reino usureros serruchadores de tus sueños
mis sueños de una sola patria matria nuestros sueños
los de tu madre con los muñecones del teatrillo callejero
por las selvas del Darién o en el Archipiélago donde las embarcaciones
llevan traen los cuentos de los fundadores elementales
los soles de la palma el brillo soberbio de las pieles
trasiegan el pasado contra el futuro en un eterno presente
Es difícil ocultarse hijo muy difícil
escribir todo esto sin que me tiemblen las manos
y un rumor de cadenas crepitaciones inexpresables
naveguen por dentro como una estampida de bisontes guerrilleros
y la mirada se nos pueble de nubes en el olvido de nuestros nombres
Harto difícil esta tarea de acercarte a mi otro yo
el de los ojos del antifaz con la suerte del andariego
en un tranvía negro que siempre retorna y retorna
con las hilachas nocturnas de los murciélagos
siemprevivo siempreamargo cautiverio de las páginas que se humedecen
como las lapidas con el rocío de los cementerios
o las bestias que huyen perseguidas por el amazónico incendio
Me es muy difícil decirte hijo decírtelo sin faltarle al recuerdo
que yo también me caigo me lluevo me abro me cierro
me ablando me tiemblo me tenso con los látigos los templos
del primer indicio la mediada caricia el último vuelo
para decirte así sencillamente hijo sin literatura
así al puro aire que todos somos viajantes y que por eso
y a pesar de todo lo que transcurre bajo el poema
a pesar de todo lo que muero te escribo y te quiero
(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)
CASI-DA A FEDERICO GARCÍA LORCA
Nuestras ciudades enloquecieron con sus guadañas
el humo asfixia a los maricas los peones las pitonisas
los rascacielos los callejones la caravana de gitanos
en el éxodo de los incendios la Danza de la Muerte
con sus harapos sus cadenas su retorcerse
alrededor de este siglo que también se nos muere
por las horas graves de esta tarde en que subís vos
Federico ángel toreador de las estrellas los enjambres
Siempre vos subís por las cinco sangres de la tarde
con Antoñito el Camborio e Ignacio
con el rey de Harlem y el Viejo de las hierbas del Hudson
con una comparsa de negros en búsqueda de su Habana para verte
Subís y bajás y subís por las cinco sangres de todas las tardes
como un son de la murga en la guitarra más ancha y profunda
pletórico de romances saetas valses con tu luna de plata
tu barca amarrada al alma tu caballo anclado en el Alhambra
el puñal abierto y las cartas lanzadas a las esquinas de los amantes
Tras de vos vienen los fusiladores con sus capas de tinta y cera
y todos los que te han matado y te matan sin matarte
pero también vienen Margarita Antonio Pablo Luis Vicente
y los demás poetas con sus cantos y sus olivares de trashumante
Subís hacha de luz con todas las muertes a cuestas
encendido en el baile de máscaras con las páginas abiertas
como las flores en el instante de la primavera
Subís con nosotros en la hora ciega de los alacranes
con todo tu amor en nuestra rabia y en nuestros pesares
para iluminarnos y limpiar el óxido de los altares
la rancia costura de los maestros los empleados los generales
Subís toro torero por este cementerio de plantas y pañales
con tu fuego perpetuo de lluvia para apagar las academias
los anuncios las lámparas de la fama las camas vacías los pedestales
Subís y subís con tu alta raíz de sombras y jaguares
hasta este nombrarte nombrándome en la apuesta más lúcida
de los guernicas las plazas los bosques los labios más lunares
subís y nos subís por la garganta como una procesión fresca de animales
para regresar a la humedad de los collares en el lomo del tiempo
y arrear la bandera negra de tu Andalucía para izar la nuestra
esta funda de sortilegios en la concavidad de todas todas las sangres
(Del libro Profesión u Oficio, Ediciones Andrómeda, 2002)
VIDEO CLIP PARA JORGE LUIS BORGES
Yo no miro el oro de los tigres
sino las palabras / tigres que nos devoran
así como el jardín sin los senderos
nos identifican nos ignoran
no el mundo de Morel al alimón
con Bioy Casares tu otro yo en sus alucinaciones
Tampoco es como piensan tus biógrafos
críticos ramplones sin imaginación creativa
que la mirada interior (- que - la - mira - da - al - interior)
el laberinto de los ojos con su Teseo
el podium de los pinochetes con el laurel y la lira
la biblioteca infinita del ratón que se muerde la cola
y roe todos los folios de lo alarmantemente maravilloso
¡Claro que no!
Simplemente este abismo abismándose más
para doblar la esquina y saber lo que hay que saber
que esto no es Buenos Aires ni Ginebra (ni siquiera ron)
sino tigres / palabras que se evaporan y reescribimos infinitamente
como el ciego en una playa antes de la batalla
o el cantor perseguido esquivando la luz
cuando escupe estos pergaminos amarillentos
sin importar el fuego ni las migajas azules del tiempo
(Del libro “Profesión u Oficio”, Ediciones Andrómeda, 2002).
59.
En el fondo de la tarde
con la arboleda frutal de cámara verde
recuerdo a Madre pedaleando
sobre esa magnífica estructura
de metales fundidos y maderas preciosas
en cuyo centro de hierro forjado
podíamos deletrear S-I-N-G-E-R
La aguja trazaba veredas de pájaros
estelas de pececillos escarlatas
cantos de ojales decorados
y cuando se salía de su ruta
Ella sin lentes detenía mi lectura
para que le ayudase a pasar el hilo de tiempo
por el orificio de la nada
Hoy que barajo lentamente esas imágenes
mientras mi esposa en el taller
pinta sus figuras obesas de barro y canto
percibo el ronroneo del pedal bajo el escritorio
y las manos de Madre enhebran las palabras
sobre camisas y blusas de otra tarde
en que versos y esculturas son canciones
de una máquina en el viento
(Del libro “Caza del Poeta”, Ediciones Andrómeda, 2004).
13.
Intento de réplica a Carlos Martínez Rivas
No Poeta, hay que habitarlos y renovarlos, enfrentarlos en su asfixia, en su crecer de bejucos y enredaderas de selva doméstica. Revirarlos y golpearles las nalgas con besos y mordiscos, penetrarlos donde más les duele, por ello lo disfrutan. Intoxicarlos de mayor oscuridad en la flotación noctámbula. No darles tregua, ponerles la paleta en su lugar y al día siguiente ofrendarles su parcela de aire para que nos permitan el vuelo de lo nuestro.
No Poeta, no, el remedio contra los amores no es matarlos. El único remedio sería vivirlos intensamente y ahogarlos en sus propias aguas; vivirlos, revivirlos, rematarlos.
(Del libro Kabanga, Ediciones Arboleda, 2007).
CARTA A UN JOVEN POETA
Al poeta Rafael Esquivel in memoriam
Querido Rafa donde quiera que estés habrá de llegarte el murmullo de las palabras tardías carcomidas por el cansancio y la angustia de saber que son inútiles c
omo toda palabra que no se dijo a tiempo porque he de admitir que te dejamos sólo muy sólo aunque tal vez nos merecíamos esta ausencia pues no supimos encontrarte cuando nos buscaste o también te faltaron palabras que esperamos de algún modo entonces todo fue un vago rumor diálogo de sordos humareda de pitada instantánea pero la mecha no era lo importante vos lo sabías ni lo que nos dividía al contrario muchas veces nos unió sino lo otro lo que iba detrás como la parte oscura de la luna lo que nunca expresaste pero todos comprendimos y callamos eso que ahora cargamos colina arriba como tus restos la cuerda que bamboleante quedó atada al árbol la ceniza de tu fuego extinguido la botella vacía aquello que no se nombra en familia ni en el círculo más íntimo de los amigos o de las chicas tampoco en la conversa de cantina ni se publica en revista alguna siquiera se sugiere cuando dejamos de saludarnos esto que nos carcome y que no podremos jamás externar porque igual nos lo llevaremos a la tumba
(Del libro San José Varia, ediciones Arboleda, 2009)
Patria
Nací en este pequeño país. Pero vengo del sol, del viento, del fuego, del socavón en el agua, del arroyo de la sangre. Del barro rojo, de las arenas calcinantes, del vuelo de las primeras aves. De los cráneos que brillaron en la noche de multitudinaria caza o en las innúmeras batallas contra la espada de nuestros contrincantes.
Vengo del África milenaria y renovada en sus tambores. De las estepas del Asia. De las playas, llanuras y montañas de Abia Yala. Y del rayo que no cesa: la cuchillada de la bárbara Europa.
Llevo a cuestas equipajes, siglos, la custodia cubriendo mis espaldas. Traigo la palma, el papiro y el amatl; la vihuela, el laúd y la guitarra; las monedas de la suerte dibujadas en el golpe místico de los dados de la muerte. Llevo un pan y un pescado, tortillas de maíz y casabe. Y el vino en todos los costados.
Despliego dioses tallados en humo y piedra, en las cuentas largas y cortas de las cosechas, en el estallido de la primavera.
Y una tristeza que no se apaga sino en el encuentro con ella, la belleza del tiempo estampada en sus pechos y caderas.
Sostengo lanzas y fusiles que cumplieron la hazaña, armas de la derrota, piélago de la victoria. Porto el talante de lucha y resistencia porque soy guerrero de cabellera larga y mirada tenaz. Libertario de barricada y trinchera.
Un manantial de placeres en el susurro del vendaval.
Y millones de palabras para defenderme cuando mi cuerpo ya cansado traza el itinerario por mi pequeñina comarca, que es la de todos.
Por eso la defiendo chavalita y amplia como el planeta.
Dibujada en mi mano la extiendo por todas las galaxias.
(Del libro San José Varia, ediciones Arboleda, 2009).
(*) Adriano Corrales Arias: nació en Costa Rica, en 1958. Ha publicado: “Tranvía Negro” (Poesía, Ediciones Alambique, San José, 1995; Ediciones Perro Azul, San José, 1999); “Los ojos del Antifaz” (Novela, Ediciones Perro Azul, San José, 1999; Ediciones Piel de Leopardo, Buenos Aires, Argentina, 2001; EUNED, San José, 2007); “La suerte del Andariego” (Poesía, Ediciones Perro Azul, San José, 1999); “Hacha Encendida” (Ediciones El Pez Soluble, Caracas, Venezuela, 2000); “Profesión u Oficio” (Poesía, Ediciones Andrómeda, San José, 2002); “Caza del Poeta” (Poesía, Ediciones Andrómeda, San José, 2004); “El jabalí de la media luna” (Cuento, Ediciones Arboleda, San José, 2005), “Balalaika en clave de son” (Novela, Editorial Costa Rica, San José, 2006) y “San José varia” (poesía, 2009). Como compilador ha publicado Poesía de fin de siglo. Antología de poesía nicaragüense y costarricense (Ediciones Perro Azul, San José, 2000); y Sostener la palabra. Antología de poesía costarricense contemporánea (Ediciones Arboleda, 2007). Es profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Costa Rica donde dirige la revista FRONTERAS y el Encuentro Internacional de Escritores. Ha sido antologador de poesía y narrativa costarricense y centroamericana y ha participado en múltiples festivales y encuentros de escritores nacionales e internacionales, entre ellos los Festival Internacionales de Poesía de Medellín y Bogotá en Colombia. También escribe teatro y ensayo y colabora con varias publicaciones nacionales y latinoamericanas.
Poemania Nº 226 - Eduardo D'Anna
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 226/2010
“El poeta prolonga la existencia de la lengua,
es una suprema operación lingüística
fuera del lenguaje…”
Joseph Brodsky
Poeta invitado: EDUARDO D’ANNA (*)
EL SABIO
Estaciono en una ciudad
desconocida. Dejo el auto
preocupado. Como si no
supiera que a él, estar solo
por un ratito, no le molesta.
Quedarse descansando así,
sin buscar pruebas
de la existencia del mundo.
Un auto grande ya,
con algunos problemas físicos;
pero que sabe lo que vale
dejarse estar, tranquilo,
en una calle
de la que no se sabe ni el nombre.
PALMERA
¿Qué será de la palmera
que se veía desde
la ventana de la cocina,
antes de que hicieran
el edificio?
¿Estará
bien? ¿Y pensará,
a su vez, en nosotros,
en lo que ha sido
de nosotros?
EL DORMITORIO
Aquí siento los ruidos, es decir,
aquí siento el silencio:
Siento el enarbolarse del aire
para ser viento, cómo aparta
las hojas, cómo le contestan,
cómo me invade, cómo nos invade,
y cómo prepotente nos obliga
a respirar. Aunque querramos
morir. Aunque querramos
irnos con los fantasmas de la noche
que ni siquiera saben respirar
ni lo precisan.
LOS NIETOS
No, ellos tampoco existen.
Los objetos esperan
para ser rotos, usados, para ser
algo por vez primera para alguien,
pero aún deberán
esperar por un tiempo,
por su tiempo.
Cuando
empiecen las imaginarias
repeticiones: las caídas
en el mismo lugar
que los hijos, los sustos
a causa de las mismas
travesuras.
La leyenda,
la cultura privada
en que se afirma toda vida
aquí, hasta las épicas.
Vísperas al pasar
por esas piezas todavía grandes.
ROPA
Como el arpa de Bécquer, las ropas
yacen tiradas en sillas, en la cama
o en ridículos percheros improvisados
en picaportes o respaldares.
Malévolas causantes de disturbios
conyugales, miran, impávidas
vacas bidimensionales, las peleas
a causa de ellas por su ilegal
situación, sólo aparentemente provisoria.
Su secreta ambición de niñas edípicas
es meterse en el lecho matrimonial
a ejercer un menage à trois por la fuerza
de los hechos, por el descuido o la inercia.
Entonces suspiramos y las guardamos
-las encerramos, bah, seamos sinceros-
porque no es así como deben
jugarse las escenas del amor.
REGRESO DE VACACIONES
En unos pocos días, nada más,
todo se ha derrumbado:
cucarachas muertas a causa
de previsores insecticidas,
plantas exangües. Olor
a cadáveres lapidarios.
Los héroes de novela
protestan su abandono
desde los anaqueles.
El gato Juan, reintegrado,
pasa en una neblina
de desprecio.
LA VECINA
Luisa sale al balcón
enfrente de mi casa.
Tiene 81 años, y mira
algo en el árbol
que le queda debajo;
tal vez una torcaza,
o unas hojas, o un plástico
enredado en las ramas:
eso no lo sé, pero
si veo -claramente-
que con la lengua, por
debajo de los labios
se remueve los restos
del desayuno
que en la dentadura
postiza, molestan.
BAÑO
Aquí nacen las reflexiones más profundas,
y se revela el ser: uno, sentado,
ve transcurrir el orbe hacia
su caducidad sin apelaciones:
él brilla, cósmico, reflejado
en los viejos azulejos, que se vuelven
translúcidos en el portento
de igualársele. Pero, ¡cómo, nunca!,
al universo no se le pasa
un trapo, eso está claro. Así,
el lugar es también de lo falso,
lo alucinado, lo que pierde
al hombre tras la gloria y el poder;
pero, no obstante, el baño
es humilde y recibe los dones
que le querramos dar.
(*) Eduardo D’Anna: nació en Rosario (Santa Fe, Argentina) en 1948. Abogado, poeta, ensayista, traductor, narrador y dramaturgo. Dirigió una revista literaria («Parábolas») entre 1965 y 1966 y en 1967 publicó su primer libro de poemas: "Muy muy que digamos" (Ensayo Cultural, Bs. As.). En 1968, junto a Elvio y Francisco Gandolfo y Sammy Wolpin, comenzaron a publicar la famosa revista «El lagrimal trifurca», que duraría hasta 1976 y que agruparía también a Hugo Diz y Sergio Kern. Con el sello de esta revista, fueron apareciendo sus poemarios "Aventuras con usted" (1975), "Carne de la flaca" (1978) y "A la intemperie" (1982), mientras practicaba la abogacía tras recibirse en 1971. Desde 1972 hasta 1980 fue docente teatral en una experiencia inédita para los colegios secundarios de la época, en la escuela Superior de Comercio. En 1985, la Municipalidad de Rosario publicó "Calendas Argentinas", descubriendo luego que su carta orgánica no le permitía comercializar la edición, la que se repartió en bibliotecas e instituciones culturales del país. «El lagrimal» volvió a editarle en 1986, tras estrenarse en 1984 su pieza teatral "Morante, un espejo para la Revolución".En 1992, se publicó "La máquina del tiempo" (Libros del Hibiscus, Rosario). "La Montañita" (Libros del Empedrado, 1994) recoge poemas escritos entre 1985 y 1991. Integró también "Los mejores poemas de la poesía argentina" de J. C. Martini Real (Corregidor, Bs. As., 1974), "Antología de la poesía argentina" de R. G. Aguirre (Fausto, Bs. As., 1979), "El amor en la poesía argentina" de E. Romano (Andrómeda, Bs. As., 1976), y otras. Poemas suyos han sido traducidos al alemán y al griego (moderno).Es asimismo traductor, habiéndose dedicado a la obra de W. B. Yeats y Manuel Bandeira. Como crítico, se ha especializado en la literatura de su ciudad, preparando la hasta ahora única historia literaria de la misma ("La literatura de Rosario", Fundación Ross, Rosario, 3 tomos, 1990-91). Fue colaborador de la revista «Poesía de Rosario» y columnista del suplemento literario del diario «La Capital». En 1999, publicó "Obra siguiente" (Libros del Hibiscus). En el año 2001 se editó la novela "La jueza muerta" (Ediciones de la Flor), con una crítica muy elogiosa del escritor y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa. Es profesor de Derecho. En 2010, editó su poemario “2491” (al cual pertenecen esta selección de poemas) por ediciones Recovecos y asumió la dirección de la Revista “Facundo”.
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 226/2010
“El poeta prolonga la existencia de la lengua,
es una suprema operación lingüística
fuera del lenguaje…”
Joseph Brodsky
Poeta invitado: EDUARDO D’ANNA (*)
EL SABIO
Estaciono en una ciudad
desconocida. Dejo el auto
preocupado. Como si no
supiera que a él, estar solo
por un ratito, no le molesta.
Quedarse descansando así,
sin buscar pruebas
de la existencia del mundo.
Un auto grande ya,
con algunos problemas físicos;
pero que sabe lo que vale
dejarse estar, tranquilo,
en una calle
de la que no se sabe ni el nombre.
PALMERA
¿Qué será de la palmera
que se veía desde
la ventana de la cocina,
antes de que hicieran
el edificio?
¿Estará
bien? ¿Y pensará,
a su vez, en nosotros,
en lo que ha sido
de nosotros?
EL DORMITORIO
Aquí siento los ruidos, es decir,
aquí siento el silencio:
Siento el enarbolarse del aire
para ser viento, cómo aparta
las hojas, cómo le contestan,
cómo me invade, cómo nos invade,
y cómo prepotente nos obliga
a respirar. Aunque querramos
morir. Aunque querramos
irnos con los fantasmas de la noche
que ni siquiera saben respirar
ni lo precisan.
LOS NIETOS
No, ellos tampoco existen.
Los objetos esperan
para ser rotos, usados, para ser
algo por vez primera para alguien,
pero aún deberán
esperar por un tiempo,
por su tiempo.
Cuando
empiecen las imaginarias
repeticiones: las caídas
en el mismo lugar
que los hijos, los sustos
a causa de las mismas
travesuras.
La leyenda,
la cultura privada
en que se afirma toda vida
aquí, hasta las épicas.
Vísperas al pasar
por esas piezas todavía grandes.
ROPA
Como el arpa de Bécquer, las ropas
yacen tiradas en sillas, en la cama
o en ridículos percheros improvisados
en picaportes o respaldares.
Malévolas causantes de disturbios
conyugales, miran, impávidas
vacas bidimensionales, las peleas
a causa de ellas por su ilegal
situación, sólo aparentemente provisoria.
Su secreta ambición de niñas edípicas
es meterse en el lecho matrimonial
a ejercer un menage à trois por la fuerza
de los hechos, por el descuido o la inercia.
Entonces suspiramos y las guardamos
-las encerramos, bah, seamos sinceros-
porque no es así como deben
jugarse las escenas del amor.
REGRESO DE VACACIONES
En unos pocos días, nada más,
todo se ha derrumbado:
cucarachas muertas a causa
de previsores insecticidas,
plantas exangües. Olor
a cadáveres lapidarios.
Los héroes de novela
protestan su abandono
desde los anaqueles.
El gato Juan, reintegrado,
pasa en una neblina
de desprecio.
LA VECINA
Luisa sale al balcón
enfrente de mi casa.
Tiene 81 años, y mira
algo en el árbol
que le queda debajo;
tal vez una torcaza,
o unas hojas, o un plástico
enredado en las ramas:
eso no lo sé, pero
si veo -claramente-
que con la lengua, por
debajo de los labios
se remueve los restos
del desayuno
que en la dentadura
postiza, molestan.
BAÑO
Aquí nacen las reflexiones más profundas,
y se revela el ser: uno, sentado,
ve transcurrir el orbe hacia
su caducidad sin apelaciones:
él brilla, cósmico, reflejado
en los viejos azulejos, que se vuelven
translúcidos en el portento
de igualársele. Pero, ¡cómo, nunca!,
al universo no se le pasa
un trapo, eso está claro. Así,
el lugar es también de lo falso,
lo alucinado, lo que pierde
al hombre tras la gloria y el poder;
pero, no obstante, el baño
es humilde y recibe los dones
que le querramos dar.
(*) Eduardo D’Anna: nació en Rosario (Santa Fe, Argentina) en 1948. Abogado, poeta, ensayista, traductor, narrador y dramaturgo. Dirigió una revista literaria («Parábolas») entre 1965 y 1966 y en 1967 publicó su primer libro de poemas: "Muy muy que digamos" (Ensayo Cultural, Bs. As.). En 1968, junto a Elvio y Francisco Gandolfo y Sammy Wolpin, comenzaron a publicar la famosa revista «El lagrimal trifurca», que duraría hasta 1976 y que agruparía también a Hugo Diz y Sergio Kern. Con el sello de esta revista, fueron apareciendo sus poemarios "Aventuras con usted" (1975), "Carne de la flaca" (1978) y "A la intemperie" (1982), mientras practicaba la abogacía tras recibirse en 1971. Desde 1972 hasta 1980 fue docente teatral en una experiencia inédita para los colegios secundarios de la época, en la escuela Superior de Comercio. En 1985, la Municipalidad de Rosario publicó "Calendas Argentinas", descubriendo luego que su carta orgánica no le permitía comercializar la edición, la que se repartió en bibliotecas e instituciones culturales del país. «El lagrimal» volvió a editarle en 1986, tras estrenarse en 1984 su pieza teatral "Morante, un espejo para la Revolución".En 1992, se publicó "La máquina del tiempo" (Libros del Hibiscus, Rosario). "La Montañita" (Libros del Empedrado, 1994) recoge poemas escritos entre 1985 y 1991. Integró también "Los mejores poemas de la poesía argentina" de J. C. Martini Real (Corregidor, Bs. As., 1974), "Antología de la poesía argentina" de R. G. Aguirre (Fausto, Bs. As., 1979), "El amor en la poesía argentina" de E. Romano (Andrómeda, Bs. As., 1976), y otras. Poemas suyos han sido traducidos al alemán y al griego (moderno).Es asimismo traductor, habiéndose dedicado a la obra de W. B. Yeats y Manuel Bandeira. Como crítico, se ha especializado en la literatura de su ciudad, preparando la hasta ahora única historia literaria de la misma ("La literatura de Rosario", Fundación Ross, Rosario, 3 tomos, 1990-91). Fue colaborador de la revista «Poesía de Rosario» y columnista del suplemento literario del diario «La Capital». En 1999, publicó "Obra siguiente" (Libros del Hibiscus). En el año 2001 se editó la novela "La jueza muerta" (Ediciones de la Flor), con una crítica muy elogiosa del escritor y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa. Es profesor de Derecho. En 2010, editó su poemario “2491” (al cual pertenecen esta selección de poemas) por ediciones Recovecos y asumió la dirección de la Revista “Facundo”.
Poemania Nº 225 - Gabriela Delgado
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 225/2010
“Es preciso no estar en sus cabales para que un hombre aspire ser poeta;
pero, en fin es sencilla la receta.
Forme usted líneas de medida iguales, y luego en fila las
coloca juntas poniendo consonantes en las puntas.
¿Y en el medio? ¿En el medio? ¡Ese es el cuento!
Hay que poner talento.
Ricardo Palma Soriano
Poeta invitada: GABRIELA DELGADO (*)
ADOLESCENTE
En mi adolescencia
los ojos más tristes eran imanes.
Redentora de heridas mal ganadas.
Barro tu camino, apartando las piedras
sin darme cuenta de que mis pies
sangran en retaguardia.
El huracán me lleva
soplando fuerzas
hasta el límite de mis manos.
PROFECÍA
Puede predecir la noche
en el vuelo de los pájaros
a contramano de la brisa.
Un augurio de sombras
en el dintel de la puerta
ensayando llaves.
Jadea la marea su presagio
de errantes arenas.
Siente el desenlace
en la mirada vidriada
de su espejo.
Conoce la profecía
tallada en la loza del sepulcro.
Mientras la ignore
no será cierta.
NOSOTRAS
Las Hembras ponemos la palabra y el cuerpo,
el coraje, la paciencia, la caricia, el pan, las manos
y no hacemos del amor un juego.
Nos reconstruimos cada día, aun desde las ruinas.
Desangradas, cicatrizamos en jazmines.
Las Hembras sabemos de cobardes retiradas.
Las hemos visto muchas veces en miradas esquivas,
en silencios agazapados, en estocadas gratuitas.
Las Hembras caminamos de frente, embestimos la vida.
A veces, la magia hecha esquirla nos hiere de muerte.
Es allí donde todo lo que sentimos
no vuelve a traspasar la piel ni la frontera.
(No siempre creer vale la pena.)
Las Hembras ponemos la palabra y el corazón,
aunque no se vea.
Y sin explicarnos por qué, o por dónde,
siempre llegamos.
Siempre.
TRUENO
La palabra me traga en su mentira.
Llueve silencio.
Empantanadas las letras
gritan su idioma dislocado.
Imprecisas garabatean
lícitas palabras.
No hay indulto
para el grito rebelde
que ensordece.
Trueno del infierno.
OSARIOS
Aquí sólo un osario.
Tierra arrasada.
El aire huele a blanca bandera
Manchada con sangre.
La razón, montada
Sobre el instinto de los chacales.
Los huesos de una mano
Apuntan al cielo.
¿Por qué nosotros?
Al otro lado un osario.
Tierra arrasada.
El aire silba una sinfonía de duelo.
Tanto odio tejiéndose
En la hebra de los siglos.
Erupción de volcán casi premeditada.
Una cañavera llora el destino sobre la greda.
¡Por qué nosotros?
En otro continente
Un niño pregunta:
¿Por qué?
Escribe su inocente canta de paz
Sobre una pajarita de papel.
VAN GOGH
Una flor blanca
enraíza esa porción de tierra
que ha sido removida.
Cada día con más fuerza
extiende sus brazos
tapizando de verde el entorno
justo hasta le cordón dibujado con piedra.
Siembra botones, reflejos de cielo,
aromas.
No hay más ojos allí
que lo de las aves
aseverando el milagro.
Semilla es el corazón de un hombre.
En el centro de un pecho mudo
las raíces han hecho su nido.
La muerte no se atreve,
ha dado vida.
DESHABITADA
Imagino que la casa ya no será la misma.
Este verano los damascos sembrarán
el patio sin una mano que los cobije
y la parra, sin su poda de otoño,
entregará vides vacías.
Los cristales empañados de grises
ya no reflejan verdes en al cocina.
El fogón aromado de pan recién hecho
sólo esparce cenizas.
El reloj marca un tiempo sin pasos.
En el desván, olvidada, una caja de fotos
se abraza a un pasado de rieles.
El espejo ha de haber perdido la sonrisa
frente a la sombra.
Una húmeda fatiga se niega
a ser exorcizada con sándalo.
La casa está vacía.
Dos manos y un vaso de vino
deshojan el eco de la risa.
La casa está sola.
Quien la habita ha elegido el destierro.
(*) Gabriela Delgado: nació en Buenos Aires (Argentina). Pertenece al Grupo de poesía “PRETEXTOS”. Codirige el Café Literario “Buenos Aires Poesía” (desde 2006). Codirige el Encuentro Latinoamericano de Poesía “Reunión de Voces” (desde 2006). Publicó las siguientes plaquetas: Collage interior, Azul eclipse, Milagros y melancolías, Treguas cotidianas, Ventana al olvido y Entre nosotros; además posee un libro de foto-poemas: Perfiles del alma. En coautoría: Pasajeros del penúltimo tren (2007) y Ronda de Pretextos (2007). Tiene editados tres poemarios: “AguaLuna” (2002); “Destinatario” (2005) y “La vida es otra cosa” (2008). Ha obtenido numerosos premios por su labor poética e integra varias Antologías en Argentina y España.
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 225/2010
“Es preciso no estar en sus cabales para que un hombre aspire ser poeta;
pero, en fin es sencilla la receta.
Forme usted líneas de medida iguales, y luego en fila las
coloca juntas poniendo consonantes en las puntas.
¿Y en el medio? ¿En el medio? ¡Ese es el cuento!
Hay que poner talento.
Ricardo Palma Soriano
Poeta invitada: GABRIELA DELGADO (*)
ADOLESCENTE
En mi adolescencia
los ojos más tristes eran imanes.
Redentora de heridas mal ganadas.
Barro tu camino, apartando las piedras
sin darme cuenta de que mis pies
sangran en retaguardia.
El huracán me lleva
soplando fuerzas
hasta el límite de mis manos.
PROFECÍA
Puede predecir la noche
en el vuelo de los pájaros
a contramano de la brisa.
Un augurio de sombras
en el dintel de la puerta
ensayando llaves.
Jadea la marea su presagio
de errantes arenas.
Siente el desenlace
en la mirada vidriada
de su espejo.
Conoce la profecía
tallada en la loza del sepulcro.
Mientras la ignore
no será cierta.
NOSOTRAS
Las Hembras ponemos la palabra y el cuerpo,
el coraje, la paciencia, la caricia, el pan, las manos
y no hacemos del amor un juego.
Nos reconstruimos cada día, aun desde las ruinas.
Desangradas, cicatrizamos en jazmines.
Las Hembras sabemos de cobardes retiradas.
Las hemos visto muchas veces en miradas esquivas,
en silencios agazapados, en estocadas gratuitas.
Las Hembras caminamos de frente, embestimos la vida.
A veces, la magia hecha esquirla nos hiere de muerte.
Es allí donde todo lo que sentimos
no vuelve a traspasar la piel ni la frontera.
(No siempre creer vale la pena.)
Las Hembras ponemos la palabra y el corazón,
aunque no se vea.
Y sin explicarnos por qué, o por dónde,
siempre llegamos.
Siempre.
TRUENO
La palabra me traga en su mentira.
Llueve silencio.
Empantanadas las letras
gritan su idioma dislocado.
Imprecisas garabatean
lícitas palabras.
No hay indulto
para el grito rebelde
que ensordece.
Trueno del infierno.
OSARIOS
Aquí sólo un osario.
Tierra arrasada.
El aire huele a blanca bandera
Manchada con sangre.
La razón, montada
Sobre el instinto de los chacales.
Los huesos de una mano
Apuntan al cielo.
¿Por qué nosotros?
Al otro lado un osario.
Tierra arrasada.
El aire silba una sinfonía de duelo.
Tanto odio tejiéndose
En la hebra de los siglos.
Erupción de volcán casi premeditada.
Una cañavera llora el destino sobre la greda.
¡Por qué nosotros?
En otro continente
Un niño pregunta:
¿Por qué?
Escribe su inocente canta de paz
Sobre una pajarita de papel.
VAN GOGH
Una flor blanca
enraíza esa porción de tierra
que ha sido removida.
Cada día con más fuerza
extiende sus brazos
tapizando de verde el entorno
justo hasta le cordón dibujado con piedra.
Siembra botones, reflejos de cielo,
aromas.
No hay más ojos allí
que lo de las aves
aseverando el milagro.
Semilla es el corazón de un hombre.
En el centro de un pecho mudo
las raíces han hecho su nido.
La muerte no se atreve,
ha dado vida.
DESHABITADA
Imagino que la casa ya no será la misma.
Este verano los damascos sembrarán
el patio sin una mano que los cobije
y la parra, sin su poda de otoño,
entregará vides vacías.
Los cristales empañados de grises
ya no reflejan verdes en al cocina.
El fogón aromado de pan recién hecho
sólo esparce cenizas.
El reloj marca un tiempo sin pasos.
En el desván, olvidada, una caja de fotos
se abraza a un pasado de rieles.
El espejo ha de haber perdido la sonrisa
frente a la sombra.
Una húmeda fatiga se niega
a ser exorcizada con sándalo.
La casa está vacía.
Dos manos y un vaso de vino
deshojan el eco de la risa.
La casa está sola.
Quien la habita ha elegido el destierro.
(*) Gabriela Delgado: nació en Buenos Aires (Argentina). Pertenece al Grupo de poesía “PRETEXTOS”. Codirige el Café Literario “Buenos Aires Poesía” (desde 2006). Codirige el Encuentro Latinoamericano de Poesía “Reunión de Voces” (desde 2006). Publicó las siguientes plaquetas: Collage interior, Azul eclipse, Milagros y melancolías, Treguas cotidianas, Ventana al olvido y Entre nosotros; además posee un libro de foto-poemas: Perfiles del alma. En coautoría: Pasajeros del penúltimo tren (2007) y Ronda de Pretextos (2007). Tiene editados tres poemarios: “AguaLuna” (2002); “Destinatario” (2005) y “La vida es otra cosa” (2008). Ha obtenido numerosos premios por su labor poética e integra varias Antologías en Argentina y España.
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